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sobre Trescasas
Municipio residencial a los pies de Peñalara; entrada al Parque Nacional
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A las afueras de Segovia, en una mañana fría de invierno, los rayos del sol atraviesan los pinos que rodean la plaza de Trescasas y dibujan manchas doradas sobre la piedra gris. El aire huele a leña reciente. Desde algunos puntos del pueblo ya se adivina la sierra, a veces con una franja de niebla pegada a las laderas. El turismo en Trescasas suele empezar así: con esa sensación de estar a un paso de la ciudad y, al mismo tiempo, fuera de su ruido.
Trescasas está a poco más de diez kilómetros de Segovia, en la franja de terreno que conecta la capital con la vertiente segoviana de la sierra. Viven aquí algo más de mil personas, repartidas entre calles que suben suavemente hacia el monte y otras que se abren hacia campos de cultivo. El casco antiguo mantiene una arquitectura sobria: muros de piedra, ventanas pequeñas, tejados de teja curva. En algunos balcones aún cuelgan macetas o ropa tendida que se mueve con el viento que baja de la sierra.
La iglesia parroquial, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, aparece de pronto entre las casas con su campanario de ladrillo. En los muros todavía se ven piedras más antiguas mezcladas con otras de reformas posteriores, algo bastante habitual en templos de esta zona.
Calles tranquilas y ritmo de pueblo
El núcleo urbano no es grande. La calle Mayor conecta con pequeñas plazas y rincones donde a ciertas horas —sobre todo a media mañana o al caer la tarde— es normal ver a vecinos sentados al sol, apoyados en una pared o charlando sin prisa.
Aquí el tiempo cotidiano sigue un ritmo reconocible de los pueblos cercanos a Segovia: gente que sale a caminar por los caminos de alrededor, coches que entran y salen hacia la capital por trabajo, y fines de semana en los que aparecen más visitantes que buscan aire de sierra sin alejarse demasiado.
Las casas antiguas dejan claro cómo se construía para el frío: muros gruesos, huecos pequeños y portones pesados. En invierno, cuando cae la tarde, el pueblo queda bastante silencioso.
Caminos entre pinares y praderas
Alrededor de Trescasas el paisaje cambia rápido. En pocos minutos andando desde las últimas casas aparecen pinares claros y praderas donde suelen verse vacas y ovejas pastando.
Los caminos agrícolas y forestales son lo más habitual para salir a andar o en bicicleta. No son rutas de alta montaña, pero algunos tramos tienen pendiente y terreno irregular. Desde varios puntos abiertos se ve bien la sierra de Guadarrama, con las líneas rectas de los cortafuegos marcando las laderas.
En primavera los bordes de los caminos se llenan de flores pequeñas y hierba alta. En otoño el suelo del pinar cruje bajo las botas. En verano, en cambio, el sol aprieta bastante en las zonas sin sombra.
Un detalle práctico: si vas a caminar en los meses fríos, el viento de la sierra se nota más de lo que parece desde el pueblo. Conviene llevar algo de abrigo incluso en días despejados.
Fiestas y comidas de siempre
Las fiestas principales suelen celebrarse en agosto en honor a Nuestra Señora de la Asunción. Durante esos días el pueblo cambia de ritmo: hay procesiones, música y comidas populares donde se juntan vecinos de todo el año con familias que vuelven solo en verano.
En septiembre también se celebran festejos dedicados a la Virgen de los Remedios, normalmente con un ambiente algo más tranquilo.
En la cocina local aparecen platos muy ligados a la provincia: judiones cocinados con embutido, asados de cerdo en celebraciones y guisos contundentes cuando llega el frío. La cercanía a Segovia hace que muchos visitantes combinen la excursión con alguna comida tradicional en la zona.
A un paso de la sierra y de Segovia
Uno de los puntos fuertes de Trescasas es su posición. En pocos minutos en coche se llega a La Granja de San Ildefonso, donde los jardines y las fuentes del palacio contrastan bastante con la sobriedad del pueblo.
En dirección contraria está Segovia, con el acueducto y el alcázar dominando el perfil de la ciudad.
También queda relativamente cerca el puerto de Navacerrada, hacia la sierra, donde cambian por completo el paisaje y la temperatura. En invierno conviene consultar el estado de la carretera si ha nevado.
Un pueblo pequeño, sin artificio
Trescasas no gira alrededor de grandes monumentos ni de un turismo constante. Lo que hay aquí es más discreto: caminos que salen del pueblo, olor a pino cuando calienta el sol y la sierra siempre presente al fondo.
Si se visita en fin de semana conviene llegar pronto por la mañana; después de media mañana empiezan a llegar más coches desde Segovia. A primera hora, en cambio, el pueblo todavía está medio en silencio y solo se oye el viento pasando entre los pinos.