Artículo completo
sobre Villacastín
Villa histórica cruce de caminos; destaca por su monumental iglesia herreriana
Ocultar artículo Leer artículo completo
A poco más de mil metros de altitud, en el límite suroccidental de la provincia de Segovia, Villacastín se alza como un cruce bastante literal entre historia y carreteras modernas. Este municipio de alrededor de 1.500 habitantes guarda entre sus calles empedradas el eco de una importancia pasada que aún se percibe sin esfuerzo: fue cruce de caminos, parada de diligencias y testigo de un esplendor renacentista que hoy se concentra, sobre todo, en su gran templo.
El viajero que se adentra en Villacastín encuentra un pueblo de piedra dorada y aire serrano, donde el granito de las construcciones tradicionales convive con arquitectura de siglos pasados. La localidad mantiene ese carácter directo, algo austero, de los pueblos castellanos que conocieron épocas de prosperidad comercial, cuando las recuas de mulas y los arrieros llenaban sus posadas y mesones. Hoy, la calma de sus plazas invita a un turismo pausado, de los de pasear un rato, mirar y sentarse a observar cómo sigue la vida de un pueblo que no vive del turismo.
Rodeado de dehesas y paisajes serranos, Villacastín funciona bien como base para explorar el sur de la provincia segoviana, en esa zona de transición entre la sierra y la campiña que regala horizontes amplios y cielos limpios, especialmente luminosos al atardecer.
¿Qué ver en Villacastín?
La Iglesia de San Sebastián es el gran tesoro patrimonial de Villacastín y uno de los templos renacentistas más notables de Castilla. Construida en el siglo XVI bajo la dirección de los hermanos del Ribero Rada, esta iglesia llama la atención desde lejos por su torre-fachada, que domina el perfil urbano del pueblo. Su interior, de tres naves cubiertas con bóvedas de crucería, conserva retablos de interés y una sensación de amplitud y armonía que invita al recogimiento. La piedra granítica con la que fue levantada le da un carácter sobrio y rotundo, muy propio del renacimiento castellano.
Paseando por el casco histórico, se pueden ver antiguas casonas blasonadas que hablan de la hidalguía local, con sus escudos de armas tallados en piedra. La Plaza Mayor mantiene su trazado tradicional y es el corazón social del pueblo, donde todavía late el ritmo tranquilo de la vida rural castellana. No es un casco viejo de postal infinita ni un decorado para forzar fotos, pero en una vuelta corta se capta bastante bien la historia y el pulso actual del sitio.
En los alrededores, el paisaje regala amplias vistas de dehesas y campos de cultivo característicos de esta comarca de transición. Los aficionados a la naturaleza encontrarán en los caminos que rodean el municipio un entorno propicio para la observación de aves rapaces y fauna típica de la meseta castellana. Aquí la gracia está más en caminar en silencio y mirar al horizonte que en buscar “la foto” concreta.
Qué hacer
Las rutas de senderismo por los alrededores permiten conocer el paisaje serrano de esta parte de Segovia. Existen varios caminos tradicionales que conectan Villacastín con localidades vecinas, adecuados para caminatas de media jornada que combinan ejercicio con descubrir cómo se trabaja y se vive el campo hoy. No son rutas de alta montaña, pero conviene llevar agua y protegerse del sol: la meseta es lo que tiene, sombra poca y el aire engaña.
Los amantes del cicloturismo tienen carreteras secundarias con poco tráfico que serpentean entre dehesas y permiten disfrutar del paisaje a buen ritmo. La altitud hace que el clima sea fresco incluso en verano, lo que se agradece al subir cuestas, aunque el viento puede aparecer más de lo que parece viendo el mapa. No es terreno técnico, pero sí de dar pedales constantes.
En cuanto a la gastronomía, Villacastín participa de la tradición culinaria segoviana, con platos de cuchara propios del clima de montaña: legumbres, carnes asadas y productos derivados del cerdo. Las recetas tradicionales se sirven en locales donde la cocina es más de diario que de foto para redes sociales: sabores de siempre y raciones pensadas para quien trabaja fuera de casa, no para quien anda midiendo calorías.
La proximidad a otras localidades de interés en la zona sur de Segovia permite organizar rutas por la comarca, visitando pueblos con patrimonio románico y paisajes de interés en las estribaciones de la sierra. Villacastín funciona bien como punto de referencia para moverse en radio corto por la zona, dormir tranquilo y salir cada día en una dirección.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Sebastián se celebran en enero, con actos religiosos y celebraciones populares que mantienen viva la devoción al patrón del pueblo. Quien venga en esas fechas debe contar con frío de verdad y ambiente en la calle a ratos, no todo el día: aquí el cuerpo pide cobijo según cae el sol.
A finales de agosto tienen lugar las fiestas de verano, el momento de mayor animación en el calendario local. Durante varios días, el pueblo se llena de actividad con verbenas, competiciones deportivas, actos culturales y celebraciones tradicionales que reúnen tanto a vecinos como a quienes vuelven al pueblo en vacaciones. Es más una gran reunión de gente de aquí que un evento pensado para el turista, y precisamente ahí está su interés.
Como en muchos pueblos castellanos, la Semana Santa se vive con devoción, con procesiones que recorren las calles del casco histórico. No es una Semana Santa masiva, pero sí permite entender la religiosidad sobria de la zona.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Segovia capital, Villacastín se encuentra a unos 40 kilómetros por la carretera N-110, un trayecto de aproximadamente 35 minutos. Si se viaja desde Madrid, la distancia es de unos 80 kilómetros por la A-6 y la N-110, con un tiempo estimado de una hora. Su ubicación junto a importantes vías de comunicación hace que el acceso sea sencillo en vehículo particular. El transporte público existe, pero conviene comprobar horarios con antelación [VERIFICAR], porque no siempre cuadran bien para una excursión de ida y vuelta en el día y los fines de semana aún menos.
Mejor época para visitar: La primavera y el otoño son buenas estaciones para conocer Villacastín, con temperaturas más suaves que animan a pasear y explorar el entorno. El verano, aunque fresco por la altitud, puede tener horas centrales más calurosas de lo que uno imagina “por estar en la sierra”, pero por la tarde se está agradable, especialmente si se coincide con las fiestas. El invierno puede ser frío, con temperaturas que en ocasiones bajan de cero grados e incluso alguna nevada, aunque tiene su interés para quienes buscan la calma absoluta del mundo rural castellano y no le tienen miedo al abrigo grueso.
Consejos: Conviene llevar calzado cómodo para recorrer el casco histórico y, si se planean rutas por el entorno, ropa adecuada para la montaña baja: cortavientos en casi cualquier época y gorra en los meses de sol fuerte. La iglesia de San Sebastián merece más de una fotografía, pero es mejor informarse antes de los horarios de visita, porque no siempre está abierta y los horarios pueden cambiar según la época.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Da una vuelta por el casco histórico, entra (si está abierta) en la Iglesia de San Sebastián y remata el paseo en la Plaza Mayor. Con eso te llevas una idea bastante fiel de lo que es Villacastín hoy: un pueblo vivo, pequeño y manejable.
Si tienes el día entero
Combina la visita al pueblo con alguna ruta a pie o en bici por los caminos que salen hacia las dehesas. Paseo por el casco, comida tranquila y tarde de campo es un plan realista y suficiente para exprimir lo que da de sí la zona sin ir agobiado.
Lo que no te cuentan
Villacastín se ve rápido. El casco urbano no da para una jornada entera de paseo a no ser que te lo tomes con mucha calma o vengas con un fotógrafo muy pesado. El atractivo está en sumar pueblo y alrededores.
Las fotos de la iglesia y de alguna casona pueden hacer pensar en un conjunto monumental muy extenso, y no es el caso: hay piezas muy interesantes, pero concentradas. Si lo que buscas es un pueblo-museo, quizá te quedes corto; si te apetece una parada honesta entre sierra y meseta, aquí encaja mejor.