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sobre Carrascosa de Abajo
Pequeño núcleo en el entorno del río Caracena con arquitectura tradicional
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En las estribaciones de la Sierra de Cabrejas, donde los páramos castellanos se encuentran con valles tapizados de encinas y robles, Carrascosa de Abajo es uno de esos pueblos de Soria que han ido perdiendo vecinos pero no paisaje. Con apenas una veintena de habitantes censados, esta pequeña aldea de la comarca de Tierras del Burgo representa bien lo que se suele llamar España vaciada, pero también la belleza serena de un territorio que se sigue trabajando y habitando, aunque sea a otro ritmo.
A 1.023 metros de altitud, el pueblo conserva la arquitectura tradicional soriana de piedra que caracteriza a estos parajes. Las calles, más de tierra o cemento que de empedrado fino, se abren entre casas de mampostería con grandes portones y patios interiores ligados a la vida agrícola y ganadera. La tranquilidad aquí no es un reclamo, es la realidad diaria: muchos días apenas pasa un coche y el sonido dominante es el del viento entre los carrascales que dan nombre al lugar.
Visitar Carrascosa de Abajo es asomarse a la Soria más discreta, la que no sale en los folletos y rara vez encabeza una ruta, pero que encaja bien para quien busca parar unas horas, caminar un poco y entender cómo se vive (y se sobrevive) en estos pueblos pequeños. Es territorio para ir sin prisas y con expectativas ajustadas.
¿Qué ver en Carrascosa de Abajo?
El elemento patrimonial más visible del pueblo es su iglesia parroquial, un templo sencillo, acorde con el tamaño del lugar, representativo de la arquitectura religiosa rural soriana. Como en tantos pueblos de la zona, la iglesia organizaba la vida comunitaria, y su espadaña se reconoce desde los alrededores, recortada sobre el cielo del páramo.
El verdadero interés de Carrascosa de Abajo está en su entorno natural. El término municipal se encuentra rodeado de carrascales (encinares de Quercus ilex) que en otoño cambian de matiz y, según la luz del día, muestran una gama de ocres y verdes muy distinta a los pinares vecinos. Estos bosques mediterráneos de montaña, adaptados a los inviernos duros y veranos secos, crean un mosaico donde no es raro encontrar rastros de zorros, jabalíes y escuchar rapaces sobrevolando el valle.
El paisaje de páramos y pequeños valles circundante invita a pasear sin grandes exigencias deportivas: suaves lomas, algún cortado rocoso y amplias vistas hacia Tierras del Burgo. No son montañas espectaculares, pero sí un buen ejemplo de la meseta soriana, con cultivos de secano, pastos y manchas de encinar.
Dentro del casco, el urbanismo tradicional se aprecia en los antiguos corrales, pajares y construcciones auxiliares agrícolas. Caminar por el pueblo es casi más un ejercicio de observación —cómo están colocadas las piedras, dónde se sitúan los corrales respecto a las viviendas, cómo se cierran los portones— que un “recorrido monumental” al uso.
Qué hacer
La actividad más lógica en Carrascosa de Abajo es el senderismo y las rutas a pie por los caminos tradicionales que conectan con los pueblos cercanos. Son pistas y sendas usadas de siempre para ir a las fincas, a los montes o a otras localidades. Permiten adentrarse en los carrascales, cruzar pastizales y localizar fuentes, abrevaderos y paredes de piedra seca.
La observación de aves encaja bien aquí si vas con prismáticos y algo de paciencia. La zona es terreno de águilas, buitres y otras rapaces, además de numerosas especies ligadas al matorral y al bosque mediterráneo. Durante las migraciones la actividad en el cielo aumenta, y conviene detenerse en los altozanos que rodean el pueblo.
Para quienes disfrutan con la fotografía de paisaje, Carrascosa de Abajo funciona mejor al amanecer y al atardecer, cuando la luz baja marca los volúmenes de los páramos, los encinares y los muros de piedra. No hay grandes miradores acondicionados: se trata más de buscar el punto adecuado en las lomas que rodean el núcleo.
En otoño, la micología entra en juego. Los montes cercanos dan níscalos, setas de cardo y alguna otra especie, siempre que el año acompañe. Es importante informarse de las normativas vigentes y no salir al monte a probar suerte sin conocer bien lo que se recoge.
En cuanto a la gastronomía, en el propio pueblo no hay restaurantes ni bares, algo habitual en núcleos tan pequeños. Hay que contar con las localidades cercanas para comer fuera y, si se va solo de paso, llevar algo ya previsto. La cocina de la comarca se apoya en asados, caza, embutidos y legumbres, con productos sencillos pero bien arraigados al territorio.
Fiestas y tradiciones
Como la mayoría de pueblos sorianos, Carrascosa de Abajo mantiene sus fiestas patronales en verano, normalmente en agosto, cuando regresan quienes emigraron y el pueblo multiplica su población durante unos días. Son celebraciones sencillas, muy de reencuentro, en las que el programa suele adaptarse al número real de gente que hay cada año [VERIFICAR].
La festividad de San Isidro Labrador, en mayo, está ligada a la tradición agrícola: bendición de campos y, según el año y la participación, alguna celebración más comunitaria.
En invierno, el pueblo queda casi vacío y el ambiente cambia por completo. Las nevadas no son raras y cuando la nieve cuaja sobre los tejados y los campos el aspecto es muy distinto al del verano, pero también hay que tener en cuenta el frío intenso y los días cortos.
Cuándo visitar Carrascosa de Abajo
La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son los momentos más agradables para caminar por los alrededores: temperaturas moderadas, campos verdes en primavera y tonos ocres y actividad micológica en otoño.
En verano, el sol puede apretar en las horas centrales, pero al caer la tarde refresca por la altitud. Es la época con más vida en el pueblo, con casas abiertas y más movimiento.
En invierno, solo tiene sentido acercarse si se asume el frío, la posible presencia de nieve y la práctica ausencia de servicios. A cambio, la sensación de aislamiento es mayor y los paisajes invernales, cuando hay nieve, merecen un paseo corto bien abrigado.
Lo que no te cuentan
Carrascosa de Abajo es un pueblo muy pequeño, que se recorre en un rato. No tiene casco histórico “de postal” ni monumentos relevantes. Funciona mejor como parada breve dentro de una ruta por la zona que como destino al que dedicar varios días.
Las fotos que se ven en redes tienden a enseñar solo la parte más cuidada del núcleo o los mejores encuadres del valle. La realidad es la de tantos pueblos de Soria: casas cerradas, corrales medio caídos y mucho silencio. Si lo que se busca es ambiente, terrazas y variedad de servicios, hay que pensar en otros núcleos mayores de la comarca.
Errores típicos
- Esperar un pueblo turístico al uso: aquí no hay tiendas de recuerdos, bares a pie de carretera ni una lista larga de “lugares que ver”. Es un entorno rural vivo pero muy reducido.
- No planificar comida y gasolina: no hay servicios básicos en el pueblo, así que conviene venir con el depósito razonablemente lleno y algo de comida o bebida, sobre todo en invierno o entre semana.