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sobre Montejo de Tiermes
Famoso por el yacimiento arqueológico celtíbero-romano de Tiermes
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En el sur de Soria, donde la meseta se quiebra en páramos y barrancos, Montejo de Tiermes ocupa una posición que explica su historia. El pueblo, que no llega a ciento cincuenta habitantes, se asienta a más de mil metros sobre un territorio de arenisca rojiza. La razón para venir hasta aquí suele ser el yacimiento de Tiermes, una ciudad antigua tallada directamente en la roca.
La geografía lo determina todo. Cortados y pequeños cañones marcan el paisaje, un terreno que condicionó los asentamientos desde hace siglos. Montejo mantiene la estructura de los pueblos agrícolas de la comarca: calles cortas y construcciones con la piedra local. La vida sigue un ritmo ligado al cereal y al ganado.
Esta parte de las Tierras del Burgo es amplia y poco poblada. En los núcleos se repite una arquitectura sobria, con muros de mampostería y portones grandes para el paso de carros. Montejo funciona ahora como punto de partida para Tiermes y para recorrer un paisaje que ha cambiado poco.
Una ciudad excavada en la roca
El yacimiento de Tiermes se encuentra a poca distancia del pueblo, sobre una plataforma de arenisca. Fue ciudad celtibérica y después romana. Su singularidad está en la técnica constructiva: en lugar de levantar muros, se excavaron espacios directamente en la piedra.
Se distinguen viviendas talladas en la arenisca, un graderío y zonas que formaban parte del entramado urbano. También se conservan tramos de conducciones de agua excavadas en la roca, un sistema hidráulico visible al recorrer el conjunto. Caminar por allí permite ver cómo la ciudad se adaptaba a la plataforma rocosa.
Junto al yacimiento está la ermita de Nuestra Señora de Tiermes. El edificio actual incorpora restos de un monasterio románico que existió en el mismo lugar. La posición no es casual: desde aquí se domina el valle y la superficie rocosa de la ciudad antigua.
El Centro de Interpretación se instaló en dependencias vinculadas a ese antiguo conjunto monástico. Allí se conservan piezas de las excavaciones y se explica la evolución del lugar, desde el periodo celtibérico hasta su abandono.
En el pueblo, la iglesia de San Pedro conserva elementos románicos que remiten a la repoblación medieval de esta frontera. No es un edificio monumental, pero muestra rasgos de esa arquitectura rural que se extendió durante siglos.
Senderos por la arenisca
La visita se completa caminando. Los senderos que rodean el yacimiento atraviesan cortados y hoces donde el terreno cambia de forma brusca. El suelo es pedregoso en muchos tramos; conviene llevar calzado adecuado y agua, sobre todo en verano.
Desde algunos puntos del recorrido se ven las capas de roca que forman estos barrancos. En los páramos cercanos es habitual ver buitres y otras rapaces planeando, aprovechando las corrientes que suben desde los cañones.
La luz de última hora resalta los tonos rojizos de la arenisca. Es entonces cuando se perciben mejor las huellas de las excavaciones antiguas en la superficie de la roca.
Fiestas y vida local
Las celebraciones de San Pedro, patrón del pueblo, suelen tener lugar a finales de junio. Son días en los que Montejo recupera movimiento: regresan familiares que viven fuera y se organizan actos sencillos en torno a la iglesia y la plaza.
Otra cita tradicional es la romería vinculada a la ermita de Nuestra Señora de Tiermes. El recorrido hasta el santuario mantiene un vínculo antiguo entre el pueblo y el enclave histórico que lo rodea.
Antes de ir
Montejo de Tiermes se recorre rápido; el tiempo suele dedicarse sobre todo al yacimiento. El acceso se hace por carretera local y conviene prever combustible y agua antes de llegar, porque los servicios en la zona son limitados.
Si te interesa la arqueología o la relación entre paisaje y asentamientos antiguos, Tiermes merece la parada. Pocas ciudades antiguas en la península muestran de forma tan clara cómo la roca condicionó toda su arquitectura.