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sobre Montejo de Tiermes
Famoso por el yacimiento arqueológico celtíbero-romano de Tiermes
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A 1.157 metros de altitud, en el corazón de las Tierras del Burgo soriana, Montejo de Tiermes es uno de esos pueblos pequeños donde el paisaje manda. Este municipio de poco más de un centenar de habitantes guarda en su término uno de los conjuntos arqueológicos más potentes de Castilla y León: la ciudad celtíbero-romana de Tiermes. Rodeado de páramos castellanos y valles de encinas y sabinas, el pueblo mantiene ese silencio de los sitios donde no pasa gran cosa… salvo la historia.
Venir a Montejo de Tiermes es entrar en una tierra de contrastes, donde el cielo infinito de la meseta se rompe en los cortes de los cañones fluviales. La arquitectura popular, en piedra rojiza de la zona, se mezcla con corrales, pajares y casas arregladas a medias, como en tantos pueblos sorianos que siguen entre la despoblación y el arraigo. Aquí no hay bullicio turístico: lo que hay es calma, viento y horizonte.
La comarca de Tierras del Burgo es rural de verdad: pueblos pequeños, campos de cereal, ovejas y un patrimonio que no se ha puesto todavía de moda. Montejo de Tiermes funciona como base lógica para conocer Tiermes y asomarse a esta parte tranquila de la provincia de Soria.
¿Qué ver en Montejo de Tiermes?
La Ciudad Romana de Tiermes es el motivo principal para venir hasta aquí. Este yacimiento conserva estructuras excavadas directamente en la roca arenisca, un sistema constructivo poco habitual que hace que el conjunto tenga una personalidad muy clara. El acueducto rupestre, las viviendas talladas en piedra, el graderío y el espacio del foro permiten hacerse una idea de cómo funcionaba la ciudad cuando fue municipio romano. El Centro de Interpretación, en el antiguo Monasterio de Santa María de Tiermes, ayuda a situar cronológicamente lo que se ve y muestra piezas halladas en las excavaciones.
La Ermita de Nuestra Señora de Tiermes se levanta sobre los restos del monasterio, dominando el yacimiento desde lo alto. El templo es de origen románico, aunque reformado y ampliado, y se nota esa mezcla de capas: construcción cristiana sobre un lugar que ya fue importante antes, en un entorno que sigue teniendo algo de santuario aislado.
En el propio pueblo, la Iglesia de San Pedro conserva elementos románicos, testigos de la repoblación medieval de estas tierras después de la frontera con Al-Ándalus. Dar una vuelta por las calles de Montejo sirve para ver la arquitectura tradicional soriana sin filtro: casas de piedra rojiza, portones de madera, cuadras reconvertidas y huertos que aún se trabajan. No es un casco histórico monumental, es un pueblo de trabajo que se ha ido adaptando como ha podido.
El entorno natural merece algo de tiempo. Los cañones fluviales del término municipal enseñan cortes de arenisca con estratos muy visibles, interesantes si te gusta la geología básica sin grandes tecnicismos. En los páramos próximos, con vegetación esteparia, es habitual ver ganado ovino y, al alzar la vista, buitres y otras rapaces aprovechando las corrientes.
Qué hacer
El senderismo es lo más lógico en Montejo de Tiermes. Hay varias rutas señalizadas que permiten combinar naturaleza y arqueología, como el recorrido que bordea el yacimiento romano y se mete en los cañones cercanos. Son itinerarios de dificultad baja a media, pero con sol y calor pueden hacerse pesados si no se calcula bien el agua y las paradas. El terreno es pedregoso en muchos tramos, así que se agradece un calzado con suela decente.
La fotografía de paisaje encaja muy bien aquí. Los atardeceres sobre los páramos, con la piedra rojiza y las sombras alargadas, dan juego incluso en días sin nubes. Las estructuras rupestres de Tiermes generan encuadres interesantes al amanecer, cuando la luz entra horizontal y marca las huellas de los cortes en la roca.
Para quienes disfrutan con la historia y la arqueología, recorrer el yacimiento con calma es más que hacer fotos rápidas: conviene leer paneles, pararse en las estructuras excavadas, entender el sistema de agua y el urbanismo. Lo razonable es reservar al menos un par de horas para la visita completa, contando también el Centro de Interpretación; menos tiempo sabe a poco si te interesa mínimamente el tema.
La gastronomía soriana se apoya en lo de siempre, y funciona: cordero lechal asado, setas de temporada, morcilla, torreznos, repostería sencilla. Muchos visitantes aprovechan para comer en los pueblos próximos de la comarca. En otoño, los boletus de los pinares cercanos son un pequeño mundo en sí mismos para quien se mueve con cesta y navaja (siempre con permisos y sentido común).
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a San Pedro se celebran a finales de junio, reuniendo a la gente del pueblo y a quienes vuelven esos días. Procesiones, misa y actividades en la plaza, con el tono cercano de los pueblos pequeños donde casi todo el mundo se conoce.
En agosto se celebra la romería a la Ermita de Nuestra Señora de Tiermes, cuando los vecinos suben hasta el santuario. Más que un gran evento turístico es una cita para la gente de la zona, con un trasfondo de tradición que viene de lejos y un ambiente más familiar que multitudinario.
Durante la Semana Santa, aunque la población es reducida, se mantienen los actos religiosos habituales, con un carácter recogido que no tiene nada que ver con las grandes procesiones de las capitales.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital se toma la N-110 dirección Aranda de Duero y, tras unos 35 kilómetros, se sigue por carretera comarcal hasta Montejo de Tiermes. El trayecto ronda la hora de coche, según tráfico y paradas. Desde Madrid, lo habitual es venir por la A-2 y después enlazar con carreteras provinciales; el viaje suele estar en torno a las dos horas y media, si no hay atascos y sin contar paradas.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar por el yacimiento y sus alrededores, y agua suficiente: hay muy poca sombra y el viento engaña la sensación de sed. Los servicios básicos en el pueblo son limitados, por lo que conviene llegar con combustible en el coche y algo de previsión en comida, sobre todo fuera de los meses fuertes de verano. Respeta el patrimonio arqueológico, no subas a estructuras que no estén pensadas para ello y ajusta tu recorrido a los senderos señalizados. Si vas en invierno, revisa el parte meteorológico y el estado de las carreteras antes de lanzarte.
Cuándo visitar Montejo de Tiermes
La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son, en la práctica, los meses más agradecidos para caminar: temperaturas moderadas, días relativamente largos y el campo algo más vivo que en pleno verano. En julio y agosto el sol cae fuerte y las horas centrales pueden hacerse duras en el yacimiento, aunque la altitud suaviza algo las noches.
El invierno es frío y, algunos años, con nevadas que cambian por completo el ambiente: muy fotogénico, pero con accesos que se pueden complicar y una sensación de aislamiento mayor. No es mala época si se viene con coche preparado y poco plan cerrado, sabiendo que puede haber días en los que lo razonable es limitarse a un paseo corto.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Céntrate en la ciudad romana de Tiermes: recorrido principal por el yacimiento y, si te organizas bien, una visita rápida al Centro de Interpretación. No da para mucho más sin ir con prisas.
Si tienes el día entero
Mañana en Tiermes con calma (yacimiento + centro), comida en la zona y tarde para caminar por alguno de los senderos que se asoman a los cañones fluviales. Remata con un paseo tranquilo por el pueblo y la iglesia de San Pedro.
Lo que no te cuentan
Montejo de Tiermes es pequeño y se ve rápido. Más que un lugar para “montar campamento” varios días sin salir, funciona bien como base tranquila o como parada central de una jornada en la zona (Tiermes, algún cañón cercano, pueblos de alrededor). Si buscas un casco urbano lleno de servicios, tiendas y bares, este no es tu sitio.
Las fotos del yacimiento pueden llevar a pensar en un lugar masificado o teatralizado. No es el caso: la señalización es correcta, pero la visita sigue siendo bastante sobria y sin grandes artificios. Precisamente por eso conviene venir con un mínimo de curiosidad histórica y tiempo para leer, porque aquí casi todo está en la piedra, no en los efectos.