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sobre Quintanas de Gormaz
Situado en la ribera del Duero cerca de la fortaleza de Gormaz
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En el corazón de las Tierras del Burgo, donde la meseta soriana dibuja horizontes infinitos, Quintanas de Gormaz se alza discreta a 937 metros de altitud. Este pequeño pueblo de poco más de un centenar de habitantes conserva bastante entera esa esencia de la Castilla rural que muchos buscan cuando se cansan del atasco y del horario de oficina. Sus calles y sus construcciones de piedra y adobe no son de postal pulida, pero sí de vida real: casas vividas, huertos, corrales y silencio de verdad, del que se oye.
El municipio forma parte de ese corredor histórico que conecta el Duero con las tierras altas sorianas, una zona marcada por la presencia medieval y la economía agrícola que durante siglos fue el motor de estos pueblos. Aquí, entre campos de cereal que se mecen con el viento y el perfil de la cercana sierra, el viajero descubre una Soria tranquila, muy fuera de los circuitos turísticos masificados, pero con suficientes alicientes para una escapada pausada… siempre que se venga con expectativas ajustadas: esto es un pueblo pequeño, no un parque temático rural.
La proximidad a enclaves como Gormaz y su castillo convierte a Quintanas en un buen punto de base o de parada para recorrer una comarca donde cada pueblo tiene su matiz. Es territorio para caminantes tranquilos, aficionados a la fotografía rural y quienes disfrutan de esa gastronomía castellana que sabe a tradición y a producto de temporada.
¿Qué ver en Quintanas de Gormaz?
El patrimonio de Quintanas de Gormaz se concentra en su arquitectura popular y en su iglesia parroquial, un templo que refleja la sobriedad castellana característica de estas tierras. El caserío tradicional, con construcciones de piedra y entramados de adobe, funciona casi como un pequeño museo etnográfico al aire libre donde hacerse una idea de cómo se construía y se vivía en la meseta hace décadas, sin carteles ni audioguías: aquí se mira, se pregunta y se conversa, si se da la ocasión.
Un paseo corto por el pueblo permite descubrir rincones donde el tiempo avanza a otro ritmo: portones antiguos, corrales que conservan su estructura original, viejos lavaderos y esas callejuelas en las que, más que perderse, uno se orienta enseguida porque el casco es reducido. La arquitectura tradicional soriana, con sus muros gruesos preparados para los inviernos rigurosos y sus pequeños ventanales, habla de un modo de vida adaptado a un clima extremo. La vuelta se hace rápido: en menos de una hora habrás visto lo principal y repetido alguna calle.
Los alrededores naturales ofrecen paisajes de parameras y lomas que cambian de color según la estación: el verde intenso de primavera, el dorado de los trigales en verano, los ocres del otoño. Desde las proximidades del pueblo se obtienen vistas amplias sobre el valle del Duero y las sierras que delimitan la provincia; no son miradores preparados con barandilla, sino panorámicas de camino, de las de pararse en la cuneta y mirar.
La cercanía al Castillo de Gormaz, a pocos kilómetros, hace casi obligado subir al menos una vez. Esta fortaleza califal del siglo X es una de las más extensas de Europa y desde sus murallas se contempla uno de los panoramas más amplios de la Castilla oriental.
Qué hacer
El senderismo es la actividad más lógica en Quintanas de Gormaz y su entorno. Existen rutas que conectan con pueblos vecinos siguiendo antiguos caminos entre campos de labor, muy agradables en primavera y otoño cuando las temperaturas son más suaves. No esperes grandes desniveles de montaña, sino caminos anchos, pistas agrícolas y algún que otro tramo de tierra que se convierte en barro cuando llueve. Estos itinerarios permiten observar la fauna típica de la meseta, con especial presencia de aves rapaces que aprovechan las corrientes térmicas sobre las parameras.
La micología tiene su momento en otoño, cuando los pinares cercanos y las zonas de robledal producen diversas especies de setas. Es recomendable ir acompañado de expertos o apuntarse a alguna de las jornadas micológicas que se organizan en la comarca, porque aquí también hay especies tóxicas y no se trata de improvisar.
La gastronomía local merece una atención especial. La cocina soriana se basa en el lechazo asado, las carnes de caza, las legumbres de la tierra y los embutidos tradicionales. El tostón, los productos de la matanza, las migas del pastor y los guisos de cuchara forman parte de una tradición culinaria pensada para inviernos largos y fríos, de esas comidas que se disfrutan mejor sin prisa y con sobremesa. En Quintanas y alrededores manda el ritmo de los pueblos: conviene venir sin la idea de comer “en cualquier sitio a cualquier hora”.
Los aficionados a la fotografía encuentran en los amaneceres y atardeceres sobre la meseta momentos agradecidos, cuando la luz rasante crea juegos de sombras sobre los campos ondulados. La arquitectura tradicional y los paisajes agrícolas dan mucho juego para quien sabe mirar más allá del monumento evidente.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran durante el verano, en agosto, momento en que el pueblo multiplica su población con el regreso de antiguos vecinos y descendientes. Estas celebraciones mantienen el formato tradicional con procesiones, actos religiosos, bailes populares y comidas comunitarias que refuerzan los lazos vecinales. El ambiente cambia mucho respecto al resto del año: de la calma casi absoluta al barullo sano de las verbenas.
En la comarca se conservan tradiciones relacionadas con el ciclo agrícola, aunque muchas han quedado como memoria viva en los habitantes mayores. Las celebraciones religiosas del calendario litúrgico, especialmente la Semana Santa y las festividades marianas, se viven con particular devoción en estos pequeños núcleos rurales, generalmente sin grandes despliegues, pero con participación de la gente del pueblo.
Información práctica
Quintanas de Gormaz se encuentra a unos 50 kilómetros al sur de Soria capital. Desde allí se accede por la N-122 en dirección a Aranda de Duero, desviándose después por carreteras provinciales bien señalizadas. El trayecto dura aproximadamente 45 minutos y transcurre por paisajes agrícolas amplios, con tráfico generalmente tranquilo.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar, ropa de abrigo incluso en temporadas intermedias (las tardes refrescan más de lo que marca la previsión) y prismáticos si se quiere disfrutar de la observación de aves. No hay que olvidar que se trata de un pueblo pequeño, con servicios limitados, por lo que conviene planificar el alojamiento y las comidas en la comarca, apoyándose en la oferta de los municipios cercanos como El Burgo de Osma y otros núcleos próximos.
Si vienes con coche, respeta las zonas de paso y los accesos a corrales y huertos: cualquier portal aparente “sin uso” suele tener dueño y movimiento.
Cuándo visitar Quintanas de Gormaz
La mejor época para visitar la zona suele ser primavera (mayo y junio) y otoño (septiembre y octubre), cuando el clima es más suave y los campos muestran sus mejores colores. Los inviernos son fríos, con heladas frecuentes y días cortos; pueden tener su aquel si te gusta esa Castilla desnuda, pero conviene venir preparado y asumir que habrá poca vida en la calle y que anochece pronto. Los veranos son calurosos durante el día, con noches frescas que se agradecen y más movimiento en el pueblo.
Si llueve, los caminos de tierra se embarran rápido, así que es buena idea tener un plan alternativo por carretera: acercarse al castillo de Gormaz, a El Burgo de Osma o recorrer algunos pueblos de la zona en coche, más que empeñarse en seguir una ruta campestre a toda costa.
Lo que no te cuentan
Quintanas de Gormaz se ve rápido: el paseo por el casco y alrededores inmediatos se hace en poco tiempo. Funciona mejor como parte de una ruta por Tierras del Burgo (Gormaz, Ucero, El Burgo de Osma, etc.) que como destino único de un fin de semana completo.
Las fotos de atardeceres y horizontes funcionan muy bien, pero conviene recordar que, fuera de fiestas y puentes, el ambiente es muy tranquilo. Si buscas bares llenos y muchas opciones de ocio, este no es tu sitio; si lo que quieres es caminar entre campos, escuchar el silencio y poco más, entonces encaja bastante bien.
Errores típicos
- Esperar demasiadas “cosas que ver” dentro del pueblo: el interés está en el conjunto (pueblo + entorno + castillo de Gormaz + comarca), no en una lista larga de monumentos.
- Subestimar el frío y el viento: incluso en días soleados, el aire de la meseta corta. Un forro extra en la mochila ahorra disgustos.
- Confiar en encontrar servicios a cualquier hora: hay pocos y con horarios muy marcados. Mejor llevar agua, algo de picar y tener claro dónde vas a comer o dormir.