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sobre Rioseco de Soria
Pueblo con campo de golf rústico y villa romana cercana
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¿Sabes cuando conduces por una carretera secundaria en Soria y, de repente, aparece un pueblo que parece ir a otro ritmo? No en plan postal bonita, sino más bien como esos sitios donde la vida sigue igual que hace décadas. Rioseco de Soria me dio justo esa sensación la primera vez que pasé por allí.
Hablamos de un municipio pequeño, en la comarca de Tierras del Burgo, con poco más de un centenar de vecinos. Está a algo más de mil metros de altitud y eso se nota: inviernos largos, veranos secos y un paisaje que cambia mucho según la estación. No es un lugar pensado para el turismo. Y, precisamente por eso, resulta interesante.
Un pueblo pequeño que sigue funcionando como pueblo
Rioseco es de esos lugares donde lo primero que percibes es el silencio. No porque sea un decorado rural, sino porque simplemente vive poca gente y cada cual va a lo suyo.
Las calles son cortas y tranquilas. Muchas casas conservan muros de piedra bastante robustos, portones grandes de madera y patios interiores donde antes se guardaban animales o aperos. Cuando paseas sin prisa vas viendo detalles: corrales antiguos, pequeños huertos pegados a las viviendas o chimeneas que en invierno deben trabajar horas extra.
La iglesia parroquial, dedicada a San Pedro, es el edificio más visible del pueblo. Está levantada en piedra arenisca y, como pasa en muchos pueblos sorianos, mezcla partes de distintas épocas. El interior mantiene algunos retablos barrocos que acusan ya el paso del tiempo, algo bastante habitual en templos rurales donde el mantenimiento depende mucho del propio vecindario.
El paisaje alrededor: cereal, encinas y bastante cielo
El entorno de Rioseco de Soria es muy castellano: campos abiertos de cereal, lomas suaves y manchas de encinas o robles aquí y allá. No es un paisaje espectacular en el sentido de montaña abrupta, pero tiene algo que engancha si te gusta caminar sin ruido alrededor.
Hay caminos agrícolas y sendas que se han usado toda la vida para ir a las fincas o mover ganado. Muchos vecinos salen a pasear por ahí, y si madrugas un poco es fácil ver corzos cruzando entre los campos o escuchar rapaces planeando sobre el valle.
En otoño la zona también atrae a bastante gente por las setas. En los montes cercanos suelen aparecer especies apreciadas cuando el año viene húmedo. Eso sí, aquí la norma no escrita es clara: si no sabes distinguirlas bien, mejor no llenar la cesta.
Lo que se come en esta parte de Soria
La cocina que encontrarás por la zona va muy ligada al campo y al invierno. Platos de cuchara, legumbres, sopas de ajo y carne de cordero criada en los alrededores. Nada sofisticado, más bien comida de la que entra bien después de pasar la mañana al aire libre.
También sigue muy presente la tradición de la matanza. De ahí salen chorizos, morcillas y otros embutidos que muchas familias siguen preparando para consumo propio o para repartir entre los que vuelven al pueblo en fiestas.
Un buen punto para moverse por Tierras del Burgo
Rioseco de Soria no es un sitio al que vengas a “ver muchas cosas”. Es más bien una parada tranquila dentro de una ruta por esta parte de la provincia.
A menos de media hora en coche tienes varias localidades mayores de la comarca, donde sí aparecen iglesias románicas, plazas amplias o edificios históricos mejor conservados. Mucha gente hace justo eso: parar un rato, dar una vuelta y luego seguir explorando otros pueblos cercanos.
Las fiestas y los momentos en que el pueblo se llena
Durante buena parte del año el ambiente es muy tranquilo, pero en verano cambia bastante. Como en tantos pueblos de Soria, las fiestas patronales suelen celebrarse hacia finales de agosto y es cuando regresan muchos vecinos que viven fuera.
Son días de reencuentros familiares, comidas largas y actividades organizadas por los propios vecinos. El pueblo pasa de la calma habitual a tener bastante movimiento durante unos días.
En invierno el ambiente es completamente distinto: frío seco, pocas luces en la calle y esa sensación de que todo va más despacio.
¿Merece la pena parar en Rioseco de Soria?
Depende de lo que busques.
Si esperas un pueblo monumental o lleno de cosas que visitar, se te quedará corto. Pero si te gusta conducir por la Soria menos transitada y asomarte a lugares donde la vida rural sigue bastante intacta, Rioseco encaja bien en la ruta.
Yo lo resumiría así: no es un destino en sí mismo, pero sí uno de esos pueblos que ayudan a entender cómo es realmente esta parte de Castilla. Y eso, cuando viajas por aquí, ya es bastante.