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sobre Ucero
Puerta de entrada al Cañón del Río Lobos con castillo templario
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A media mañana, en diciembre, las paredes del cañón del Río Lobos toman un gris azulado que cambia según pasan las nubes. El sonido llega limpio: alguna rama que cruje, el batir lento de un buitre, el agua corriendo entre piedras. En ese paisaje se entiende rápido cómo funciona el turismo en Ucero: caminar, mirar alrededor y aceptar el silencio del valle.
Ucero está en Tierras del Burgo, al oeste de la provincia de Soria, a algo más de una hora de la capital por carretera. Viven alrededor de ochenta personas durante todo el año. El pueblo se apoya en la ladera, con casas de piedra y tejados oscuros que miran hacia el valle del río Ucero. Al llegar por la SO‑960, lo primero que aparece es el castillo. Quedan tramos de muralla y una torre que todavía domina la entrada del valle.
La iglesia de San Juan Bautista se levanta en el centro. Su fábrica actual es del siglo XVI, aunque conserva partes más antiguas. La puerta suele quedar cerrada fuera de los momentos de culto, algo habitual en pueblos pequeños, pero basta rodearla para ver los contrafuertes y el color claro de la piedra cuando le da el sol de la tarde.
La puerta del Cañón del Río Lobos
Ucero funciona como uno de los accesos más conocidos al Parque Natural del Cañón del Río Lobos. El paisaje cambia en pocos minutos. El valle se estrecha y las paredes de roca caliza suben casi verticales. Algunas superan los cien metros.
Entre las grietas crecen sabinas y quejigos retorcidos. El suelo mezcla arena, cantos y raíces. En invierno el aire es frío y seco; en verano el cañón guarda algo de sombra, pero el calor aprieta a mediodía. Si vienes en agosto, lo mejor es empezar a caminar temprano.
La ermita de San Bartolomé aparece después de varios kilómetros de sendero. Se levanta aislada, rodeada de pradera y roca. Tradicionalmente se ha relacionado con la presencia templaria en la zona, aunque los estudios no siempre coinciden en los detalles. Aun así, la imagen es clara: piedra clara, arcos sencillos y el cañón cerrándose alrededor.
Caminar junto al río
Uno de los recorridos habituales sigue el curso del río desde Ucero hacia el interior del cañón. La ruta completa hasta la ermita ronda los trece kilómetros entre ida y vuelta, según el punto exacto donde se empiece. El terreno es cómodo la mayor parte del tiempo, aunque después de lluvias algunos tramos se embarran.
El río aparece y desaparece. A veces corre abierto entre juncos; otras se esconde bajo la roca y vuelve a salir más adelante en pequeñas surgencias. Cuando el agua brota con fuerza forma pozas de un azul verdoso que contrasta con el tono claro de la caliza.
Sobre las paredes planean buitres leonados casi todo el año. Con prismáticos pequeños se distinguen bien cuando pasan cerca de los cortados. En días tranquilos también se oyen chovas piquirrojas y, al atardecer, algún búho real desde las zonas más altas.
Cuevas, setas y estaciones
El sistema kárstico del cañón es amplio. Algunas cuevas se pueden visitar solo con permisos y equipo adecuado, porque el interior es delicado y fácil de alterar. En la zona suele haber empresas que organizan salidas guiadas para quien quiere entrar con seguridad.
En otoño el monte cambia de olor. Hojas húmedas, tierra removida y setas que asoman entre la hojarasca. Níscalos y otras especies aparecen algunos años con abundancia, aunque la recolección está regulada en varias áreas del parque. Conviene informarse antes de salir con cesta.
Vida de pueblo
Las celebraciones principales giran en torno a San Juan Bautista, a finales de junio. Son fiestas pequeñas. Procesión, reuniones vecinales, música en la plaza cuando el tiempo acompaña. En agosto el pueblo se llena más: vuelven familias que viven fuera y llegan caminantes atraídos por el cañón.
Ucero ya no tiene mercado semanal como en otras épocas, pero en pueblos cercanos todavía se celebran ferias ganaderas de vez en cuando. Allí se siguen viendo rebaños, tractores viejos y conversaciones largas a la sombra.
Llegar y cuándo ir
Desde Soria lo habitual es conducir hacia El Burgo de Osma y continuar por carreteras comarcales hasta Ucero. El paisaje se abre en campos amplios y manchas de sabina. Los últimos kilómetros ya anuncian el cañón.
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradecidos para caminar. En verano conviene madrugar y llevar agua. En invierno el frío se nota dentro del cañón y algunas zonas permanecen en sombra muchas horas.
Al caer la tarde, cuando la luz baja por las paredes de roca y el valle se queda casi en silencio, Ucero vuelve a su ritmo habitual. Apenas coches. Alguna ventana encendida. Y el río siguiendo su camino entre las hoces.