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sobre Toreno
Villa histórica del valle del Sil con pasado minero; conserva patrimonio como la Picota y el puente romano
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Antes de ver Toreno, lo que llega es el olor. A castaña asada si vienes en otoño, cuando los castañares del valle empiezan a abrir sus erizos sobre la tierra húmeda. La carretera baja entre curvas y, de pronto, el pueblo aparece encajado junto al Sil: tejados grises, humo fino saliendo de algunas chimeneas, el río moviéndose despacio entre las laderas.
Toreno está en El Bierzo minero, y eso todavía se nota en la forma del paisaje y en la memoria del lugar. El valle es ancho en algunos tramos y se estrecha de golpe en otros. Las huertas ocupan los márgenes del río. Más arriba empiezan los robles y los castaños.
El valle donde el tiempo se hizo carbón
A primera hora de la mañana el pueblo se mueve con calma. La luz entra antes por la ladera sur, donde las casas reciben el sol mientras el fondo del valle sigue en sombra. Durante décadas todo aquí giró alrededor de la minería del carbón. Muchas instalaciones ya no funcionan, pero siguen formando parte del paisaje: cargaderos, bocas de mina, tramos de vía que aparecen entre la hierba.
Cerca del centro del pueblo se levanta la Torre del Conde, una construcción cuadrada de piedra que hoy actúa como mirador sobre el valle. Desde arriba se entiende bien la geografía del lugar: el Sil dibujando curvas lentas, las huertas en pequeños escalones y las montañas cerrando el horizonte por los cuatro lados.
Cuando el botillo huele a fiesta
En febrero el aire cambia. El botillo —muy propio de El Bierzo— empieza a cocerse en muchas casas y el olor a pimentón se queda flotando en las calles cuando cae la tarde. Es un olor denso, mezclado con humo de leña.
Durante esos días la plaza tiene más movimiento de lo habitual. Bajo los soportales se juntan vecinos, familias que vuelven al pueblo y gente de los alrededores. En los hornos tradicionales del valle todavía se preparan masas de pan que acaban rellenas de chorizo o tocino, y el aroma sale a la calle en cuanto se abre la puerta.
El sendero donde las minas respiran
A las afueras de Toreno hay caminos que siguen antiguos trazados mineros. Algunos se han recuperado como rutas a pie y atraviesan castañares y laderas donde todavía se ven restos de explotaciones. La senda suele empezar donde termina el asfalto y pronto se mete en sombra.
En ciertos puntos aparecen bocas de mina cerradas con rejas o muros. El aire que sale de dentro es frío incluso en verano y huele a piedra mojada. El silencio aquí es distinto: solo se oyen los pájaros y, de vez en cuando, el río al fondo del valle.
Si subes un poco más por las pistas forestales hay balcones naturales desde los que se ve el Sil encajonado entre rocas y pueblos pequeños en la otra orilla.
San Blas y el pan bendecido
A comienzos de febrero también se celebra San Blas, una fecha muy arraigada en Toreno. Ese día se preparan panes redondos que se llevan a bendecir a la iglesia. Cuando salen del horno, todavía calientes, el olor a pan recién hecho llena la calle.
Por la tarde suele haber procesión. La imagen avanza despacio mientras la gente mira desde las puertas o desde las ventanas. En invierno anochece pronto y las luces amarillas de las casas empiezan a encenderse mientras la comitiva recorre la calle principal.
Cuándo acercarse a Toreno
El otoño suele ser el momento más agradecido para caminar por el entorno. Los castañares cambian de color y el suelo queda cubierto de hojas secas que crujen al pasar. En invierno el ambiente es más tranquilo y frío, pero las tradiciones del botillo y San Blas dan bastante vida al pueblo.
En agosto el ritmo cambia. Vuelve mucha gente que tiene aquí sus raíces y las calles se llenan más de lo habitual, sobre todo por la noche. Si prefieres verlo con calma, conviene llegar temprano por la mañana o elegir meses menos concurridos.
El centro se recorre bien a pie. Las calles son estrechas y con algo de pendiente, así que a menudo resulta más práctico dejar el coche en las zonas de entrada al pueblo y continuar andando. Así también se escuchan mejor los sonidos del valle: el río al fondo y el viento moviendo las hojas de los castaños.