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sobre Valencia de Don Juan
Capital del sur de León (Coyanza); destaca por su imponente castillo gótico y complejo de piscinas
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El turismo en Valencia de Don Juan se entiende mejor si se mira primero el terreno. La villa se levanta junto a un amplio meandro del río Esla, conocido como meandro de Coyanza, que rodea la loma donde se asentó el núcleo antiguo. Esa curva del río explica bastante: una posición fácil de defender y, al mismo tiempo, un punto de paso en plena vega fértil. Por eso este lugar aparece citado en documentos medievales muy pronto y durante siglos funcionó como referencia en la comarca de la Vega del Esla.
El castillo que dio forma a la villa
El Castillo de Coyanza —nombre histórico de la localidad— domina todavía el perfil del pueblo. La fortaleza actual se levantó en el siglo XV, vinculada a linajes nobiliarios que controlaban este territorio, aunque el lugar llevaba ocupado mucho antes. Las excavaciones han señalado presencia humana en épocas bastante anteriores, algo lógico si se observa la posición estratégica del cerro.
El conjunto conserva una potente torre del homenaje y restos del sistema de murallas que protegía el recinto. Fue declarado Monumento Nacional en el primer tercio del siglo XX y hoy alberga un pequeño espacio expositivo que ayuda a entender cómo funcionaba una fortaleza señorial en la frontera interior de los reinos medievales.
A pocos pasos está la iglesia de San Pedro Apóstol. En su interior se guarda un retablo del siglo XVI relacionado con el escultor Guillermo Doncel. No es una pieza monumental, pero resulta interesante para ver cómo el lenguaje renacentista fue llegando a esta zona de la provincia de León adaptado a talleres locales.
Algo más apartada queda la ermita de Nuestra Señora del Castillo Viejo. Allí se conserva una talla gótica de la Virgen que la gente del pueblo sigue llamando simplemente “la Virgen del Castillo Viejo”. Es una devoción muy arraigada en la zona.
Cuando el río organizaba la vida
La Vega del Esla ha sido históricamente tierra de cultivo. Trigo, cebada y otros cereales han marcado el paisaje durante generaciones, aprovechando un terreno llano y fértil. El río no solo regaba: también condicionaba los caminos y los lugares de paso.
Hoy parte del antiguo trazado ferroviario se ha reconvertido en la Vía Verde del Esla, que atraviesa varios kilómetros del término municipal. El recorrido es prácticamente llano y permite ver bien cómo el río serpentea por la vega. En algunos puntos todavía se distinguen antiguos caminos ligados al trabajo fluvial y agrícola.
Desde lo alto del castillo se aprecia con claridad la forma del meandro que rodea la colina por varios lados. Esa configuración explica por qué el asentamiento se fijó aquí. La topografía, a veces, cuenta más que cualquier crónica.
Fiestas ligadas a la tradición local
La devoción a la Virgen del Castillo Viejo sigue marcando uno de los momentos centrales del calendario local. La imagen baja desde su ermita hasta el pueblo en procesión y recorre las calles del entorno del castillo antes de regresar. Es una tradición antigua que los vecinos mantienen con bastante fidelidad al ritual de siempre.
Otra cita conocida en la villa es la feria vinculada a Santo Tomás, que se celebra a finales de diciembre y tiene raíces históricas como mercado ganadero. La actividad se concentra en el entorno de la plaza Mayor. Muy cerca se encuentra la plaza de toros, excavada parcialmente en el terreno y construida en piedra, una tipología que aparece en varios pueblos de la provincia.
Lo que se come en la vega del Esla
En esta zona el cocido leonés se sirve con el orden tradicional de la provincia: primero las carnes, después los garbanzos y, al final, la sopa. El compango suele incluir embutidos elaborados en comarcas cercanas.
El río también ha tenido peso en la cocina local. La trucha del Esla ha sido durante mucho tiempo un producto habitual en las mesas de la zona, preparada normalmente a la plancha o en escabeche.
No faltan productos de otras partes de la provincia que circulan bien por los mercados locales: quesos azules de montaña, mieles de la zona o embutidos curados que forman parte de la despensa habitual del sur leonés.
Cómo recorrer Valencia de Don Juan
El centro se puede recorrer caminando sin demasiada prisa. El castillo marca el punto de partida más evidente; desde ahí se llega enseguida a la iglesia de San Pedro y a las calles del casco antiguo.
Para alargar la visita, la Vía Verde del Esla permite salir hacia la vega y entender mejor el paisaje agrícola que rodea el municipio. También existen rutas locales que siguen antiguos canales de riego y caminos de servicio entre parcelas.
Más que un lugar de monumentos aislados, Valencia de Don Juan se entiende al juntar tres cosas: la fortaleza, el río y la llanura agrícola que ha sostenido la vida del pueblo durante siglos. Con eso basta para situarlo en el mapa de la Vega del Esla.