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sobre Abezames
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En el corazón de la provincia de Zamora, entre tierras de cereal y encinas dispersas, se encuentra Abezames, un pequeño pueblo castellano de los de siempre. Este rincón de Castilla y León, discreto y tranquilo, es más bien una parada serena en una ruta por la comarca que un destino para quedarse varios días.
Abezames no aparece en las guías masivas y, siendo honestos, tampoco lo necesita. Es un pueblo pequeño, sencillo, sin grandes monumentos ni mucha infraestructura turística. Sus calles, sus construcciones de piedra y adobe y la vida tranquila de la gente dan una buena fotografía de la España interior actual: poca prisa, mucho campo alrededor y una sensación clara de que aquí las cosas pasan despacio.
El entorno natural que rodea el municipio invita al paseo sosegado y a mirar el paisaje sin más pretensión. Campos de cultivo hasta el horizonte, alguna arboleda dispersa y muchas aves si se va en las épocas adecuadas. Es territorio para quien disfruta de la meseta tal cual es: amplia, desnuda y honesta.
¿Qué ver en Abezames?
El patrimonio de Abezames se concentra en su arquitectura tradicional y religiosa. La iglesia parroquial es el principal referente monumental del pueblo, un templo que, como tantos otros en la provincia zamorana, guarda siglos de devoción popular. Su estructura, sobria y funcional, responde a los cánones constructivos de la región, con algunos elementos que merecen una visita pausada si te interesan este tipo de edificios rurales.
Pasear por el casco urbano permite ver la arquitectura popular castellana sin maquillaje: casas de piedra y adobe, antiguos corrales, portadas de madera y detalles que han sobrevivido porque aquí no se ha construido a lo loco. No es un pueblo monumental en el sentido estricto, pero sí un buen ejemplo de cómo se ha vivido y se vive en la meseta.
Los alrededores del municipio muestran el paisaje típico de la meseta zamorana, con caminos rurales que serpentean entre parcelas agrícolas. Para la ornitología tiene interés, sobre todo en pasos migratorios, cuando grullas, cigüeñas y rapaces cruzan o utilizan la zona como descanso.
Qué hacer
Abezames es para caminar sin prisa. Los caminos que parten del pueblo permiten hacer rutas cortas y llanas, bien para estirar las piernas o para un paseo al atardecer. Las puestas de sol, con el cielo abierto de la meseta, suelen dar buenas fotos incluso con el móvil.
La gastronomía local se apoya en los productos de siempre de Zamora: embutidos, quesos de oveja, legumbres y buen pan. En el propio pueblo la oferta es limitada, así que conviene contar con las poblaciones cercanas para sentarse a comer cocina tradicional zamorana, sobre todo si vas en días laborables o fuera del verano.
Para los aficionados a la micología, el otoño puede ser interesante en las zonas arboladas cercanas, siempre con conocimiento y respetando normativas. En primavera, la recolección de espárragos silvestres sigue siendo una costumbre en la comarca.
Fiestas y tradiciones
Abezames celebra sus fiestas patronales en verano, habitualmente en agosto [VERIFICAR], cuando vuelve mucha gente que vive fuera. Son días de misa, procesión, bailes y reuniones en la calle. No es un gran espectáculo, pero sí un buen retrato de la vida social de un pueblo pequeño.
La celebración de San Antón en enero mantiene la tradición de las hogueras y la bendición de los animales, recuerdo claro del peso que tuvo la ganadería en estas tierras. Semana Santa se vive de forma sencilla y recogida, más hacia el interior de las iglesias que hacia la calle, pero reuniendo igualmente a la comunidad.
Información práctica
Llegar a Abezames desde Zamora capital es sencillo si se va en coche. El pueblo está a unos 30 kilómetros, por carreteras provinciales en buen estado. El trayecto ronda la media hora y atraviesa un paisaje agrícola típico de la zona. No hay un transporte público regular cómodo para una visita de ida y vuelta en el día, así que lo razonable es ir en vehículo propio.
Conviene llevar gasolina y algo de agua o comida, sobre todo si se va a combinar con rutas por otros pueblos, porque no siempre encontrarás bares o tiendas abiertos, especialmente entre semana o fuera del verano.
¿Cuándo visitar Abezames?
La primavera es probablemente cuando el paisaje luce más, con los campos verdes y temperaturas suaves, muy agradecidas para caminar. El verano trae las fiestas y días muy largos, pero el calor puede apretar y las horas centrales se hacen pesadas al sol.
El otoño deja tonos ocres interesantes y temperaturas agradables para pasear, además de la temporada de setas en la comarca. El invierno es frío y seco, con heladas frecuentes; puede tener cierto atractivo si buscas silencio y soledad, pero hay que ir abrigado y no esperar mucha vida en la calle.
Lo que no te cuentan
Abezames se ve rápido. En una hora has paseado el pueblo y te has hecho una idea clara. Por sí solo se queda corto para una jornada entera, salvo que vengas a caminar por los alrededores o a observar aves.
Las fotos de la iglesia o de alguna calle pueden dar una impresión más monumental de la que luego encuentras. Es un pueblo auténtico, sí, pero sencillo. Lo más sensato es integrarlo en una ruta por varios pueblos de la comarca en lugar de plantearlo como único destino del día.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo por el casco urbano, sin prisas.
- Visita a la iglesia parroquial si está abierta.
- Vuelta corta por algún camino a las afueras para ver el paisaje de la meseta.
Si tienes el día entero
- Combina Abezames con otros pueblos de la zona.
- Haz una ruta circular por caminos rurales (consultando antes trazados locales o a la gente del pueblo).
- Reserva el atardecer para volver a los alrededores y disfrutar de las vistas y las aves, según la época.
Errores típicos
- Esperar un “pueblo de postal” monumental. Abezames es realista y funcional, no un decorado.
- Ir sin coche. La falta de transporte público te complica tanto la llegada como cualquier combinación con otros pueblos.
- Contar con muchos servicios. Tiendas, bares o terrazas pueden estar cerrados o tener horarios muy limitados. Lleva lo básico.
- Subestimar el clima de la meseta. En verano el sol castiga y en invierno el frío cala. Ropa adecuada y agua no sobran nunca.