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Penarandilla

171 habitantes · INE 2025
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sobre Penarandilla

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En el corazón de la provincia de Salamanca, donde las tierras de labor se funden con el cielo en un horizonte casi plano, se encuentra Peñarandilla, un pequeño municipio que conserva bastante intacto el sabor de la Castilla más agrícola. Es un pueblo sencillo, de vida tranquila, donde la actividad gira en torno al campo y a la plaza, y donde el ritmo lo marcan más las estaciones que el calendario turístico.

Peñarandilla es de esos sitios que rara vez salen en las guías, y eso se nota: aquí casi todo el mundo se conoce, el bar es punto de reunión y la presencia de gente de fuera sigue siendo algo que se comenta. El tiempo pasa despacio, pero no hay grandes monumentos ni una lista larga de "atractivos". Lo que hay es vida rural cotidiana y un paisaje de meseta que, si te gusta, engancha.

El entorno de Peñarandilla, marcado por los campos de cereal y algunas zonas de dehesa típicas de esta parte de Salamanca, cambia bastante según la época: en primavera los trigales verdes lo llenan todo, en verano domina el dorado quemado por el sol, y en otoño e invierno mandan los tonos ocres y la sensación de amplitud. Es un lugar más de horizontes que de montañas.

Qué ver en Peñarandilla

El núcleo urbano de Peñarandilla conserva la estructura típica de los pueblos salmantinos de llanura, con casas de piedra, adobe y mampostería, muchas ya reformadas pero aún reconocibles. Un paseo corto por sus calles —en media hora, yendo tranquilo, se recorre el pueblo— permite hacerse una idea de la arquitectura popular castellana, con fachadas sencillas y tejados de teja árabe.

La iglesia parroquial es el principal referente patrimonial del municipio, como ocurre en la mayoría de localidades de esta zona de Salamanca. Más allá de su interés artístico, funciona como símbolo identitario y punto de encuentro: misa, fiestas, procesiones… Conviene acercarse con calma, fijarse en los detalles de la fachada y, si está abierta, entrar un momento y mirar el interior sin prisas.

Los alrededores de Peñarandilla son campos agrícolas en todas direcciones. No hay grandes bosques ni montañas al fondo, pero sí una sensación de espacio abierto que a mucha gente de ciudad le sorprende. En época de floración y cosecha, las llanuras cerealistas se vuelven especialmente fotogénicas; conviene llevar algo de paciencia, porque el paisaje es sutil: cambia más con la luz y las nubes que con grandes hitos.

Las zonas de dehesa cercanas al municipio son buenas para observar fauna local, especialmente aves esteparias y rapaces que utilizan estos campos como territorio de caza. No es raro ver cigüeñas en los tejados, milanos sobrevolando los caminos o cernícalos al acecho en los postes de las lindes. Aquí unos prismáticos marcan la diferencia entre "no se ve nada" y disfrutar de verdad del entorno.

Qué hacer

Peñarandilla se presta al paseo tranquilo, a pie o en bicicleta, siguiendo los caminos agrícolas y las vías pecuarias que enlazan con otros pueblos. No son rutas de montaña ni senderos señalizados de forma oficial, así que lo más sensato es preguntar a la gente del pueblo por los caminos más transitados y llevar siempre una idea clara de por dónde se vuelve.

La gastronomía local es la típica de la zona de Salamanca: cocina contundente, pensada para gente de campo. Embutidos ibéricos, quesos, legumbres, cordero y cochinillo asados son habituales en los alrededores, igual que la repostería tradicional, con perrunillas, mantecados o el bollo maimón según la época. No hace falta buscar platos "de diseño": aquí se come sencillo y abundante.

Si te interesa el vino, la ubicación de Peñarandilla permite combinar la visita con otras partes de la provincia donde se concentran bodegas y viñedos, algunos amparados por Denominación de Origen. Es más un plan para organizar en coche, trazando una ruta por varios pueblos, que algo que encuentres a pie de calle en el propio municipio.

Por la noche, la escasa contaminación lumínica hace que el cielo se vea muy limpio en las noches despejadas. Basta apartarse un poco del casco urbano, a cualquiera de los caminos que salen del pueblo, para notar cómo aumentan las estrellas. Si te gusta el tema, merece traer frontal o linterna y algo de abrigo, incluso en verano refresca más de lo que parece.

Fiestas y tradiciones

El calendario festivo de Peñarandilla sigue el patrón de muchos pueblos de la meseta. Las fiestas patronales de verano son el momento de mayor movimiento, con verbenas, procesiones, actos religiosos y actividades pensadas tanto para la gente del pueblo como para quienes vuelven solo en vacaciones. Es cuando más ambiente encuentras en la plaza y en las calles.

En agosto suele concentrarse buena parte de las celebraciones: competiciones deportivas, comidas populares, juegos infantiles, bailes… No esperes grandes infraestructuras ni programas eternos, pero sí un ambiente cercano, donde lo normal es acabar compartiendo mesa con alguien que conoce a alguien.

Las celebraciones religiosas de la Semana Santa o el Corpus Christi también se viven con bastante arraigo, aunque a escala pequeña: son más importantes para el pueblo que para quien llega de fuera expresamente a verlas, pero si coincides con esas fechas, ayudan a entender cómo se articula la vida comunitaria.

Información práctica

Para llegar a Peñarandilla desde Salamanca capital, se toma carretera convencional hacia el sur de la provincia, combinando tramos de vías principales con otros secundarios. El trayecto en coche ronda la media hora-larga / tres cuartos de hora aproximadamente, dependiendo de la ruta elegida y el tráfico [VERIFICAR]. No hay peajes, y el paisaje que se atraviesa es ya el de la llanura cerealista.

En el pueblo se aparca sin demasiados problemas, pero conviene no dejar el coche pegado a la iglesia ni a la plaza en días de fiesta, mercado o misa mayor: es fácil entorpecer sin querer.

Cuándo visitar Peñarandilla

  • Primavera: posiblemente el momento más agradecido, con los campos verdes, días más largos y temperaturas suaves. Buen momento para caminar por los caminos sin pasar calor.
  • Verano: calor seco y fuerte en las horas centrales; las tardes y noches, en cambio, se llevan bastante mejor. Es la época de fiestas y más vida en la calle, pero también cuando el paisaje se ve más tostado.
  • Otoño: tonos ocres, cielo cambiante y más tranquilidad todavía. Ideal si buscas ver la meseta en versión más austera.
  • Invierno: frío, heladas, nieblas en algunos días y poco movimiento en la calle. Aun así, si te atrae esa sensación de meseta dura y silenciosa, tiene su aquel; pero hay que venir abrigado y sin expectativas de gran actividad.

Si solo tienes…

  • 1–2 horas: aparcar, dar un paseo por el casco urbano, acercarse a la iglesia y dejarse caer por la plaza. Después, salir un momento por alguno de los caminos que rodean el pueblo para ver el paisaje abierto y volver al coche.
  • El día entero: combinar el paseo por Peñarandilla con alguna ruta a pie o en bici por los caminos agrícolas, parando a medio día a comer cocina local en la zona. Por la tarde, desplazarse a otro pueblo cercano con más patrimonio o rematar el día volviendo al atardecer para ver cómo cambia la luz sobre los campos.

Lo que no te cuentan

Peñarandilla es pequeño y se ve rápido: si vienes buscando un casco histórico amplio o muchos puntos de interés, te vas a quedar corto. Es más un lugar para parar, respirar el paisaje, hacer una visita breve y seguir ruta, o para quien tiene vínculos con la zona y se queda varios días, que un destino en sí mismo para una escapada larga.

Las fotos pueden engañar si solo enseñan la iglesia y un cielo espectacular: la realidad es un pueblo sencillo rodeado de campos, sin grandes alardes. Lo que engancha aquí es la calma y la vida rural auténtica, no una lista interminable de cosas que hacer.

Datos de interés

Comunidad
Castilla y León
Comarca
Valladolid
Costa
No
Montaña
No
Temporada
Todo el año

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