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sobre Burgohondo
Importante localidad del Valle del Alberche; famosa por su abadía medieval y sus zonas de baño en el río
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En las estribaciones orientales de la Sierra de Gredos, donde los pinares se alternan con robledales y castaños centenarios, Burgohondo es uno de esos pueblos abulenses que han seguido a lo suyo mientras el turismo llegaba poco a poco. Con sus 1.239 habitantes y a 847 metros de altitud, este municipio del Valle del Alberche mantiene un ritmo propio, más cercano al del campo que al de la ciudad.
El pueblo se extiende por las laderas de la sierra, con sus casas de piedra y arquitectura tradicional castellana asomándose entre huertos y prados. Aquí el tiempo parece discurrir a otro ritmo, marcado por el sonido del agua que desciende de las montañas y por el vuelo de las rapaces que sobrevuelan estos valles. Burgohondo es tierra de castañas y de buenos pastos, de aire limpio y horizontes que invitan a calzarse las botas de montaña.
Lo que pesa de verdad en este rincón del Valle del Alberche es su posición: lo suficientemente cerca de Ávila capital para resultar accesible, pero lo bastante adentrado en la sierra como para notar la montaña en cuanto sales del casco. Funciona bien tanto para una escapada corta como para usarlo de base y moverse por la vertiente norte de Gredos.
¿Qué ver en Burgohondo?
El patrimonio histórico de Burgohondo, aunque modesto, merece una visita pausada. La iglesia parroquial de San Esteban Protomártir preside el conjunto urbano con su construcción de mampostería y elementos góticos tardíos. Su torre, visible desde varios puntos del pueblo, ha servido durante siglos como referencia para los viajeros que cruzaban estos valles.
Paseando por el casco antiguo se aprecia la arquitectura popular serrana: casas de piedra granítica con balconadas de madera, portones viejos y patios interiores donde todavía se conservan antiguos lagares y bodegas. La Plaza Mayor mantiene ese aire castellano de encuentro y conversación, con sus soportales y la fuente que ha dado de beber a generaciones de burgohondenses.
El entorno natural es, en la práctica, el gran protagonista. El castañar de Burgohondo se extiende por las laderas circundantes, con un cambio de color notable en otoño, cuando los tonos ocres, amarillos y rojizos tiñen el paisaje. Los pinares de pino silvestre completan un mosaico forestal con mucho peso ganadero y cinegético.
La garganta de las Pozas es uno de los parajes naturales más frecuentados, con sus piscinas naturales de agua fría y clara formadas por el arroyo que baja de la sierra. En verano se llena de gente de la comarca y de Madrid, así que conviene asumir que de sitio tranquilo tiene poco en esos días.
Qué hacer
El senderismo es la actividad principal en Burgohondo. Desde el pueblo parten varias rutas que se adentran en la Sierra de Gredos, con diferentes niveles de dificultad. La ruta de las Fuentes es un paseo familiar que recorre varios manantiales naturales, mientras que los más experimentados pueden aventurarse por caminos que ascienden hacia la cuerda de la sierra, con vistas amplias sobre el valle.
En otoño, la recogida de setas atrae a numerosos aficionados a la micología. Los bosques de castaños y robles albergan una buena variedad de especies, aunque siempre es recomendable contar con expertos que sepan identificarlas correctamente y respetar las normas locales de recolección.
La gastronomía local es otro de los atractivos claros. Las carnes de ternera avileña, los judiones de la zona, las patatas y, sobre todo, las castañas en distintas preparaciones forman parte de una cocina de montaña contundente y sabrosa. Los asados al horno de leña siguen teniendo mucho peso en las mesas locales, especialmente en los meses fríos.
Para quienes disfrutan con la fotografía, el paisaje da bastante juego: panorámicas de la sierra, nieblas bajas en el valle al amanecer, detalles de la arquitectura popular o la fauna que se deja ver al atardecer.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales de San Roque se celebran en torno al 16 de agosto, con la tradicional procesión, verbenas y actividades populares que llenan de vida las calles del pueblo. Es el momento del año en que Burgohondo recupera el pulso festivo y reencuentra a muchos vecinos que viven fuera.
En otoño, coincidiendo con la temporada de recogida, tiene lugar el magosto, una celebración en torno a las castañas asadas que reúne a todo el pueblo. Es una fiesta sencilla, muy de estar, donde la castaña se acompaña de vino nuevo y conversación larga.
Las fiestas de San Esteban en torno al 26 de diciembre cierran el calendario festivo, con celebraciones más recogidas pero muy arraigadas entre los locales.
Cuándo visitar Burgohondo
La primavera y el otoño suelen ser las mejores épocas para caminar y disfrutar del entorno sin agobios de calor. El castañar en noviembre, con el suelo alfombrado de hojas, cambia por completo el aspecto de los montes.
En verano el atractivo está en el agua: ríos y pozas, pero también más gente, coches y ruido. Si eliges estos meses, madruga para aparcar bien y buscar los ratos más tranquilos. El invierno enseña la sierra en su cara más dura: frío, hielo en las sombras y posibilidad de nieve en cotas algo superiores, pero también cielos limpios y muy buena visibilidad.
Si llueve, el pueblo da para un paseo corto por el casco y poco más; las rutas de tierra se embarran y algunas zonas de ribera se vuelven incómodas o directamente impracticables.
Lo que no te cuentan
Burgohondo no es un “pueblo-museo” ni un decorado: es un pueblo de trabajo, con explotaciones ganaderas y vida diaria. El casco se recorre rápido; lo que de verdad marca la diferencia es salir a caminar por su entorno: castañares, gargantas y caminos tradicionales.
Las fotos de las pozas suelen estar hechas entre semana, a primeras horas o fuera de temporada. En agosto, sobre todo los fines de semana, el ambiente es bastante distinto: más toallas, más coches y menos silencio. Conviene ajustar la expectativa.
Las distancias engañan: muchos caminos empiezan suaves y se van empinando según se entra en la sierra. Un paseo que “parece corto” en el mapa puede alargarse con calor o con gente poco acostumbrada a las cuestas.
Errores típicos al visitar Burgohondo
- Pensar que es un destino de turismo urbano: el pueblo se ve en una mañana. Si no te apetece caminar ni bajar al río, te quedarás corto de planes.
- Ir a las pozas en las horas punta de agosto: aparcamiento complicado, masificación y poco sitio a la sombra. Mejor primera hora o última de la tarde.
- Subestimar el frío nocturno: incluso en verano refresca bastante; cenar al aire libre sin una chaqueta extra suele acabar con prisas por volver al alojamiento.
Si solo tienes…
- 1–2 horas: paseo por el casco (Plaza Mayor, iglesia de San Esteban) y un vistazo al entorno desde los puntos altos del pueblo. Suficiente para hacerte una idea del sitio.
- El día entero: mañana de ruta sencilla (por el castañar o la ruta de las Fuentes) y tarde tranquila en la garganta de las Pozas, evitando las horas de más calor en verano.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Ávila capital son unos 65 kilómetros por la N-502 en dirección a Talavera de la Reina, desviándose después hacia el Valle del Alberche por la AV-904. El trayecto suele rondar la hora de coche, según tráfico y condiciones de la carretera.