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sobre El Barraco
Municipio en el Valle del Alberche rodeado de embalses y pinares; cuna de ciclistas famosos y zona de recreo
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El nombre de El Barraco aparece en documentos del siglo XII con una forma muy cercana a «del Berraco». Suele relacionarse con los verracos vetones, esculturas de piedra que marcaban territorios ganaderos en la provincia de Ávila mucho antes de la llegada de Roma. El pueblo se asienta en el valle del Alberche, un paso natural entre la sierra de la Paramera y los primeros relieves de Gredos. Durante siglos fue una ruta para el ganado; hoy se llega en coche, pero el trazado de muchas sendas aún obedece a esa geografía antigua.
De señorío a pueblo de segunda residencia
A finales del siglo XIV la villa pasó a manos de Fernán Pérez de Ayala por concesión de Enrique III. Como ocurrió en otros lugares de la meseta, el señorío organizó la vida local durante generaciones: impuestos, justicia y parte del desarrollo urbano dependían de esa relación.
El núcleo antiguo conserva algo de ese trazado: calles cortas que suben hacia la iglesia y viviendas levantadas con la piedra local. La actual Casa Consistorial, documentada desde el siglo XVI aunque reformada después, mantiene en la fachada un escudo vinculado a los Ayala. No es un edificio monumental, pero recuerda esa etapa de la historia del pueblo.
La economía cambió en el siglo XX. Durante décadas la industria peletera tuvo peso y dio trabajo a muchas familias. Hoy queda actividad relacionada, aunque más dispersa. La cercanía del embalse del Burguillo y la relativa proximidad con Madrid hicieron que aparecieran urbanizaciones en las laderas. El Barraco dejó de ser solo una villa agrícola para convertirse también en lugar de fines de semana.
Un pueblo ligado al ciclismo
Si algo se menciona al hablar de El Barraco es el ciclismo. De aquí salieron corredores como Carlos Sastre, Ángel Arroyo o José María Jiménez, «El Chava». La presencia de la sierra lo explica: las carreteras cercanas encadenan subidas largas y constantes. Muchos aficionados vienen a entrenar por la zona.
La carretera que asciende hacia la Paramera o las rutas que buscan el puerto de Mijares forman parte de ese paisaje. Los fines de semana es habitual ver grupos de bicicletas en la plaza antes de salir hacia la sierra.
Más allá del asfalto, el entorno natural marca las excursiones. El cercano valle de Iruelas —reserva natural— combina pinares extensos con robles y castaños en las zonas más húmedas. Hay senderos señalizados que permiten recorrer el bosque y acercarse a miradores desde los que se ve el embalse y, en días claros, buena parte del valle del Alberche.
La ermita de la Piedad y las costumbres del pueblo
En uno de los extremos del casco urbano está la ermita de la Piedad, un pequeño edificio que suele fecharse en el siglo XVI aunque ha tenido añadidos posteriores. No es grande ni especialmente ornamentado, pero sigue muy presente en la vida local.
Existe la costumbre de tocar su campana a determinadas horas del día. Los vecinos mayores suelen decir que la tradición viene de antiguo y que se mantiene por simple continuidad: siempre se ha hecho así. Como ocurre con muchas prácticas populares, el origen exacto se ha ido perdiendo.
Las fiestas principales se celebran en septiembre en torno al Cristo de Gracia. Durante esos días la plaza se llena de actos religiosos y música de banda, y las procesiones siguen un recorrido que apenas ha cambiado en décadas. Es uno de esos momentos del año en que muchos barracenses que viven fuera vuelven al pueblo.
Cómo llegar y qué ver
El Barraco se encuentra en el valle del Alberche, al sur de la provincia de Ávila. La carretera N‑502 lo conecta con la capital abulense y con las rutas que se adentran en Gredos. Desde Madrid suele llegarse por la A‑5 y carreteras comarcales que bajan hacia el embalse del Burguillo.
El Burguillo está a pocos minutos del casco urbano. Sus orillas tienen varias zonas donde la gente se acerca a bañarse cuando el nivel del agua lo permite. En verano conviene madrugar: al ser uno de los embalses más accesibles desde Madrid, la afluencia aumenta los fines de semana.
El pueblo puede recorrerse caminando. La iglesia de la Asunción, la ermita de la Piedad y algunos miradores cercanos ayudan a entender cómo se abre el valle hacia el agua del embalse y cómo empiezan a levantarse, al fondo, las primeras montañas de Gredos. Si te interesa la arquitectura popular, observa las construcciones del casco antiguo y los antiguos corrales integrados en las viviendas. Son restos de una economía ganadera que durante siglos sostuvo al pueblo.