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sobre El Tiemblo
Famoso por los Toros de Guisando y el Castañar de El Tiemblo; naturaleza e historia
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Enclavado en las estribaciones de la Sierra de Gredos, El Tiemblo se alza a 689 metros de altitud como uno de los pueblos con más personalidad del Valle del Alberche. Con sus 4.373 habitantes, este municipio abulense combina la arquitectura tradicional de piedra con un entorno natural que, cuando sales a caminar un rato, hace que el ritmo baje solo. Sus calles más antiguas conservan tramos empedrados y, en cuanto te alejas un poco del casco, asoman los pinares y robledales que recuerdan que aquí empieza a cambiar la meseta y se intuye ya la montaña.
La historia de El Tiemblo se remonta a tiempos remotos, como atestiguan los numerosos vestigios arqueológicos de la zona, especialmente los famosos Toros de Guisando, uno de los conjuntos escultóricos vetones más importantes de la península. Pero más allá de su patrimonio histórico, este pueblo ha sabido conservar su esencia serrana sin renunciar a los servicios básicos que busca quien viene de fuera: comer bien, poder hacer una ruta sencilla sin perderse y tener a mano un café o una terraza donde sentarse después sin tener que coger el coche otra vez.
El Tiemblo funciona muy bien como escapada de fin de semana desde Madrid, a poco más de una hora en coche, o como base para explorar el Valle del Alberche y las zonas más accesibles de Gredos. Es un pueblo que vive al ritmo de las estaciones: cambia mucho de un enero silencioso a un agosto con las terrazas llenas o a un octubre con olor a tierra húmeda y setas. En un paseo de media hora ya notas si te ha tocado un día de pueblo tranquilo o uno de esos de verano en que hay coches aparcados hasta en los arcenes.
¿Qué ver en El Tiemblo?
La referencia del municipio son los Toros de Guisando, un conjunto de cuatro esculturas zoomorfas de origen vetón (siglo II a.C.) que representan verracos y que se encuentran a pocos kilómetros del núcleo urbano. Este lugar, además de su valor arqueológico, tiene una importancia histórica clara: aquí se firmó en 1468 el tratado que reconocía a Isabel la Católica como heredera al trono de Castilla. El paraje donde se ubican, entre encinas y pastos, anima a tomárselo con calma: más que ir, hacer la foto y volverse al coche, compensa dar un pequeño paseo alrededor, sentarse un rato y fijarse en el entorno y en el silencio, que suele ser parte del sitio.
En el casco urbano, merece la pena acercarse a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un templo de origen medieval con posteriores reformas que conserva elementos de interés arquitectónico. Sus muros de piedra granítica se integran bien con la estética tradicional del pueblo y, si entras, se aprecia ese aire recogido de las iglesias serranas. No es una visita larga: en un cuarto de hora se ve con calma.
El Embalse de El Burguillo, aunque compartido con municipios vecinos, tiene en El Tiemblo uno de sus mejores miradores. Este gran lago artificial, creado en los años 30, se ha convertido en un espacio donde practicar deportes náuticos, observar aves acuáticas o simplemente ver cómo el sol baja detrás de las lomas a última hora de la tarde. Conviene ir con tiempo, porque entre bajar al agua, buscar sombra y acomodarse se va más de lo que parece.
Conviene acercarse también al llamado Puente Romano de El Tiemblo. Su origen exacto es discutido, pero la construcción de piedra sobre el arroyo es un rincón fotogénico que habla del pasado caminero de la zona y del paso tradicional entre valles. El entorno es sencillo, sin grandes carteles ni explicaciones, así que el interés está más en el paisaje y el paseo corto que en encontrar un “monumento” al uso.
Qué hacer
El Tiemblo es territorio de senderistas tranquilos y de gente que sale a “dar una vuelta al pinar” sin grandes pretensiones. La red de rutas que parten desde el pueblo permite adentrarse en paisajes de pinar y robledal, con opciones para todos los niveles. Una de las más populares es la que conduce hasta los propios Toros de Guisando, un paseo suave de aproximadamente 3 kilómetros que puede hacerse en familia y que, sin prisas, se recorre en algo menos de una hora por trayecto. Hay tramos de sol, así que en verano se agradece madrugar o ir a última hora.
Para quienes quieren algo más de esfuerzo, las rutas que ascienden hacia las laderas de Gredos tienen desniveles más pronunciados y vistas panorámicas del valle. La zona funciona bien para el cicloturismo, con caminos forestales y vías de baja intensidad que permiten pedalear entre la naturaleza, aunque conviene estudiar antes el recorrido: hay cuestas que engañan sobre el papel y, si hace calor, se notan.
El embalse de El Burguillo abre un abanico de posibilidades: piragüismo, paddle surf, pesca o simplemente un baño refrescante en verano, siempre con precaución y respetando las zonas habilitadas. Las áreas recreativas en sus orillas están pensadas para pasar el día con calma, con mesas y sombra en varios puntos. Lo normal es que, entre desplazamiento, aparcar, preparativos y recogida, se te vaya medio día sin darte cuenta.
En cuanto a la gastronomía, El Tiemblo comparte la tradición culinaria del Valle del Alberche: carnes de vacuno de la Sierra de Gredos, judías del Barco, patatas revolconas y, en temporada, setas y níscalos de los pinares circundantes. Los asados al horno de leña y los guisos de caza son habituales en los restaurantes locales; si vas en fin de semana o en agosto, mejor reservar con algo de antelación [VERIFICAR según temporada], porque no es raro que a última hora te toque ir preguntando de sitio en sitio.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de El Tiemblo arranca con las Águedas en febrero, una celebración tradicional en honor a Santa Águeda donde las mujeres del pueblo toman el protagonismo y llenan de color las calles y la plaza.
En agosto se celebran las fiestas patronales en honor a San Roque, con verbenas, encierros y actividades populares que llenan de vida las calles durante varios días. Es cuando más gente se junta: los que viven fuera vuelven y el pueblo se multiplica. Si no te gustan las aglomeraciones, esos días conviene asumir que el ambiente será más de fiesta que de paseo tranquilo.
En otoño, como en toda la zona de Gredos, se organizan jornadas gastronómicas dedicadas a las setas, aprovechando la riqueza micológica de los pinares cercanos. No todas las temporadas son igual de buenas, depende de las lluvias, pero el ambiente de buscar níscalos y luego sentarse a comer algo caliente se mantiene. Para salir al monte a por setas, mejor ir con alguien que conozca la zona o apuntarse a actividades guiadas [VERIFICAR], tanto por seguridad como por respeto al entorno.
¿Cuándo visitar El Tiemblo?
La primavera y el otoño son los momentos más agradecidos para caminar: temperaturas suaves, menos gente y el bosque en cambio constante, del verde tierno a los ocres. El verano es la época más concurrida, con el aliciente del embalse y las fiestas, pero también más tráfico y más ruido; si buscas tranquilidad, conviene evitar los días centrales de agosto o, al menos, organizarte para las primeras horas de la mañana y el final de la tarde. El invierno baja el ritmo: días cortos, pero una luz clara y, cuando la sierra aparece nevada al fondo, el paisaje gana mucho, aunque apetece más paseo corto y bar cercano que grandes rutas.
Si llueve, el pinar y el robledal toman ese olor a tierra mojada que compensa un paraguas o un chubasquero. En esos días puede tener más sentido combinar una visita breve a los Toros de Guisando con un paseo por el pueblo y una comida larga bajo techo, en lugar de plantearse embalse y ruta larga.
Errores típicos al visitar El Tiemblo
- Quedarse solo en los Toros de Guisando: mucha gente llega, hace la foto y se marcha sin asomarse al pueblo ni al embalse. En medio día da tiempo a encajar las tres cosas con calma si se planifica un poco el orden.
- Pensar que todo está “al lado”: las distancias no son enormes, pero entre desplazamientos en coche, aparcar y caminar se va el tiempo. Para ver Toros, paseo por el pueblo y embalse con baño o merienda, calcula jornada completa si quieres ir sin prisas.
- Ir en pleno verano sin prever calor ni afluencia: en julio y agosto hace calor de verdad en las horas centrales y los accesos al embalse se llenan. Mejor madrugar, buscar sombras del pinar y dejar el coche solo donde esté permitido, aunque toque andar un poco más.