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sobre Navalacruz
Pueblo de montaña con identidad propia; famoso por sus fiestas de Mascaradas (Harramachos)
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En las estribaciones de la Sierra de Gredos, donde el paisaje abulense se llena de pinares, piornos y robledales, Navalacruz es uno de esos pueblos de altura que viven al ritmo del frío, de la leña y del verano de los que vuelven. Con algo menos de 200 habitantes fijos, este núcleo del Valle del Alberche se alza a 1.238 metros de altitud y funciona más como pueblo de montaña "de verdad" que como destino de postal.
El nombre ya da pistas: Navalacruz, la "nava" (llanura entre montañas) marcada por una cruz. Un topónimo sencillo que resume bastante bien el entorno: praderas altas, lomas, caminos ganaderos y cielos muy abiertos. Aquí el aire de la sierra no es un eslogan, es el que te corta la cara en enero y el que por las noches, incluso en agosto, obliga a echarse algo por encima.
¿Qué ver en Navalacruz?
El patrimonio de Navalacruz es sencillo y muy serrano. No vengas esperando grandes monumentos, porque no va de eso.
La iglesia parroquial, en piedra granítica, preside el núcleo urbano con su torre campanario, visible desde casi cualquier punto del pueblo. Es de esas iglesias compactas, rotundas, más pensadas para aguantar inviernos largos que para lucirse en las fotos.
Lo mejor es callejear un poco. Pasear por el casco permite ver la arquitectura tradicional serrana: casas de dos plantas, muros de piedra, balcones y galerías de madera y aleros generosos para que la nieve no se pegue a las fachadas. Se notan todavía los portones anchos para meter ganado y carros, y muchos corrales y pajares que cuentan más de la economía del lugar que cualquier panel informativo.
En los alrededores del pueblo, los cruceros y humilladeros marcan antiguos caminos y entradas. Más que grandes obras artísticas, son referencias de otra época, buenas excusas para detenerse un momento y mirar el valle con calma.
El verdadero atractivo de Navalacruz es el entorno natural. Pinares de pino silvestre y resinero, manchas de roble melojo, prados de altura y arroyos fríos. En primavera y principios de verano, los prados se llenan de flores y el verde aguanta bastante; en otoño, los tonos ocres y dorados cambian el paisaje casi de un día para otro. En invierno, si nieva bien, el pueblo y las laderas cercanas parecen otro lugar.
Qué hacer
Navalacruz es más base de monte y caminatas que lugar de paseíto urbano. Desde el pueblo salen varios caminos y pistas que se adentran en la sierra y permiten hacer rutas de distinta duración. Hay desde paseos suaves por el valle, aptos para una mañana tranquila, hasta subidas más serias hacia las zonas altas, donde conviene ir preparado y con algo de experiencia.
La micología tiene bastante tirón en otoño. En los pinares y rebollares de la zona se dan boletus, níscalos y otras especies, pero, como siempre, mejor ir con alguien que sepa o informarse en el ayuntamiento sobre zonas, normas y restricciones. No todo el monte es "barra libre" y conviene ser respetuoso: cesta, navaja y nada de arrasar.
Cuando el invierno viene generoso de nieve, Navalacruz puede servir como punto de partida para paseos con raquetas y pequeñas travesías por pistas y caminos, siempre con prudencia. No es una estación de esquí ni un lugar preparado como tal, así que aquí manda el sentido común: consultar el tiempo, vigilar la hora y no meterse donde no se domina el terreno.
La gastronomía serrana se basa en lo esperado en esta altitud: platos de cuchara, judías (las del Barco son habituales en la zona), patatas, carne de vacuno y algo de caza cuando toca temporada. Trucha de los ríos cercanos y embutidos caseros completan el panorama. No vengas buscando cocina sofisticada, sino comida contundente para entrar en calor después de andar.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Navalacruz gira en torno a unos cuantos momentos clave. Las fiestas patronales se concentran a mediados de agosto, cuando el pueblo se llena con los que vuelven por vacaciones. Son días de mucha vida en la calle, actividades tradicionales, verbenas y comidas compartidas. Cambia totalmente la sensación del lugar respecto al resto del año.
En invierno, especialmente en enero, se celebran hogueras y luminarias, una costumbre bastante extendida por la provincia de Ávila. El fuego reúne a los vecinos, se charla, se cena al sereno y, si el tiempo acompaña lo justo, se alarga la noche más de lo que el frío recomendaría.
La Semana Santa aquí es sobria: procesiones pequeñas, sin grandes despliegues, donde importa más la participación del pueblo que la espectacularidad. Si coincides en esas fechas, verás cómo se vive una religiosidad tranquila, muy de comunidad pequeña.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Ávila capital, Navalacruz está a unos 60 kilómetros por la N-502 hacia Arenas de San Pedro y, más adelante, por carreteras comarcales. El tramo de montaña, con el Puerto de Menga de por medio, tiene curvas y requiere algo de paciencia. En invierno, con nieve o hielo, conviene prestar atención extra, mirar el parte y no apurar el horario.
¿Cuándo visitar Navalacruz?
- Primavera (mayo-junio): días más largos, campo muy verde y temperaturas agradables para caminar. Aun así, una chaqueta nunca sobra.
- Verano: aquí se duerme mejor que en la meseta. Días templados y noches frescas incluso en agosto, con más vida en el pueblo, sobre todo en la semana de fiestas.
- Otoño: buena época para senderismo tranquilo y setas, con paisajes muy cambiantes y menos gente.
- Invierno: para quien busque frío de sierra y, si hay suerte, nieve. El pueblo puede quedarse muy tranquilo entre semana; conviene llevar todo lo necesario y revisar el estado de las carreteras.
Consejos: Calzado cómodo de montaña o, como mínimo, zapatilla con suela decente; algunas calles y caminos son empinados y de piedra. Ropa de abrigo en cualquier época, porque refresca rápido al caer la tarde. Los servicios (tiendas, hostelería, etc.) son limitados y más aún fuera de verano y fiestas, así que es buena idea llevar agua, algo de comida y lo que puedas necesitar para el día.
Lo que no te cuentan
Navalacruz es pequeño y, si solo quieres "ver el pueblo", se recorre en poco rato. La gracia está en usarlo como punto de partida para caminar, descansar unos días de ruido o desconectar del reloj. Más que un destino para una semana entera, funciona bien como parada de uno o dos días dentro de una ruta por el Valle del Alberche o la vertiente norte de Gredos.
Las fotos pueden engañar si las miras con ojos de ciudad: sí, hay paisaje y piedra, pero también temporadas muy tranquilas, poca oferta de ocio y un ritmo lento. Si vienes con esa idea en la cabeza, Navalacruz se entiende mejor.
Errores típicos
- Esperar un casco histórico monumental: es un pueblo de sierra, funcional, con casas de piedra y vida tranquila, pero sin grandes edificios ni museos.
- Calcular mal el tiempo en las rutas: aquí las cuestas se notan, sobre todo a más de 1.200 metros. Mejor ser prudente con las horas de luz y no apurar el regreso al pueblo.