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sobre Navalosa
Pueblo famoso por sus 'cucurrumachos' (mascarada) y sus chozos de piedra típicos
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En las estribaciones meridionales de la Sierra de Gredos, donde los pinares se alternan con praderas de montaña y el aire huele a resina y tomillo, se encuentra Navalosa. Esta pequeña localidad abulense, de algo más de 300 habitantes, se alza a más de 1.300 metros de altitud, con ese silencio rotundo que conocen bien quienes han crecido entre pueblos de sierra: noches oscuras, poco coche y conversación baja en las puertas en verano.
Perteneciente a la comarca del Valle del Alberche, Navalosa es uno de esos sitios donde no hay “mucho que hacer” en el sentido clásico, y por eso mismo se está a gusto. Calles empedradas, casas de piedra y granito con balconadas de madera, huertos pegados a las viviendas y un entorno natural amplio al que se sale andando desde casa. Es más un pueblo para pasear despacio, leer, hablar y caminar por el monte que para ir enlazando visitas.
El municipio conserva ese carácter de pueblo ganadero y forestal, donde el ritmo lo marcan las estaciones y las tareas del campo. Aquí no encontrarás grandes monumentos ni infraestructuras turísticas masificadas, y conviene venir con esa idea clara: es un pueblo pequeño, tranquilo y sencillo.
¿Qué ver en Navalosa?
El patrimonio de Navalosa es modesto pero representativo de la arquitectura tradicional serrana. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano con su sobria fábrica de mampostería, característica de las construcciones religiosas de la zona. Aunque de pequeñas dimensiones, merece un paseo por sus alrededores para ver cómo se mezcla con las casas de granito, las tapias y los corrales.
Pero el verdadero patrimonio de Navalosa es el entorno. El pueblo está rodeado de extensos pinares de pino silvestre que tapizan las laderas montañosas, con cambios muy marcados según la estación: olor a resina y verde intenso en primavera, sequedad y sombra agradecida en verano, y un ambiente mucho más crudo y silencioso en invierno. Estos bosques son el hábitat de corzos, jabalíes y varias rapaces; lo normal es ver huellas y rastros, más que a los animales en sí.
Desde el pueblo parten varios senderos y caminos tradicionales que se adentran en la sierra, permitiendo descubrir gargantas, arroyos de agua clara y praderas de altura donde todavía pasta el ganado en los meses de verano. Las vistas desde las zonas más altas del término abarcan gran parte del Valle del Alberche y, en días muy limpios, se intuyen bien las cumbres de Gredos.
La arquitectura popular se aprecia paseando sin prisa: casas de dos plantas con muros de granito, portones de madera, cuadras integradas en las viviendas y chimeneas de campana pensadas para largos inviernos. No hay un “casco histórico monumental”; lo interesante es el conjunto y cómo se ha construido para aguantar el frío y el desnivel. En media hora larga has callejeado prácticamente todo.
Qué hacer
Navalosa es un destino muy claro para quienes disfrutan del senderismo y las rutas a pie. La red de caminos que arranca del propio pueblo permite excursiones de distinta longitud, desde paseos cortos por los pinares cercanos hasta rutas más serias hacia zonas altas. Es recomendable llevar mapas o GPS, ya que no todas las rutas están señalizadas y algunos cruces pueden generar dudas, especialmente con niebla o nieve.
La observación de flora y fauna tiene sentido aquí si te gusta dedicar tiempo a ello. Pinos, matorral de montaña, pequeñas zonas de pradera y setas en temporada marcan el paisaje. Con paciencia, madrugando y haciendo poco ruido es posible ver cérvidos y aves forestales; quien venga esperando ver animales cada dos por tres se llevará un chasco.
En invierno, cuando la nieve cubre las alturas, el entorno se transforma en un paisaje más duro, muy silencioso, que permite rutas con raquetas de nieve si se tiene experiencia y se conocen bien los caminos. No hay estación de esquí ni servicios específicos, así que es monte puro y duro: material adecuado, previsión meteorológica y saber darse la vuelta a tiempo.
La gastronomía local se apoya en productos de la zona: carnes de ternera avileña y de caza, judías, patatas, setas en temporada y repostería tradicional sencilla. Conviene no ir pensando en una amplia oferta de restaurantes: el pueblo es pequeño y hay que adaptarse a lo que haya abierto en cada momento [VERIFICAR]. Mejor preguntar antes de la hora de comer o cenar y no dejarlo todo a la improvisación.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Navalosa mantiene el esquema clásico de los pueblos serranos. Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto, cuando muchos antiguos vecinos regresan al pueblo. Durante estos días se organizan actos religiosos, verbenas y comidas populares que reúnen a la comunidad y a quienes vuelven “al pueblo” unos días.
En septiembre tiene lugar otra celebración importante que marca el final del verano y el inicio del otoño, con protagonismo de la comida compartida y actividades más sencillas, muy de gente del pueblo.
Como en muchas localidades de montaña, las celebraciones de Navidad se viven en torno a la iglesia y las casas: misas tradicionales, reuniones familiares, chimeneas encendidas y un ambiente más bien recogido, sin grandes espectáculos.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Ávila capital, Navalosa se encuentra a unos 65 kilómetros por la N-502 en dirección a Arenas de San Pedro, desviándose posteriormente por carreteras comarcales. El trayecto suele rondar la hora y cuarto, según el tráfico y el estado de la carretera. Desde Madrid, la distancia es de unos 130 kilómetros tomando la A-5 y posteriormente la N-502. El último tramo es de curvas; conviene no tener prisa y extremar la precaución con nieve o hielo.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar y ropa de abrigo incluso en verano: a esta altitud refresca mucho al caer el sol. Si planeas hacer rutas largas, trae agua y algo de comida, porque no vas a encontrar bares o tiendas en cada esquina. La cobertura móvil puede ser limitada según la compañía y la zona. Y, como siempre en pueblos pequeños, respeta fincas, cierres y pasos de ganado: muchos caminos atraviesan terrenos privados o comunales.
Cuándo visitar Navalosa
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar: temperaturas moderadas, más agua en arroyos y pinares en su mejor momento. El verano es útil para huir del calor de la ciudad, pero a media tarde puede pegar el sol en las zonas abiertas y apetece más la sombra del pinar y el bar que las grandes pateadas.
El invierno es frío, con heladas frecuentes y nevadas según el año. El paisaje gana mucho, pero los días son cortos y hay que venir equipado y con plan B por si el tiempo se tuerce. Con lluvia intensa o nieve, lo más sensato es acortar rutas y quedarse cerca del pueblo.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Paseo tranquilo por el pueblo, vuelta por las calles principales, acercarte a la iglesia y estirar un poco las piernas hacia la zona de pinares más próxima. Lo justo para hacerte una idea del lugar.
Si tienes el día entero
Madrugar, hacer una ruta a pie desde el pueblo (pinar y alguna garganta cercana) y dejar el paseo urbano para la tarde, cuando baja el sol. Navalosa funciona mejor así: monte por la mañana, pueblo después.
Lo que no te cuentan
Navalosa se ve rápido. El casco urbano se recorre en poco rato y no es un lugar para estar varios días encerrado en el pueblo “buscando cosas que ver”. Tiene sentido como base tranquila para patear monte, leer, teletrabajar sin demasiadas distracciones o combinarlo con otros pueblos del Valle del Alberche y la vertiente sur de Gredos.
No vengas esperando tiendas, bares en cada esquina ni “ambiente” entre semana fuera del verano. Aquí el plan es sencillo: campo, paseos cortos, algo de conversación si coincide, y poco más. Quien venga con esa idea, encaja; quien busque ruido, se aburre.