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sobre Navaluenga
Importante centro turístico en el Alberche; famoso por sus piscinas naturales y puente románico
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Cuando el GPS marca unos 40 y pico kilómetros desde Ávila y aparece el cartel de Navaluenga, muchos piensan que llegan a uno de esos pueblos que se recorren en media hora. Luego aparcas, bajas hacia el río y entiendes que la cosa va por otro lado. En invierno viven aquí algo más de dos mil personas. En agosto parece que el número se multiplica. El Alberche tiene bastante culpa.
El truco del puente
Lo primero que suele salir en las fotos es el puente de piedra. Mucha gente lo llama románico aunque en realidad es bastante posterior. Da un poco igual. Lo cruzas y el río se abre en una zona de baño con arena y sombra de pinos. La famosa playa fluvial.
El plan se entiende rápido: agua fría, gente con neveras, olor a parrilla algún fin de semana. Algo así como tener costa interior a una hora larga de Madrid. La pega es la misma que imaginas. En agosto cuesta encontrar hueco para la toalla. Si puedes elegir, junio o septiembre funcionan mejor. El agua sigue estando fría, pero el ambiente es más tranquilo.
Subir para bajar bien
Navaluenga tiene ese punto de pueblo donde siempre acabas mirando la sierra. Sales a pasear y en diez minutos ya estás pensando en subir un poco más.
Por aquí pasa el PR‑AV 10, una circular que ronda los 15 kilómetros. Empieza fácil, casi de paseo, y termina recordándote que estás en Gredos. El desnivel se nota en las piernas. Luego llegas arriba, miras hacia el valle del Tiétar y se te pasa bastante rápido.
Si no te apetece una paliza, hay rutas más cortas. La de la Silla de la Novia es bastante conocida. Unos siete kilómetros, más llevaderos, y buenas vistas del valle. Aun así conviene llevar agua. Cada verano aparece alguien que piensa que “ruta corta” significa salir con lo puesto.
Lo que no te cuentan en los folletos
Detrás de la iglesia de Nuestra Señora de los Villares hay un potro de herrar. Mucha gente pasa por delante sin saber muy bien qué es. Básicamente era donde sujetaban al ganado para cambiar herraduras o curar patas. Cuatro bloques de granito y un sistema de cuerdas. Parece simple, pero explica bastante de cómo funcionaba la vida del pueblo.
En la ermita de la Merced hay dos cruces incrustadas en el muro. No están ahí por decoración. Recuerdan tiempos en los que esta zona era paso y frontera. El Jueves Santo todavía se canta allí “La Despedida”. No es un espectáculo pensado para visitantes. Más bien se parece a cuando tu abuela repite una historia de siempre y todos se quedan escuchando.
Melocotones y chuletones
Comer bien aquí no requiere demasiada estrategia. Estás en la provincia de Ávila, así que la carne suele aparecer en muchas cartas. El chuletón es el clásico de la zona.
También se ven bastante los judiones del Barco, contundentes y de cuchara. Y cuando llega el final del verano aparece otro protagonista: el melocotón de Navaluenga. Es un cultivo bastante tradicional por aquí. Dulce, con algo de acidez, y muy fácil de acabar comiéndote más de uno.
Por el valle también se están moviendo vinos de garnacha del Alto Alberche. Viñedos en altura, noches frescas. Suelen salir vinos más ligeros de lo que muchos esperan en esta zona.
Cuándo ir sin volverte loco
En verano el pueblo gira alrededor del río. Mucha gente baja a la playa fluvial, las rutas están secas y es temporada de melocotones. También es cuando más coches hay y más cuesta aparcar cerca del centro.
Septiembre suele ser un buen equilibrio. El río sigue apeteciendo, baja bastante la afluencia y las noches vuelven a ser frescas.
En mayo la sierra está muy verde y el valle huele a tomillo. Tradicionalmente por esas fechas se celebra la romería de la Virgen del Espino, que mueve bastante ambiente por la zona.
Febrero es otra historia. Si coincide con Carnaval, el pueblo se anima durante varios días con disfraces, pasacalles y música en la plaza. No es un carnaval enorme, pero se nota que la gente se implica.
Si buscas tranquilidad absoluta, la Semana Santa puede no ser el mejor momento. Las procesiones de los Romances atraen bastante gente de la comarca.
El resumen de amigo
Navaluenga no compite por ser el pueblo más bonito de Gredos. Hay otros que juegan esa liga. Lo que tiene es equilibrio.
Puedes bañarte en el río por la mañana, caminar un rato por la sierra después de comer y terminar el día sentado en una plaza tranquila. Todo bastante cerca. Ese tipo de sitio donde el plan sale solo. Y donde, si vuelves otro verano, ya sabes exactamente dónde dejar la toalla.