Artículo completo
sobre San Juan de la Nava
Pueblo con vistas al embalse del Burguillo; entorno de montaña y agua
Ocultar artículo Leer artículo completo
En la vertiente sur de la Sierra de Gredos, San Juan de la Nava es uno de esos pueblos abulenses donde el reloj va más despacio, pero las labores del campo siguen marcando el ritmo. Con unos 400 habitantes y a 1.117 metros de altitud, este pequeño municipio del Valle del Alberche mantiene bastante intacta la vida rural castellana, rodeado de pinares, robledales y arroyos que refrescan el ambiente y la vista.
El pueblo se organiza en torno a su núcleo tradicional de arquitectura popular serrana, con casas de piedra y madera levantadas pensando más en soportar los inviernos que en salir bien en la foto. Las calles empedradas y las plazuelas tranquilas forman un entorno sencillo, que funciona muy bien para quien quiere cambiar ruido de tráfico por campanas y pájaros un par de días, sin grandes pretensiones.
San Juan de la Nava forma parte de esa constelación de pueblos del Valle del Alberche que han mantenido su identidad porque aquí la vida diaria pesa más que el turismo. El viajero es bien recibido, pero no es el centro de todo: el pueblo sigue a lo suyo, entre paseos por el monte, conversaciones en la plaza y una gastronomía sencilla que sabe a productos de la tierra. Aquí, si preguntas, siempre hay alguien que te orienta, pero no esperes oficina de turismo ni grandes infraestructuras.
¿Qué ver en San Juan de la Nava?
El patrimonio de San Juan de la Nava es modesto pero bastante representativo de la arquitectura religiosa rural castellana. La iglesia parroquial preside el centro del pueblo con su sólida construcción en piedra, en la línea de los templos de la zona. No es una gran joya histórica, pero su interior refleja la devoción de generaciones de vecinos que han mantenido el lugar cuidado y en uso continuo. Lo interesante es verla en contexto, como parte de la vida diaria del pueblo más que como monumento aislado.
Pasear por el casco antiguo permite ver sin prisas la arquitectura tradicional serrana: casas de dos plantas con muros de granito y mampostería, balconadas de madera, patios interiores y corrales que recuerdan el pasado agropecuario del municipio. Si te fijas, algunas viviendas conservan elementos originales como potros de herrar o antiguos lavaderos de piedra, medio escondidos entre portones y corrales. No está pensado como decorado, así que hay cierto punto de desorden real que también tiene su gracia.
El verdadero atractivo de San Juan de la Nava está en su entorno natural. Los bosques de pinos y robles que rodean el pueblo permiten salir andando desde la misma plaza y estar en el monte en pocos minutos. Los arroyos que descienden de la sierra forman pequeños parajes agradables, sobre todo en primavera, cuando el deshielo llena de agua las gargantas y se agradece el frescor. Aquí el plan es más de caminos y sombras que de miradores espectaculares con barandilla.
Qué hacer
El senderismo es la actividad estrella en San Juan de la Nava. Diversas rutas parten desde el propio pueblo adentrándose en la sierra, con opciones para todos los niveles, desde paseos suaves por pistas y caminos cercanos hasta ascensiones más serias hacia cotas más elevadas de Gredos. Hay caminos señalizados, pero conviene llevar mapa o track si te quieres alejar mucho, porque en el pinar es fácil desorientarse cuando todos los caminos se parecen y no abundan los carteles.
Los aficionados a la micología tienen aquí buena faena en otoño. En los pinares y robledales cercanos se encuentran níscalos, boletus y otras especies, aunque cada vez hay más control y normativa de recolección, así que mejor informarse antes de salir con la cesta. Y, por puro sentido común, respetar propiedades privadas y no dejar el monte como un queso gruyer a base de remover el suelo.
La gastronomía local es la típica de montaña: raciones generosas y pocos artificios. Productos de la huerta, legumbres, patatas de la tierra y carnes de la zona dan lugar a platos como el cocido, las judías con chorizo o las patatas revolconas. Se pueden probar en establecimientos de la zona o en las fiestas del pueblo, donde sigue siendo habitual cocinar para mucha gente y compartir mesa con quien se siente al lado.
Para quienes buscan planes tranquilos, el pueblo da bastante juego: sentarse en la plaza con un libro, dejar pasar la tarde viendo quién entra y sale del bar o simplemente escuchar el silencio roto por algún tractor y el rumor del agua es un tipo de descanso que en ciudad se ha perdido. No hay grandes alicientes urbanos, y esa es precisamente la gracia.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de San Juan de la Nava mantiene vivas tradiciones de toda la vida. Las fiestas patronales se celebran en torno al 24 de junio, en honor a San Juan Bautista, santo que da nombre al pueblo. Durante esos días suele haber actos religiosos, verbenas populares y comidas compartidas en las que es fácil mezclarse con los vecinos si se va con un poco de respeto y ganas de charlar.
En agosto, como en muchos pueblos de Castilla, se celebran festejos estivales que reúnen a quienes viven allí todo el año con los que vuelven al pueblo por vacaciones. Es la época más animada, con actividades para distintas edades y bastante movimiento en las calles, sobre todo por las noches. Si buscas tranquilidad absoluta, esos días igual te sobran decibelios.
Las celebraciones navideñas mantienen un carácter tradicional, con la misa del gallo y reuniones familiares donde reaparecen recetas antiguas que muchas casas siguen preparando como se hacía antes. Para quien viene de fuera, es una época más de refugio y chimenea que de grandes planes turísticos.
Información práctica
San Juan de la Nava se encuentra a unos 65 kilómetros de Ávila capital, lo que supone aproximadamente una hora de trayecto en coche. Desde Ávila, se toma la carretera N-502 en dirección a Arenas de San Pedro, continuando después por carreteras comarcales que atraviesan el Valle del Alberche. Son carreteras de curvas, estrechas en algunos tramos, así que mejor no ir con prisas ni apurar horarios.
Desde Madrid, la distancia ronda los 110 kilómetros (aproximadamente hora y media), tomando la autovía A-6 hasta San Lorenzo de El Escorial y luego continuando por la M-505 y carreteras secundarias hacia el sur de Gredos. A partir de cierto punto se acaba la prisa de la autovía y toca tramo de montaña: conviene llenar el depósito antes y no confiarse con los tiempos del GPS.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar y ropa adecuada a la montaña. En invierno hace frío de verdad, especialmente por la noche, así que el abrigo no es opcional. No hay que olvidar que estamos a más de 1.100 metros de altitud, donde el clima es notablemente más fresco que en el valle, y las tardes refrescan incluso en verano. Si vas a hacer rutas, mete también algo de ropa de agua: las tormentas de tarde no son ciencia ficción.
Cuándo visitar San Juan de la Nava
La época más agradable para visitar San Juan de la Nava depende de lo que busques:
- Primavera: el campo se pone verde, los arroyos bajan con agua y las temperaturas son suaves. Es un buen momento para caminar sin pasar calor y ver el monte con vida.
- Verano: quien viene huyendo del calor de la ciudad suele agradecer los grados de menos que se notan por la altitud, sobre todo por la noche. Durante el día, al sol, también aprieta, y en agosto hay bastante más gente.
- Otoño: probablemente la estación más agradecida si te gusta el monte. Colores fuertes en los robledales, setas y ambiente tranquilo, salvo algún fin de semana de micología.
- Invierno: el pueblo gana en quietud y puede caer alguna nevada. Es bonito, pero las temperaturas son duras y hay días muy cortos, así que conviene ir preparado y no planear rutas largas a última hora.
Si hace mal tiempo, el plan pasa más por pasear por el pueblo, alargar sobremesas y mirar la sierra desde la ventana que por hacer grandes rutas. No es un destino con mucha oferta cubierta, así que mejor ir con ese chip.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el casco antiguo y alrededores.
- Asomarte a la iglesia y a las plazas principales.
- Bajar un poco hacia los alrededores del pueblo para ver el paisaje del valle y los pinares.
Si tienes el día entero
- Ruta de senderismo por los pinares y robledales cercanos (pregunta a la gente del pueblo por caminos en buen estado).
- Comida tranquila y tarde de paseo corto por otra zona del valle del Alberche para completar la jornada.
Lo que no te cuentan
San Juan de la Nava es pequeño y se ve rápido. El paseo por el casco y alrededores del pueblo te lo haces en una mañana con calma. El impacto viene más por el entorno que por el número de monumentos, así que encaja bien como base para conocer el Valle del Alberche o como parada en una ruta más amplia por Gredos.
Las fotos que puedas ver en redes tienden a concentrarse en los rincones más fotogénicos; la realidad es la de un pueblo vivo, con casas arregladas junto a otras más humildes o a medio reformar, huertos, corrales y cierta sensación de “pueblo de verdad”. Si vienes esperando un decorado de postal, te choca; si buscas tranquilidad, monte cerca y ritmo lento, aquí lo vas a encontrar sin necesidad de muchos aditivos.