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sobre San Juan de la Nava
Pueblo con vistas al embalse del Burguillo; entorno de montaña y agua
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La primera vez que oí hablar de San Juan de la Nava fue en una conversación de esas de carretera secundaria. Un amigo me dijo algo así como: “es uno de esos pueblos al que llegas porque sigues el valle, no porque lo busques”. Y cuando entras lo entiendes rápido. Casas de granito, calles cortas y el monte bastante cerca como para recordarte dónde estás.
San Juan de la Nava está en el Valle del Alberche, a más de mil metros de altura. Es un pueblo pequeño, de los que todavía mantienen un ritmo muy de sierra. No hay grandes reclamos ni monumentos famosos. Lo que hay es vida diaria y un entorno natural bastante potente alrededor.
El centro del pueblo, pequeño y bastante auténtico
El casco urbano mantiene la estructura típica de muchos pueblos de esta parte de Ávila. Casas de piedra, madera en balcones y portones grandes que antes daban paso a corrales o pequeños patios. Algunas se han reformado, otras siguen casi igual que hace décadas.
La iglesia de San Juan Bautista ocupa el lugar más visible de la plaza. Es un edificio sobrio, construido en piedra, muy en la línea de la arquitectura rural de la zona. Por dentro no impresiona por tamaño ni por ornamentación, pero transmite algo muy simple: es una iglesia que se sigue usando en la vida diaria del pueblo.
Alrededor de la plaza suele moverse buena parte de la actividad cotidiana. Vecinos que se paran a charlar, coches que entran y salen despacio, ese tipo de escena que todavía se ve en pueblos pequeños.
Monte y senderos alrededor del pueblo
Si vienes a hacer turismo en San Juan de la Nava, lo más interesante está fuera del casco urbano. El pueblo está rodeado de pinares, robledales y laderas que suben hacia la sierra.
Desde el propio centro salen caminos y pistas forestales. Algunos se usan para pasear un rato entre pinos; otros suben más y abren vistas hacia el macizo de Gredos. No todo está señalizado de forma clara, así que conviene llevar un mapa o un track si quieres alargar la ruta. En el monte es fácil encontrarse con desvíos que parecen el camino principal.
En primavera bajan varios arroyos que nacen en la sierra. No son ríos grandes, pero crean zonas frescas donde parar un momento y escuchar el agua entre las piedras.
Otoño y setas en los pinares
Cuando llega el otoño, mucha gente de la zona sale al monte con cesta. Los pinares cercanos suelen dar níscalos y otras especies que conocen bien quienes llevan años buscándolas.
Eso sí, cada vez hay más regulación sobre la recolección de setas en muchos montes de Castilla y León. Conviene informarse antes de salir, y respetar tanto las normas como las fincas privadas que hay alrededor del término municipal.
Comida de sierra, sin rodeos
La cocina que encontrarás aquí es la típica de la sierra abulense. Platos contundentes y bastante directos. Legumbres, patatas, embutidos y carnes que llegan de explotaciones cercanas.
Las patatas revolconas aparecen en muchas mesas, igual que los guisos de cuchara en los meses fríos. Son platos pensados para jornadas de campo y de monte, no para lucirse en una foto.
Buena parte de la vida social del pueblo pasa por la plaza y por los bares pequeños donde los vecinos se conocen todos. Si te sientas un rato, lo normal es escuchar conversaciones sobre el tiempo, el campo o cómo viene la temporada de setas.
Fiestas y calendario local
El patrón del pueblo es San Juan Bautista, y la fiesta principal se celebra tradicionalmente alrededor del 24 de junio. Es cuando el pueblo se anima más: actos religiosos, música por la noche y bastante movimiento en las calles.
En verano suele haber también celebraciones y actividades organizadas por los vecinos y el ayuntamiento, algo habitual en muchos pueblos del valle cuando llega agosto y vuelve gente que vive fuera el resto del año.
San Juan de la Nava funciona a su propio ritmo. No intenta llamar la atención ni convertirse en destino de masas. Es más bien ese tipo de pueblo al que llegas para caminar por el monte, sentarte un rato en la plaza y ver cómo sigue el día sin demasiada prisa. Y a veces, justo eso es lo que uno venía buscando.