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sobre Serranillos
Pueblo de alta montaña en el puerto del mismo nombre; vistas espectaculares y aire puro
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En las estribaciones meridionales de la Sierra de Gredos, donde el Valle del Alberche dibuja paisajes de verdad abruptos, se encuentra Serranillos, una pequeña aldea abulense que parece ir a su ritmo, sin prisa. Con apenas 244 habitantes y situada a unos 1.220 metros de altitud, este enclave rural condensa bastante bien la montaña castellana: piedra, silencio, frío en invierno y costumbre de vida dura. Es un pueblo para venir despacio y sin grandes planes cerrados: aquí el día se organiza más por la luz y el tiempo que haga que por la lista de cosas “que ver”.
El nombre de Serranillos ya da una pista de su carácter montañoso: este pequeño núcleo se asienta en un territorio de cuestas y barrancos, donde los pinares alternan con dehesas de roble y los arroyos de aguas frías bajan desde las cumbres. Es uno de esos pueblos que invitan a bajar revoluciones, a caminar sin prisas por sus calles empedradas y a notar el cambio de aire nada más bajar del coche.
La arquitectura popular serrana se manifiesta aquí con bastante autenticidad: casas de piedra granítica, balcones de madera, corrales que aún guardan la memoria de una vida ligada a la ganadería y al monte. Serranillos no tiene grandes monumentos ni museos, y conviene venir con esto claro: su valor está en el propio pueblo y en su entorno, en la forma de construirse y de habitar la montaña abulense.
Qué ver en Serranillos
El elemento patrimonial más reconocible de Serranillos es su iglesia parroquial, un templo de construcción tradicional que conserva elementos de interés como su espadaña y algunos retablos populares. Como en muchos pueblos del Valle del Alberche, la iglesia marca el centro del caserío y ayuda a hacerse una idea de la arquitectura religiosa rural de la provincia de Ávila. Es una visita corta, de las de cinco o diez minutos, más para fijarse en los detalles que para ir “de monumentos”.
Pasear por el casco histórico es la mejor forma de entender el pueblo. Sus calles estrechas y empinadas, adaptadas a la ladera, permiten descubrir rincones que cuentan la vida cotidiana: fuentes de piedra aún en uso, antiguos lavaderos, portones de madera que ya han visto varias generaciones pasar. La arquitectura popular serrana aquí se muestra sin maquillajes, con esas construcciones de mampostería que han resistido muchos inviernos crudos y nevadas importantes. No es un casco histórico de postal, sino un pueblo de montaña que sigue siendo vivido.
El entorno natural es, al final, lo que más pesa en la visita. Serranillos se encuentra rodeado de pinares y robledales que cambian mucho de aspecto según la estación, especialmente en otoño. Desde diversos puntos del municipio se obtienen vistas panorámicas del Valle del Alberche y de las cumbres de Gredos; basta con alejarse unos minutos del casco para tener buenas perspectivas, sin necesidad de grandes caminatas. Con una hora de paseo tranquilo ya se notan el silencio del monte y el olor a resina y humedad.
Qué hacer
El senderismo es la actividad principal en Serranillos y sus alrededores. Diversas rutas de distinta dificultad parten desde el pueblo hacia parajes naturales más o menos apartados. Una opción muy agradecida es seguir los antiguos caminos ganaderos que conectaban las aldeas serranas, senderos que atraviesan bosques maduros y, con algo de paciencia y silencio, permiten ver fauna local como ciervos, jabalíes o aves rapaces. Conviene informarse bien in situ del estado de los caminos y no fiarse solo de mapas antiguos o aplicaciones que no recogen cierres de fincas o cambios recientes en las pistas.
Para quienes disfrutan con la micología, los pinares y robledales cercanos son terreno fértil durante el otoño. La recogida de setas (siempre con conocimiento, cestas aireadas y respetando las normas locales) forma parte del calendario de mucha gente del valle y es una manera tranquila de pasar la mañana en el monte. Aquí se valora más el paseo y el estar en el bosque que llenar el cesto.
La gastronomía local merece una parada larga. Aunque el pueblo es pequeño y la oferta es limitada, la cocina tradicional del Valle del Alberche mantiene recetas de siempre: judías del Barco, patatas revolconas, chuletón de ternera de Ávila, calderetas y asados. Los productos de la huerta serrana y la carne de vacuno de la zona marcan bastante el tipo de platos que se encuentran, contundentes y pensados para el frío. Hay que tener en cuenta que, fuera de temporada alta o de fines de semana, puede haber menos opciones y conviene no apurar la hora de la comida.
El turismo fotográfico tiene aquí buen material, sobre todo en invierno y otoño, o al amanecer y atardecer, cuando la luz baja resalta los volúmenes de la piedra y el relieve de las laderas. Eso sí, hay que aceptar que muchas veces el cielo estará cubierto o el día “plano”: forma parte del carácter del lugar. No es un escenario de cielos azules permanentes, y eso también marca el tipo de fotos que salen.
Fiestas y tradiciones
Como en la mayoría de pueblos de esta comarca, las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto, cuando muchos hijos del pueblo regresan unos días. Son jornadas de convivencia en las que se mantienen tradiciones como la cucaña, los juegos populares y las verbenas nocturnas en la plaza, con el ritmo marcado por la temperatura fresca de la noche y por un ambiente muy de pueblo pequeño, donde casi todo el mundo se conoce.
La Semana Santa se vive de manera sencilla, con procesiones que mantienen el aire de las celebraciones religiosas de los pueblos pequeños. En invierno, las fiestas de San Antón, a mediados de enero, incluyen la bendición de animales, recordando el pasado ganadero de estas tierras serranas y la relación estrecha entre casas, corrales y monte.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Ávila capital, situada a unos 50 kilómetros, se accede a Serranillos tomando la N-502 en dirección a Talavera de la Reina y posteriormente desviándose por carreteras comarcales que atraviesan el Valle del Alberche. El último tramo es de montaña, con curvas y cambios de rasante, así que conviene tomárselo con calma, sobre todo en invierno o con niebla. Es recomendable utilizar vehículo propio, ya que las conexiones de transporte público son muy limitadas o prácticamente testimoniales [VERIFICAR].
Consejos: Lleva calzado apropiado para caminar por terreno irregular y asumir cuestas casi desde la primera calle. La altitud y el clima de montaña hacen recomendable llevar ropa de abrigo incluso en verano por las noches, cuando refresca más de lo que uno espera viniendo desde la meseta baja. Respeta el entorno natural y las propiedades privadas: muchas sendas pasan cerca de fincas y corrales, y es importante cerrar siempre las cancelas que se encuentren abiertas a medio paso. Para ver el pueblo con calma, contando alguna parada y algún desvío a las afueras, calcula medio día holgado.
Cuándo visitar Serranillos
La primavera llega algo más tarde que en la ciudad: las floraciones y el deshielo dan buenos días de paseo, pero las noches siguen siendo frescas. El verano trae más movimiento, pero las temperaturas se mantienen agradables gracias a la altitud, y es la época con más vida en la calle. El otoño, con los robledales cambiando de color, es probablemente el momento más agradecido para caminar y buscar setas. El invierno es para quienes aceptan frío, posibles nevadas y días cortos: a cambio, el pueblo se muestra tal cual es, sin adornos de temporada.
Lo que no te cuentan
Serranillos es pequeño y se recorre a pie en poco tiempo; el “pueblo en sí” da para unas horas tranquilas, no para varios días seguidos sin salir a los alrededores. Es más un buen campamento base o una parada en una ruta por el Valle del Alberche y la Sierra de Gredos que un destino de larga estancia si solo se busca vida de pueblo. Las fotos que se suelen ver —con nieve, atardeceres espectaculares o robledales en pleno otoño— enseñan sus mejores días: la mayor parte del año el paisaje es más sobrio, más de tonos apagados, y ahí está también su carácter.
Si vienes esperando un caserío grande o muchos servicios turísticos, te vas a quedar corto. Lo que hay es un pueblo serrano pequeño, cuestas, silencio, clima cambiante y monte a mano. Si eso encaja con lo que buscas, Serranillos funciona bien en una jornada tranquila o como punto de partida para conocer mejor este lado menos masificado de Gredos.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Da un paseo por el casco, acércate a la iglesia, continúa por las calles altas para asomarte al valle y remata con una pequeña caminata por las afueras, sin alejarte demasiado. En ese tiempo te haces buena idea del pueblo y de cómo se vive aquí.
Si tienes el día entero
Mañana de ruta por alguno de los caminos ganaderos o pistas que suben entre pinares y robledales, comida sin prisas y tarde de paseo corto por el pueblo, con paradas en fuentes, lavaderos y miradores naturales. A un ritmo tranquilo, el día se va sin necesidad de encadenar actividades.
Errores típicos
- Subestimar el clima de montaña: aunque en el mapa parezca “cerca” de Ávila, aquí refresca más, el viento se nota y una nube tonta te puede cambiar el día. Ven con ropa de sobra en la mochila.
- Pensar que es un “pueblo turístico” al uso: no hay una lista larga de recursos visitables ni un casco monumental. Si vienes con mentalidad de escapada rural tranquila y de caminar, encaja mucho mejor.
- Calcular mal los tiempos de carretera: el último tramo, con curvas, se hace más lento de lo que marca el GPS. Mejor sumar un margen de media hora para llegar sin prisas.