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sobre Cuevas del Valle
Pueblo pintoresco al pie del Puerto del Pico; destaca por su arquitectura popular con balconadas de madera y la calzada romana
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Enclavado en las estribaciones meridionales de la Sierra de Gredos, Cuevas del Valle es uno de esos pueblos que siguen a su ritmo. Con alrededor de 500 habitantes, este municipio abulense se asienta a 842 metros de altitud, en la comarca del Valle del Tiétar, donde el microclima suave y el abrazo de la montaña han modelado un paisaje de contrastes: huertos de cerezos, castaños viejos y gargantas de agua clara.
El nombre del pueblo viene de las cavidades naturales que salpican su término, refugios antiguos que hoy forman parte del imaginario local. Pasear por sus calles empedradas es encontrarse con la arquitectura serrana de siempre, con casas de piedra, voladizos de madera y balcones que miran al valle. Aquí se nota que durante décadas la vida ha girado alrededor de la tierra, los animales y las estaciones, y se sigue notando en las conversaciones a la puerta de casa y en el ritmo de las tardes.
La tranquilidad de Cuevas del Valle atrae a quien quiere descansar sin grandes distracciones. No hay monumentos espectaculares ni grandes infraestructuras turísticas, pero sí un pueblo que sigue vivo durante todo el año y que todavía no se ha convertido en decorado.
¿Qué ver en Cuevas del Valle?
El corazón del pueblo se organiza alrededor de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Expectación, un templo que combina elementos de distintas épocas y que es la referencia arquitectónica del municipio. Su fachada de piedra y su campanario se alzan como resumen de siglos de historia local y de muchas generaciones entrando y saliendo por la misma puerta. No es una iglesia monumental, pero tiene ese peso de edificio usado, no de museo.
Más allá del núcleo urbano, el verdadero patrimonio de Cuevas del Valle está en su entorno. La Garganta de las Pozas es el rincón más conocido: una sucesión de pozas naturales de agua transparente, unidas por pequeñas cascadas y rodeadas de vegetación de ribera. En verano se convierte en zona de baño habitual, pero conviene ir pronto si quieres estar tranquilo y recordar que en días de calor puede haber bastante gente de la zona y de pueblos vecinos. El acceso se hace por senderos señalizados, con algunos tramos de piedra donde viene bien llevar calzado que no resbale y asumir que vas a caminar un rato, no es llegar en coche y tumbarse.
Los castañares y cerezales que rodean el pueblo forman un paisaje agrícola muy característico del valle. En primavera, la floración de los cerezos blanquea las laderas; en otoño, los castaños se vuelven amarillos y ocres y el suelo se llena de hojas. Entre estos caminos aparecen de vez en cuando antiguos secaderos, bancales sostenidos por muros de piedra y pajares medio derruidos que recuerdan una agricultura más dura que la de ahora. Son paseos lentos, de ir parando a mirar y a charlar más que de hacer kilómetros.
Qué hacer
Para caminar, Cuevas del Valle da mucho juego si no tienes prisa. Desde el pueblo salen varias rutas de montaña que conectan con otros núcleos del valle o suben hacia las cumbres de Gredos. La subida al Puerto del Peón regala vistas amplias sobre el Valle del Tiétar y es de esas que ganan con un día claro; eso sí, el desnivel se nota, así que mejor tomárselo con calma y llevar agua. A ritmo tranquilo, la subida puede ocupar buena parte de la mañana. Los senderos que siguen la garganta son más frescos y sombríos, y permiten ir encontrando pozas y rincones tranquilos para parar.
Para quienes buscan más adrenalina, en algunas de las gargantas de la zona se practica barranquismo, siempre con empresas especializadas y equipo adecuado. Es una actividad que depende mucho del caudal y de la época, así que conviene informarse bien antes de lanzarse y no improvisar.
La gastronomía local merece una parada larga en la mesa. La cereza del Valle del Tiétar tiene buena fama, y en temporada se puede comprar directamente a pequeños productores o probarla recién cogida. A eso se suman los productos de la huerta, las carnes de la sierra, las setas de otoño y la miel de la zona. En los bares y casas de comidas del pueblo y alrededores suelen aparecer platos como el cabrito asado, las judías del Barco o guisos sencillos pero contundentes, pensados para gente que madruga y camina.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Cuevas del Valle mantiene vivas tradiciones de muchos años. Las fiestas patronales en honor a San Bartolomé se celebran hacia finales de agosto, con verbenas, juegos populares y actos religiosos que reúnen tanto a los vecinos como a quienes vuelven al pueblo en verano.
En febrero, el pueblo se vuelca con sus carnavales serranos, con máscaras y rituales que hunden sus raíces en costumbres antiguas. La romería de primavera, que suele celebrarse en mayo, es otra cita importante, con la gente subiendo a ermitas o parajes cercanos para pasar el día en el campo compartiendo comida y charla.
También se celebra la Fiesta de la Cereza, coincidiendo con la recogida a principios de verano. Es el momento de probar distintas variedades, comprar directamente a los productores y entender por qué este fruto pesa tanto en la economía y en el paisaje del valle.
Información práctica
Cuevas del Valle se encuentra a unos 90 kilómetros de Ávila capital. La mejor forma de llegar es por carretera, tomando la N-502 en dirección a Arenas de San Pedro y después la AV-941, que atraviesa el Valle del Tiétar. El trayecto desde Ávila dura alrededor de una hora y cuarto, por carreteras de montaña con curvas, pero normalmente en buen estado. Conviene no tener prisa y contar con que el ritmo de conducción será más lento que en autovía.
Desde Madrid, la distancia ronda los 140 kilómetros, accediendo por la A-5 hasta la zona de Navalmoral de la Mata y posteriormente por carreteras comarcales hasta el valle. También hay opciones por la N-502, algo más lentas pero más directas hacia la sierra, según el punto de partida.
Conviene llevar calzado adecuado para senderos de montaña y algo de abrigo incluso en verano, porque al caer la tarde refresca más de lo que parece desde el llano. Si piensas bañarte en la garganta, ten en cuenta que el agua suele estar fría incluso en julio y agosto.
¿Cuándo visitar Cuevas del Valle?
- Primavera (abril–mayo): época agradecida para caminar, con el campo verde y los cerezos en flor según el año. Las pozas todavía están muy frías para un baño largo.
- Verano (junio–agosto): más ambiente, más coches y más gente en la garganta, sobre todo los fines de semana. Si buscas tranquilidad, madruga o elige días laborables y evita las horas centrales.
- Otoño (octubre–noviembre): buena época para senderismo, colores de castañar y tiempo más estable que en pleno invierno.
- Días de lluvia: algunos senderos se embarran y las piedras resbalan; es momento más de paseo corto por el pueblo, chimenea y conversación que de grandes rutas.
Lo que no te cuentan
Cuevas del Valle se recorre rápido si solo quieres “ver el pueblo”: un paseo por las calles principales, la iglesia y poco más. El verdadero tiempo se va en los alrededores, en bajar a la garganta o subir hacia los puertos.
Las fotos suelen enseñar las pozas solas y transparentes; eso existe, pero solo a determinadas horas y días. En verano, entre coches, toallas y neveras, el ambiente cambia bastante. Si lo que buscas es un valle tranquilo y senderos casi vacíos, mejor apuntar a primavera avanzada, otoño o incluso invierno seco.
Es más un lugar para estar una noche o usar como base para patear la sierra que un destino de una semana sin moverse. Con un día bien aprovechado te haces ya una idea bastante fiel de lo que es el pueblo y su entorno cercano.