Artículo completo
sobre La Adrada
Villa histórica en el Valle del Tiétar dominada por su imponente castillo restaurado; rodeada de bosques de pinos y castaños
Ocultar artículo Leer artículo completo
Enclavada en las estribaciones de la Sierra de Gredos, La Adrada se asoma al Valle del Tiétar, esa comarca abulense que rompe el tópico de la meseta seca: aquí el clima es más suave, los inviernos menos duros y el paisaje se vuelve más verde. Con sus 2.727 habitantes y a 624 metros de altitud, el pueblo conserva un poso medieval en el trazado de sus calles y en algunas construcciones de piedra que recuerdan cuando esta zona era tierra de paso y de frontera.
El microclima del Valle del Tiétar ha moldeado un paisaje que contrasta con la austeridad castellana: aquí los castaños, pinos y robles conviven con higueras y olivos, creando un entorno más cercano, en vegetación y en costumbres, a la vecina Extremadura que a la capital de la provincia. La Adrada ha ido encajando el tirón del turismo rural, sobre todo de fin de semana y veraneo madrileño, sin perder del todo su carácter de pueblo donde la vida diaria sigue funcionando al margen del visitante. Entre semana, fuera de temporada, se nota rápido quién es de aquí y quién viene de fuera.
Pasear por sus calles es encontrar rincones cuidados, plazas sombreadas y ese ritmo pausado de los pueblos serranos, aunque en agosto y puentes el ambiente cambia: terrazas llenas, coches por todas partes y bastante más ruido del habitual.
Qué ver en La Adrada
El Castillo de La Adrada es el elemento más reconocible del pueblo. Esta fortaleza del siglo XIV, vinculada al Condestable Ruy López Dávalos, se alza sobre una colina desde donde se domina buena parte del valle. Ha pasado por restauraciones importantes, así que no esperes una ruina romántica sino un castillo acondicionado, con su torre del homenaje, murallas y patio de armas bien definidos. Suele acoger eventos culturales en verano [VERIFICAR] y las vistas al atardecer, si el día está despejado, compensan la subida. Hay que contar con un pequeño desnivel: no es una excursión de montaña, pero sí una subida que se nota si hace calor.
En el casco urbano, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción combina elementos góticos y renacentistas. Es un templo sobrio, más interesante por su contexto (plaza, entorno, historia local) que por un interior monumental. Conviene fijarse en el retablo mayor y en algunos detalles de piedra que recuerdan el peso de la religiosidad tradicional en la comarca.
La Plaza del Ayuntamiento funciona como centro social. No es una plaza de postal perfecta, pero sí el lugar donde se concentra la vida diaria: soportales de piedra y madera, bancos ocupados casi todo el año y los accesos a las calles más antiguas, con casas de arquitectura popular abulense, balcones de madera y fachadas de granito mezcladas con reformas más recientes. Es un buen sitio para hacerse una idea rápida de cómo se vive aquí durante el año, no solo en agosto.
Para quien busca algo más que casco urbano, el entorno natural de La Adrada tiene bastante juego. La Reserva Natural del Valle de Iruelas, relativamente cercana, es uno de los espacios protegidos más valiosos de la provincia, con masas de pino resinero y una población importante de buitre negro. Conviene informarse antes de ir sobre accesos, restricciones y aparcamientos habilitados, porque no todo el valle es de acceso libre [VERIFICAR]. No es un área para improvisar con el coche hasta “donde se pueda”: mejor ir con la información clara.
Qué hacer
El senderismo es la actividad más lógica en La Adrada. Hay rutas de distinta longitud y desnivel, muchas de ellas sin gran complicación, que permiten adentrarse en la sierra, pasar junto a arroyos o atravesar castañares y pinares. El otoño, con el cambio de hoja de los castaños y el olor a chimenea, es uno de los momentos más agradecidos para caminar por la zona, y también cuando los caminos se llenan de gente buscando setas y castañas.
En el propio término y alrededores se practica escalada en sectores de granito, aprovechando la cercanía a Gredos y su entorno. No es un gran centro de escalada a nivel peninsular, pero sí una base cómoda para quien quiere combinar roca y pueblo. También es habitual ver bicicletas de montaña por los caminos forestales; eso sí, conviene tener claro el trazado y el desnivel, porque las cuestas del piedemonte se hacen notar y no todos los caminos son igual de ciclables después de lluvias.
La gastronomía local tira de los clásicos de la provincia y de los productos del valle. En los menús aparecen las judías del Barco, las patatas revolconas, el cabrito asado y las carnes de vacuno de Ávila. A esto se suman los productos de huerta del Tiétar (pimientos, tomates, frutales), que se benefician del clima más templado. Embutidos artesanos, miel de la zona y quesos de cabra completan el cuadro, más pensado para comer bien y contundente que para experimentar. Entre semana fuera de temporada, la oferta se reduce y conviene no apurar el horario de comidas.
En verano, las piscinas naturales del entorno, como las del río Arenal, se llenan de familias y cuadrillas que buscan un baño entre piedras y agua fría. Hay que contar con bastante afluencia en agosto y fines de semana calurosos, y asumir que el ambiente es más de merendero popular que de bañito tranquilo. Si buscas un rincón solitario, aquí te va a costar.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales en honor a la Asunción se celebran en torno al 15 de agosto, con varios días de actividades que incluyen procesiones, verbenas y actos culturales, muchos de ellos aprovechando el tirón del castillo como escenario. Es el momento de máxima animación: los que viven fuera vuelven, se llenan las casas familiares y el pueblo cambia de ritmo.
En septiembre, las fiestas del Cristo del Humilladero mantienen un tono más local, con tradiciones religiosas y celebraciones que marcan el final del verano festivo.
La Semana Santa se vive de forma más contenida, con procesiones que atraviesan el casco antiguo. No es una Semana Santa masiva ni muy conocida fuera, pero sí tiene peso para la población local.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Ávila capital, La Adrada está a unos 75 kilómetros por la N-502 en dirección Arenas de San Pedro. El trayecto dura alrededor de una hora y atraviesa el puerto de Menga, con curvas y vistas amplias hacia la sierra. Desde Madrid, la distancia ronda los 110 km, accediendo por la A-5 y luego por carreteras comarcales; muchas personas la hacen como escapada de fin de semana o de un solo día.
Cuándo visitar La Adrada
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables: temperaturas suaves, colores vivos y menos aglomeraciones (salvo Semana Santa y puentes). En verano, los días pueden ser muy calurosos, pero las noches refrescan gracias a la altitud; eso sí, el pueblo se llena, suben los precios de alojamiento y el tráfico se complica. El invierno puede traer frío, nieblas y días cortos, pero también la posibilidad de ver Gredos nevada al fondo y disfrutar de un ambiente más tranquilo, con una parte de la oferta turística estacional cerrada.
Si llueve, el casco urbano y el castillo se siguen aprovechando, pero muchas pistas de tierra se embarran y algunas rutas dejan de ser agradables. Conviene llevar calzado impermeable y ropa de abrigo incluso en primavera, porque el tiempo en la sierra cambia rápido.
Errores típicos al visitar La Adrada
- Ir con expectativas de “pueblo monumental”: La Adrada tiene un castillo potente y un casco interesante, pero es un pueblo vivo, mezclado, con construcciones nuevas, coches y vida cotidiana. No es un decorado medieval.
- Calcular mal los tiempos: Entre subida al castillo, paseo por el casco, parada a comer y alguna ruta corta, la visita se alarga más de lo que parece sobre el mapa, sobre todo en fines de semana de mucha gente o con calor.
- Confiarse con el coche: En puentes y agosto, aparcar en el centro se vuelve complicado. Merece la pena dejar el coche algo más lejos y asumir unos minutos de paseo, en lugar de dar vueltas interminables por las mismas calles.
- Ir sin información sobre rutas y accesos naturales: No todos los caminos están bien señalizados ni todos los accesos a zonas protegidas son libres. Antes de meterse por cualquier pista, mejor informarse y respetar tanto las fincas privadas como la normativa de la zona.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Subir al castillo con calma, ver las vistas del valle y bajar por el casco antiguo.
- Asomarte a la Iglesia de la Asunción y dar una vuelta por la Plaza del Ayuntamiento y alrededores.
Si tienes el día entero
- Mañana de castillo y paseo por el pueblo, con parada a comer.
- Tarde para una ruta sencilla por los alrededores o para acercarte a alguna zona de baño en época de calor.
- Si te interesa la naturaleza más “seria”, reservar parte del día para informarte y acercarte a algún punto del Valle de Iruelas, siempre con los accesos claros.