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sobre Mombeltrán
Villa señorial en el Barranco de las Cinco Villas; destaca su imponente castillo de los Duques de Alburquerque
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A mediodía, cuando el sol cae casi vertical sobre el Valle del Tiétar, el castillo de Mombeltrán proyecta una sombra compacta sobre las casas que se agrupan a sus pies. Las calles del centro guardan el frescor de la piedra, incluso en verano. Se oye algún coche pasar despacio y, si el día está tranquilo, el eco de una conversación que sube desde la plaza.
El turismo en Mombeltrán suele empezar ahí, mirando hacia arriba. Las cuatro torres redondas del castillo aparecen de repente al girar una esquina, macizas, con ese granito gris que cambia de tono según la hora del día. El pueblo se asienta a unos 635 metros de altitud, en el borde del valle, donde el clima ya empieza a suavizarse respecto a la meseta abulense.
El castillo que domina el pueblo
El castillo de los Duques de Alburquerque se levantó en el siglo XV y todavía marca el ritmo visual del casco urbano. Sus torres cilíndricas y las almenas rectas le dan un aspecto rotundo, casi geométrico, que contrasta con las calles irregulares que lo rodean.
En algunas épocas se puede acceder al interior y recorrer el patio y las escaleras de piedra. Desde arriba el paisaje se abre hacia el valle: manchas de olivares, huertos dispersos y, al fondo, las laderas que suben hacia Gredos. Al atardecer, cuando la luz se vuelve más oblicua, todo el valle toma un tono verde apagado que dura apenas unos minutos.
Conviene comprobar antes si el acceso está abierto. No siempre lo está.
El Hospital de San Andrés, justo al lado
Pegado al castillo está el antiguo Hospital de San Andrés, levantado en el siglo XVI. No es grande, pero llama la atención el pórtico y ciertos detalles renacentistas que aparecen casi sin avisar entre la sobriedad del conjunto.
No siempre se puede entrar. Aun así, merece la pena acercarse y rodearlo con calma: desde la calle se aprecian bien los volúmenes y el contraste entre la piedra clara y las sombras que dejan los soportales.
La iglesia en el centro del casco antiguo
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción ocupa una posición muy centrada dentro del pueblo. El edificio mezcla elementos góticos y renacentistas, algo bastante común en iglesias levantadas o reformadas durante varios siglos.
Por dentro suele conservar un retablo mayor de cierta presencia. La sensación general es de sobriedad: muros gruesos, luz filtrada por ventanas altas y ese silencio que tienen las iglesias de pueblo cuando no hay nadie dentro.
Calles tranquilas y casas con escudos
El casco antiguo se recorre sin prisa en menos de una hora. La calle de las Peñuelas concentra algunas casas nobles con escudos de piedra sobre las puertas. No todos están bien conservados, pero todavía se distinguen blasones gastados por el tiempo.
A ciertas horas el pueblo queda muy quieto. Solo se oye el viento colándose por las calles estrechas o el golpe de alguna persiana. Por la mañana temprano, antes de que el sol caliente del todo, es cuando mejor se camina por aquí.
Caminos hacia el monte
Desde la parte alta del pueblo salen caminos que se internan en pinares y robledales cercanos. No todos están señalizados, así que conviene llevar un mapa o alguna aplicación de rutas si se quiere alargar el paseo.
El suelo suele crujir bajo las agujas de pino secas, y no es raro escuchar pájaros entre las ramas o ver moverse algo entre la maleza. Son caminos sencillos, más de paseo que de gran travesía.
El Valle del Tiétar alrededor
Mombeltrán queda bien situado para moverse por el sur de Ávila. El Valle del Tiétar tiene un clima más suave que la meseta, con olivares, higueras y castaños que cambian bastante el aspecto del paisaje según la estación.
Quien quiera caminar más puede acercarse a las primeras rampas de la Sierra de Gredos, donde empiezan rutas de mayor recorrido. Aun así, muchos visitantes se quedan simplemente recorriendo el valle y los pueblos cercanos.
Sabores de temporada
En invierno y otoño aparecen platos más contundentes en la zona: guisos de legumbres, patatas, carne y castañas cuando llega la temporada. El aceite de oliva del valle también forma parte de la cocina local.
Durante el otoño, en los pinares cercanos suelen salir setas. Es habitual ver a gente del lugar con cesta y navaja, aunque conviene conocer bien las especies antes de recoger nada.
Fiestas y vida del pueblo
En verano, las celebraciones en torno a la Virgen de la Asunción reúnen a vecinos y a gente que vuelve al pueblo esos días. Las procesiones y las actividades se reparten por las calles y la plaza.
Un poco después, hacia mediados de septiembre, suele celebrarse una feria donde aparecen productos de la zona y ambiente más local que turístico.
Mombeltrán no es un lugar de grandes monumentos encadenados ni de itinerarios largos. Es más bien un pueblo para caminar despacio, mirar el castillo desde distintos ángulos y dejar que el valle aparezca poco a poco entre las calles. Si se viene en verano, mejor evitar las horas centrales del día: el sol aquí cae con fuerza sobre la piedra.