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sobre Navahondilla
Municipio oriental del Tiétar; famoso por los Toros de Guisando (en su término o muy próximo según lindes históricas)
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Enclavada en la vertiente sur de la Sierra de Gredos, Navahondilla es uno de esos pueblos pequeños del Valle del Tiétar donde la vida va despacio de verdad. Con apenas 359 habitantes y a unos 740 metros de altitud, aquí el día gira alrededor del campo, las estaciones y los horarios de la gente del pueblo, no del visitante. Castaños, nogales y el ruido de las gargantas marcan más el ambiente que cualquier “atracción turística”.
El topónimo del pueblo, que alude a una "nava" u hondonada, describe bien su ubicación: un pequeño valle resguardado entre las últimas estribaciones de Gredos, donde el microclima mediterráneo del Tiétar suaviza las temperaturas y permite el cultivo de frutales y hortalizas. Este emplazamiento, junto a un entorno natural bastante bien conservado, hace que Navahondilla tenga sentido para quien quiere tranquilidad, caminar por el monte y poco más.
Pasear por sus calles empedradas es asomarse a la arquitectura tradicional de la zona: casas de piedra y mampostería con balcones de madera, muros encalados y tejados de teja árabe. El casco es pequeño; en un rato lo has visto. Lo que engancha es el silencio, roto de vez en cuando por las campanas o algún tractor, y la sensación de pueblo vivido todo el año, no solo en agosto.
¿Qué ver en Navahondilla?
El patrimonio monumental de Navahondilla es limitado, pero cuenta lo que tiene que contar sobre la vida serrana. La iglesia parroquial preside la plaza del pueblo con su arquitectura de mampostería y elementos de distintas épocas. Su campanario, visible desde varios puntos del municipio, se ha convertido en el símbolo del pueblo y marca las horas con el tañido de campanas que resuenan por todo el valle.
Más allá de la iglesia y el paseo breve por el casco, el verdadero atractivo está fuera del núcleo: el entorno natural. El pueblo está rodeado de bosques de castaños centenarios, algunos de muy buen porte, que en otoño tiñen el paisaje de ocres y dorados. Los robledales y pinares se mezclan en las laderas más altas, creando un mosaico de vegetación donde es fácil ver huellas de jabalí, corzo y, si hay suerte y paciencia, rapaces en vuelo.
Las gargantas y arroyos que atraviesan el término municipal crean pozas de agua clara donde mucha gente de la zona se baña en verano. No esperes grandes “piscinas naturales” con chiringuito, sino rincones más discretos, a veces con acceso algo resbaladizo y sin servicios. Los alrededores están salpicados de antiguos molinos y fuentes que recuerdan el aprovechamiento tradicional del agua, aunque no todos están señalizados ni restaurados.
Qué hacer
Navahondilla es terreno de senderismo tranquilo y rutas de monte. Desde el pueblo parten diversos caminos y pistas que suben hacia los puertos de montaña y collados, permitiendo ganar altura y sacar buenas vistas del Valle del Tiétar. Las rutas varían en dificultad: hay paseos suaves por el fondo del valle y pistas más largas y con desnivel para quien esté acostumbrado a caminar. Conviene preguntar en el pueblo por el estado de los caminos, porque no todos están marcados como sendero oficial y algunos se pierden entre fincas y pistas forestales.
La micología cobra protagonismo en otoño, cuando los bosques se llenan de aficionados a la recolección de setas. Boletus, níscalos y otras especies aparecen tras las primeras lluvias otoñales, convirtiendo una simple caminata en una salida de cesta en mano. Aquí es clave saber lo que se hace: si no se conocen bien las especies, mejor acompañarse de gente local o limitarse a observar. Y, por respeto, evitar dejar el monte lleno de basura o remover el suelo sin criterio.
La gastronomía local se apoya en lo que da la zona: huerta del Tiétar, castañas, carnes de caza y embutidos artesanos. Es una cocina sin florituras, muy de producto y de temporada. Las cerezas del Valle del Tiétar tienen buena fama y, durante su temporada (normalmente entre finales de mayo y junio), suele ser fácil encontrar venta directa en el entorno, en el propio pueblo o en pueblos cercanos según el año [VERIFICAR].
Para quien disfrute del turismo ornitológico, la zona es interesante por la mezcla de hábitats: ribera, bosque, matorral y zonas altas. En los alrededores se pueden observar pequeñas aves forestales y rapaces; los atardeceres desde los altos en torno al pueblo son un buen momento para sacar prismáticos.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en agosto, concentrando en pocos días la mayor parte de la actividad festiva del año. Es cuando vuelve mucha gente que vive fuera y el pueblo cambia de ritmo: verbenas, juegos tradicionales, algún acto religioso y comidas populares organizadas entre peñas y asociaciones.
A finales de octubre o principios de noviembre, coincidiendo con la temporada, se celebra la fiesta de la castaña, un guiño al fruto que durante siglos ayudó a llenar el plato en estas sierras. Los vecinos asan castañas al estilo tradicional, se improvisan meriendas y lo importante es más el rato de conversación que el “evento” en sí.
Las celebraciones de Semana Santa, aunque sencillas, mantienen el carácter recogido de las procesiones rurales castellanas, con una participación vecinal que les da sentido más allá del calendario turístico.
Información práctica
Para llegar a Navahondilla desde Ávila capital (a algo menos de 100 kilómetros [VERIFICAR]), se toma la N-502 en dirección a Talavera de la Reina hasta Sotillo de la Adrada, para luego continuar por la AV-924 que recorre el Valle del Tiétar. El trayecto ronda la hora y cuarto en coche, atravesando paisajes de media montaña y zonas de regadío. Desde Madrid, lo habitual es combinar autovía hacia Ávila o Talavera y luego enlazar con la misma carretera comarcal [VERIFICAR].
La mejor época para visitar Navahondilla depende de lo que busques. La primavera (abril-mayo) trae temperaturas suaves, campos verdes y frutales en flor. El verano se presta a combinar paseos tempranos con baños en las pozas y tardes tranquilas a la sombra; ojo con el calor en las horas centrales, que aquí también aprieta. El otoño es, seguramente, el momento más agradecido para caminatas entre castaños, setas y colores fuertes. El invierno puede ser frío y más gris, pero a cambio hay calma absoluta y los montes vacíos.
Es recomendable llevar calzado adecuado para caminar y algo de abrigo si se sube a la sierra, donde las temperaturas pueden bajar rápido incluso en verano. No hay grandes superficies comerciales ni una oferta enorme de servicios, así que conviene prever compras básicas antes de llegar, sobre todo si se va a pasar varios días. En agosto y fines de semana de buen tiempo, paciencia con el aparcamiento en el centro: el pueblo es pequeño y las calles, también.
Lo que no te cuentan
Navahondilla es pequeño y se ve rápido. Si lo que buscas es “mucho que hacer” en el propio pueblo, te vas a quedar corto. Funciona mejor como base tranquila para moverse por el Valle del Tiétar y Gredos que como destino de varios días sin salir del término.
Las fotos de pozas y bosques pueden dar la impresión de un lugar muy masificado o lleno de “spots” de redes sociales. No es el caso: aquí hay que caminar un poco, orientarse y asumir que muchos rincones son sencillos, sin pasarelas ni carteles explicativos.
Si vas en días de lluvia reciente, cuenta con barro, senderos resbaladizos y alguna pista en mal estado. Y si llegas en invierno entre semana, te puedes encontrar más tractores que gente paseando, así que ven con la idea de desconectar, no de hacer turismo urbano.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
Da tiempo a un paseo corto por el casco y poco más. Lo razonable:
- Vuelta tranquila por las calles del centro, fijándote en las casas de piedra y en los detalles de arquitectura popular.
- Parada en la plaza y la iglesia, echando un vistazo al entorno y al campanario.
- Si vas en coche, salir por alguna de las pistas cercanas al pueblo para asomarte a las vistas del valle, sin meterte en caminatas largas.
Con eso te haces una idea clara de qué tipo de pueblo es Navahondilla y de si te apetece volver con más calma.