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sobre Navahondilla
Municipio oriental del Tiétar; famoso por los Toros de Guisando (en su término o muy próximo según lindes históricas)
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Navahondilla es un pueblo pequeño del Valle del Tiétar, en la vertiente sur de Gredos. Antes de nada: el coche conviene dejarlo en las entradas del casco urbano y moverse andando. Las calles son estrechas y con bastante pendiente. No hay mucho tráfico, pero tampoco espacio para maniobrar.
Aquí viven menos de 400 personas. El ritmo es el de un pueblo agrícola normal del sur de Ávila: huertas, algo de ganado y vecinos que siguen trabajando el campo. No es un sitio preparado para grandes visitas ni para pasar todo el día viendo monumentos. Se recorre rápido.
El caserío es el típico de esta parte del Tiétar: muros de piedra o encalados, balcones de madera y tejados rojizos. Nada espectacular, pero el conjunto es coherente. Un paseo corto basta para entender cómo está organizado el pueblo.
Qué ver sin dar muchas vueltas
La iglesia de San Pedro está en la plaza. Es el edificio más visible del pueblo, con un campanario sencillo que se oye bien cuando marca las horas. No hay mucho más patrimonio construido que destacar.
Alrededor del casco urbano empiezan enseguida los caminos entre huertas, pequeños prados y zonas de monte. En esta parte del valle aparecen castaños viejos mezclados con pinos y robles. En otoño el cambio de color se nota bastante en las laderas.
Por el término municipal bajan varios arroyos. En algunos tramos se forman pozas donde la gente del entorno se baña cuando aprieta el calor. El agua suele estar fría y las orillas a veces tienen barro o piedras resbaladizas. Conviene ir con cuidado.
También quedan restos de molinos y construcciones ligadas al uso del agua. Muchos están medio ocultos y sin señalizar, así que hay que encontrarlos caminando por los senderos.
Caminar por los alrededores
Desde Navahondilla salen pistas forestales y caminos que suben hacia las primeras lomas de Gredos. No son rutas técnicas. Son recorridos sencillos por monte bajo y bosque, con bastante silencio entre semana.
Algunos caminos ganan altura poco a poco y abren vistas hacia el valle del Tiétar. Otros son paseos cortos alrededor del pueblo, más bien para caminar un rato y volver.
En otoño aparece gente buscando setas por los pinares y castañares. Hay boletus, níscalos y otras especies habituales de la zona. Si no se conocen bien, mejor no recoger nada: aquí también salen especies que se parecen bastante a las comestibles.
Quien tenga paciencia puede ver fauna del monte cercano: jabalíes, corzos y aves rapaces que planean sobre las laderas en las horas de menos calor.
Fiestas y costumbres
Las fiestas principales suelen celebrarse en agosto, cuando vuelven muchos vecinos que viven fuera durante el año. Es el momento en que el pueblo se llena más: actos religiosos, música por la noche y actividades organizadas por los propios vecinos.
En otoño, cuando toca recoger castañas, se mantiene alguna celebración ligada a este fruto. No es un evento grande ni pensado para atraer visitantes. Es más bien una reunión local que sigue la costumbre de la zona.
Un consejo rápido
Navahondilla no es un destino para pasar muchas horas. Funciona mejor como parada tranquila si ya estás recorriendo el Valle del Tiétar. Aparca arriba, camina un rato por el pueblo y luego sal a alguno de los caminos que rodean las huertas. Con eso ya te haces una idea del lugar.