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sobre San Esteban del Valle
En el Barranco de las Cinco Villas; famoso por el Vítor (fiesta declarada de interés) y su aceite
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A primera hora de la mañana, cuando aún no se oye más que alguna puerta que se abre y el agua corriendo por una fuente, el interior de la iglesia de San Esteban Protomártir queda en penumbra. La luz entra en franjas por las ventanas altas y se queda suspendida sobre la piedra gastada del suelo. Así empieza muchas veces la visita a San Esteban del Valle, uno de los pueblos del Valle del Tiétar que aún mantiene un ritmo bastante ajeno al de los lugares más transitados de Gredos.
El municipio ronda los setecientos habitantes y se sitúa en la vertiente sur de la sierra, donde el clima es algo más suave que en la cara norte. Aquí el calendario sigue muy ligado al campo: poda en invierno, huertas en primavera, fruta en verano, castañas cuando llega el frío.
Calles en pendiente y casas de piedra
Caminar por San Esteban del Valle implica asumir la cuesta. El casco antiguo se derrama por la ladera y las calles, empedradas en muchos tramos, suben y bajan sin demasiado orden. Algunas se estrechan hasta obligarte a pegarte a la pared si pasa un coche.
Las casas antiguas combinan mampostería, madera oscura y tejados de pizarra. Los balcones todavía se usan para lo de siempre: airear mantas, tender pimientos o dejar bandejas con higos cuando aprieta el final del verano. En primavera aparecen también las macetas, que rompen el gris de la piedra con rojos y morados bastante vivos.
Conviene llevar calzado con suela firme. Cuando llueve, ciertas calles se vuelven resbaladizas y las pendientes se notan más de lo que parece al mirarlas desde abajo.
El agua siempre cerca
Una de las cosas que más se perciben al pasear es el sonido del agua. Hay fuentes repartidas por pequeñas plazas y regatos que bajan desde la sierra. No son grandes cursos, más bien hilos constantes que refrescan el ambiente cuando llega julio.
En los alrededores del pueblo también quedan pozas y pequeñas gargantas donde tradicionalmente se iba a bañar la gente del lugar. Algunas siguen usándose en verano, aunque conviene preguntar a los vecinos por los accesos, porque no siempre están bien señalizados.
Castaños y senderos alrededor del pueblo
El paisaje que rodea San Esteban del Valle cambia bastante con las estaciones. En otoño, los castaños cubren el suelo de hojas gruesas y crujientes; en mayo el verde es más claro y el monte huele a tierra húmeda después de las tormentas.
Desde el propio pueblo salen caminos agrícolas y senderos que se adentran en estos bosques. Muchos se usaron durante décadas para ir a huertas, molinos o pequeñas fincas. Hoy se siguen caminando, aunque no todos están señalizados, así que es buena idea llevar mapa o GPS si se quiere alargar la ruta.
La sierra de Gredos queda muy presente en el horizonte. Para ascensiones a cumbres altas normalmente se parte desde zonas más elevadas del valle, pero San Esteban sirve como base tranquila si se quiere recorrer el Tiétar con calma.
La iglesia y otros rincones del casco antiguo
La iglesia parroquial, levantada en el siglo XVI con reformas posteriores, ocupa uno de los puntos más visibles del pueblo. La portada de granito es sobria y el campanario cuadrado se reconoce desde varios puntos del valle.
Dentro se conservan retablos y una pila bautismal antigua bastante desgastada por el uso. No siempre está abierta, así que a veces toca coincidir con horario de misa o con alguien del pueblo que tenga la llave.
Cerca aparecen otros elementos que hablan de la vida cotidiana de hace no tanto: lavaderos públicos, pequeños hornos comunales y plazas donde todavía se juntan los vecinos a la sombra cuando cae la tarde.
Huertas, castañas y cocina de casa
Las huertas siguen teniendo peso en la economía local. En temporada se cultivan judías del Barco, patatas, algunas hortalizas y frutales repartidos por las terrazas del valle.
La cocina que se ve por aquí es la que corresponde a ese paisaje: guisos de cuchara cuando refresca, judías con acompañamientos de matanza, patatas cocidas con hierbas del monte. En años húmedos también aparecen setas en los robledales cercanos, aunque la cantidad cambia mucho de una temporada a otra.
Cuándo hay más movimiento
Durante buena parte del año el pueblo es tranquilo. El ambiente cambia en agosto, cuando regresan muchas familias que viven fuera y las calles vuelven a llenarse por la noche.
Las celebraciones vinculadas a San Esteban suelen concentrarse hacia finales de diciembre, aunque el momento con más gente suele coincidir con las fiestas de verano y reuniones vecinales que se organizan en esas semanas.
Si se busca caminar con calma por el casco antiguo o por los caminos de alrededor, los meses de primavera y otoño suelen resultar más agradables: menos calor, menos coches y ese silencio del valle que solo se rompe con el agua de las gargantas o alguna campana a lo lejos.