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sobre Villarejo del Valle
Pueblo con arquitectura popular muy bien conservada; situado en el Barranco de las Cinco Villas
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A primera hora, cuando el sol empieza a tocar las laderas de Gredos, el turismo en Villarejo del Valle todavía no existe como tal. Solo se oye el agua corriendo por alguna regadera y el golpe seco de una persiana que se abre. Las casas de piedra guardan la frescura de la noche y en el aire hay olor a leña vieja y a tierra húmeda. El pueblo se asienta en la vertiente sur de la Sierra de Gredos, dentro del Valle del Tiétar, rodeado de castaños y robles que en otoño cambian todo el paisaje a tonos ocres.
Villarejo del Valle es pequeño —apenas unos cientos de habitantes— y está a unos 800 metros de altitud. Se recorre sin mapa: calles estrechas, cuestas cortas y rincones donde la piedra aparece en cada fachada. Los balcones de madera oscurecida por el tiempo y los muros gruesos hablan de un pueblo que ha cambiado poco en su forma de construirse.
La plaza y la iglesia de San Andrés
En el centro aparece la iglesia de San Andrés, levantada en el siglo XVI. No es grande, pero desde la plaza se impone por pura posición: el campanario sobresale entre los tejados y marca el ritmo del pueblo con sus toques.
Alrededor quedan calles empedradas que a veces se abren en pequeños patios o corrales. Si caminas sin prisa aparecen detalles fáciles de pasar por alto: una reja antigua con hierro grueso, una viga de madera tallada o un portalón ancho que delata antiguas cuadras. En algunas casas aún se conservan lagares y bodegas familiares, recuerdo de cuando la viña tenía más presencia en el valle.
Las gargantas y el agua fría del Barbellido
El agua marca buena parte de la vida en Villarejo del Valle. La garganta de Barbellido baja desde las alturas de Gredos formando pozas y pequeñas cascadas entre rocas redondeadas. En verano, cuando el calor aprieta en el valle, la gente se acerca a estas piscinas naturales. El agua suele bajar muy fría incluso en agosto.
En los días tranquilos se oye el golpe constante del agua contra la piedra y el zumbido de los insectos entre la vegetación de ribera. Conviene madrugar si se quiere encontrar calma en pleno verano; a partir del mediodía algunas zonas se llenan bastante.
Caminos entre castaños y robles
Alrededor del pueblo salen varios senderos que conectan con otras localidades del valle o se internan en el monte. Algunos tramos todavía conservan empedrados antiguos y pequeñas cruces de piedra en los cruces de caminos.
Los castañares tienen especial presencia en esta parte del Tiétar. En otoño el suelo queda cubierto de hojas y erizos abiertos, y el olor es húmedo y denso. Es una época especialmente buena para caminar, aunque después de lluvias el barro aparece rápido en las zonas sombrías.
No es raro ver cabras montesas en las partes altas de la sierra, y en los claros del bosque a veces se mueven corzos al amanecer o al caer la tarde.
Excursiones hacia las cumbres de Gredos
Desde el entorno de Villarejo hay caminos que ganan altura hacia la sierra. Algunos senderistas utilizan esta zona como punto de partida o de paso para rutas más largas por Gredos. Alcanzar lugares altos del macizo —como la zona de la Laguna Grande— ya implica recorridos largos y bastante desnivel, así que conviene planificar bien la jornada y consultar el estado de los accesos antes de intentarlo.
Para quien prefiera caminatas más cortas, los senderos que siguen arroyos y gargantas permiten paseos frescos incluso en verano, con tramos de sombra casi continua.
Lo que se come en las casas del valle
La cocina de la zona es directa y de plato hondo. Las judías, los guisos con embutido y las patatas revolconas aparecen con frecuencia en las mesas del valle. La carne de ternera de la provincia también es habitual, igual que las migas en los meses fríos.
En temporada de setas o de castañas, muchos platos cambian ligeramente según lo que dé el monte ese año.
Cuándo ir y qué tener en cuenta
La primavera trae más agua en las gargantas y mucho verde en los bosques. El otoño, con los castaños cargados, suele ser uno de los momentos más bonitos para caminar por la zona.
En verano el pueblo se anima bastante, sobre todo los fines de semana. Tradicionalmente se celebran fiestas patronales con procesiones y verbenas, cuando regresan muchos vecinos que viven fuera. Si buscas tranquilidad, mejor venir entre semana y moverte temprano por la mañana o al caer la tarde, cuando el valle vuelve a quedarse en silencio.