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sobre Zamora
Capital de la provincia conocida como la ciudad del Románico por excelencia; destaca su catedral y el río Duero que bordea el casco histórico lleno de iglesias medievales y ambiente tranquilo
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El Puente de Piedra es un buen sitio para empezar a entender Zamora. El actual es medieval, de los siglos XII y XIII, y durante mucho tiempo fue la única entrada desde el sur. Sus doce arcos cruzan un río que aquí nunca fue decorativo: era frontera, vía de comercio y línea de defensa. La ciudad creció vigilando ese paso.
Una muralla para contenerla
A finales del siglo IX, durante la repoblación del reino de León, se levantó una muralla potente. La ciudad ya existía —hay restos romanos—, pero fue entonces cuando adquirió su función clara de plaza fuerte frente al sur. Quedan tramos visibles y algunas puertas, aunque muchas se reformaron con los siglos. Caminar junto a la piedra permite entender la escala de la Zamora medieval: compacta, contenida en la meseta que domina el río.
Dentro del recinto se explica otro rasgo de la ciudad: la concentración de iglesias románicas. En un área relativamente pequeña se conservan más de veinte templos de los siglos XI al XIII. No era solo cuestión religiosa; cada parroquia organizaba un barrio, un gremio, una comunidad.
San Pedro y San Ildefonso, muy transformada, ocupa uno de los puntos altos. Santa María la Nueva, algo más abajo, está vinculada a un episodio local: el Motín de la Trucha, una revuelta del siglo XII que terminó con la iglesia incendiada y luego reconstruida.
La catedral y su cimborrio
En la plaza de la Catedral cambia la escala. El templo se empezó a mediados del siglo XII y pertenece al románico tardío del reino de León. Desde lejos lo que más llama es el cimborrio: una cúpula gallonada con escamas de piedra que no tiene muchos paralelos en Castilla.
Su forma recuerda a soluciones de la misma época, como la catedral vieja de Salamanca o la colegiata de Toro. No está claro de dónde tomaron el modelo los maestros que trabajaron aquí, pero muestra cómo circulaban las ideas por los reinos medievales.
El interior es sobrio. El coro y varias capillas son posteriores. El museo catedralicio guarda piezas de orfebrería y tapices flamencos que llegaron en momentos de prosperidad comercial.
El alcázar y el cerco
En el extremo occidental se levanta el Alcázar, junto a los jardines que miran al Duero. La fortaleza original es altomedieval y se reformó varias veces. Lo que se ve hoy es resultado de restauraciones, pero el lugar mantiene su valor estratégico: desde aquí se domina el río y el valle.
Zamora aparece en crónicas por sus asedios. Uno de los conocidos es el de 1475, durante la guerra de sucesión castellana, cuando tropas partidarias de Juana la Beltraneja se refugiaron en la ciudad frente a los de Isabel. Es un episodio más en una tradición larga de resistencias tras las murallas.
Hoy el recinto funciona más como parque que como fortaleza visitable, pero el paseo por la zona del castillo y los miradores sigue siendo uno de los lugares donde mejor se entiende la posición de la ciudad.
Comer lo que se ha comido siempre
La cocina zamorana está ligada a la matanza del cerdo y a las legumbres de la comarca. El arroz a la zamorana mezcla arroz con distintos cortes y especias; es un plato contundente que aparece en comedores tradicionales.
También es habitual el habón de Sanabria, una alubia grande que se cocina con productos de la matanza. El queso zamorano, de leche de oveja churra o castellana, lleva denominación de origen y se cura durante meses hasta formar una corteza firme.
En el mercado de abastos y en puestos de los mercados semanales se encuentran embutidos, legumbres o quesos de la provincia. Es una manera de ver qué se consume realmente aquí.
Cuándo ir y cómo moverse
La Semana Santa es uno de los momentos en que la ciudad cambia más. Las procesiones comienzan de madrugada y el sonido de los tambores recorre las calles durante varios días. Fuera de esas fechas, el ritmo es más tranquilo.
El centro histórico se recorre caminando sin dificultad. Desde la zona de la catedral hasta el Puente de Piedra hay poco más de un kilómetro, aunque las cuestas se notan en verano. Conviene llevar agua si se visita en los meses de más calor: la piedra refleja el sol y la sombra no siempre abunda.
Zamora está conectada por carretera con Salamanca, Benavente y la autovía Ruta de la Plata (A‑66). También llegan trenes desde Madrid y otras ciudades de Castilla y León. Una vez en la ciudad, lo práctico es dejar el coche en las zonas de aparcamiento del ensanche y entrar al casco antiguo a pie.