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sobre Montferri
Famoso por su santuario modernista obra de Jujol que imita las formas de Montserrat
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La carretera llega a Montferri entre campos abiertos. A primera hora apenas pasa nadie: solo el sonido de las ruedas sobre el asfalto y algún gorrión moviéndose entre los almendros que bordean los márgenes. En días claros la luz cae muy limpia sobre las casas bajas del pueblo, y todo parece moverse despacio, como si el ritmo todavía lo marcaran las tareas del campo.
El turismo en Montferri gira en torno a una pieza muy concreta del paisaje: el santuario que se levanta en una colina a las afueras. Antes de verlo de cerca ya se distingue desde la carretera, con una silueta extraña para un entorno agrícola tan abierto.
El santuario de Montserrat, la obra de Jujol
En lo alto aparece el Santuario de la Virgen de Montserrat, al que muchos en la comarca llaman la “Catedral del Camp”. La expresión puede sonar exagerada hasta que uno se acerca y empieza a ver las columnas inclinadas, las curvas del techo y ese aire orgánico tan propio de Josep Maria Jujol, arquitecto muy vinculado al círculo de Gaudí.
El proyecto se inició en los años veinte y durante mucho tiempo quedó a medias, algo que todavía se percibe en ciertas partes del edificio. Las paredes de piedra clara recogen bien la luz del mediodía y, alrededor, solo hay campos y caminos agrícolas. No hay casi nada que distraiga la mirada.
Conviene subir con calma. La carretera que llega hasta arriba es estrecha y en días de más movimiento puede costar encontrar sitio para aparcar cerca, así que mucha gente opta por dejar el coche un poco más abajo y terminar el último tramo andando.
El pequeño núcleo del pueblo
El centro de Montferri se recorre rápido. Calles cortas, algunas fachadas encaladas, portales de piedra que todavía conservan marcas de herramientas antiguas. No es un pueblo monumental, pero sí mantiene esa escala tranquila de los núcleos agrícolas del Alt Camp.
La iglesia parroquial de Sant Bartomeu queda en el centro del entramado. Su torre, reformada con el paso del tiempo, se ve desde varios puntos del pueblo y sirve un poco de referencia cuando uno camina sin rumbo.
Si llegas a media mañana entre semana, lo más probable es que encuentres pocas personas en la calle. El silencio aquí no es escenográfico; es simplemente el ritmo normal de un municipio pequeño.
Caminos entre viñedos y almendros
Al salir del núcleo urbano el paisaje se abre enseguida. El Alt Camp aparece como un mosaico de parcelas: viñedos, campos de cereal y almendros que en los últimos días del invierno empiezan a florecer. Cuando sopla algo de viento, las ramas chocan suavemente y el sonido se mezcla con el de los insectos y las aves que sobrevuelan la zona.
Hay caminos agrícolas que permiten caminar o ir en bicicleta hacia pueblos cercanos. Algunos enlazan con carreteras secundarias que llevan hacia Valls o hacia el valle del Gaià, pasando por zonas de bosque mediterráneo bajo.
En verano el sol cae fuerte y muchos tramos no tienen sombra, así que conviene llevar agua y cubrirse la cabeza si se va a caminar un rato largo.
Jujol en el Camp de Tarragona
Quien tenga curiosidad por la arquitectura de Jujol suele aprovechar la visita para acercarse a otros lugares de la comarca donde dejó obra. En varias localidades cercanas hay edificios y reformas firmadas por él, algunas muy discretas, casi escondidas en calles normales.
Miradas después de ver el santuario de Montferri, se reconocen enseguida ciertos gestos: las curvas, el gusto por las formas poco rígidas, la sensación de que el edificio se mueve ligeramente.
Lo que se cultiva aquí también se come
El paisaje agrícola no es solo decorativo. Almendras, viña y huerta han formado parte de la economía local durante generaciones, y todavía hoy muchos productos de la zona giran alrededor de esos cultivos.
En los pueblos cercanos es fácil encontrar almendras tostadas, dulces elaborados con frutos secos o cocas saladas que suelen aparecer en reuniones familiares y fiestas locales. Los vinos de la zona también forman parte de esa tradición agrícola del Camp de Tarragona, muy ligada al clima seco y a los suelos calcáreos.
Cuándo pasar por Montferri
Montferri suele estar más animado durante las celebraciones del verano, cuando el pueblo organiza actos en honor a Sant Bartomeu. Son días en los que las calles se llenan más de lo habitual y aparecen bailes, música y mesas compartidas entre vecinos.
Si lo que buscas es ver el santuario y caminar por los alrededores con calma, es mejor acercarse en primavera o en otoño. El campo está más vivo, la luz es más suave y el silencio vuelve a ocupar el espacio entre una casa y la siguiente.