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sobre Boadella i les Escaules
Dos núcleos con encanto rural; destaca por el castillo y el entorno del río Muga
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Boadella i les Escaules es de esos sitios que descubres casi por accidente. Vas camino de otro lado, miras el mapa, ves un desvío hacia el interior del Alt Empordà y piensas: “vamos a ver qué hay”. Y cuando llegas entiendes rápido el ritmo del lugar: aquí nadie parece tener prisa.
El turismo en Boadella i les Escaules no funciona como en la costa cercana. A unos veinte kilómetros del mar, el ambiente cambia bastante: campos de cultivo, encinas, carreteras estrechas y ese silencio que solo rompen los pájaros o algún tractor pasando despacio. Con unos 260 habitantes, el municipio vive más de su día a día que de las visitas de fin de semana.
No hay grandes monumentos ni un casco histórico de esos que salen en todas las guías. Lo que tiene es otra cosa: la sensación de que el pueblo sigue funcionando como siempre.
Dos núcleos y un paisaje muy del interior
El municipio se divide en dos núcleos: Boadella y Les Escaules. Están cerca, pero cada uno tiene su pequeño carácter. Calles estrechas, casas de piedra bastante sobrias y la sensación de que muchas puertas llevan décadas viendo pasar la misma vida.
La iglesia parroquial de Sant Feliu, de origen románico, entra dentro de esa lógica de la zona: arquitectura sencilla, nada grandilocuente. Es el tipo de edificio que forma parte del paisaje del pueblo más que un monumento en sí.
Alrededor aparecen masías dispersas entre campos y bosque mediterráneo. Algunas siguen habitadas, otras parecen medio dormidas. Cuando recorres los caminos rurales vas encontrando estas casas aquí y allá, y ayudan a entender cómo se organizaba el territorio agrícola de la zona.
Conviene recordar algo básico: muchas son propiedades privadas. Si vas caminando o en bici, mejor mantenerse en los caminos marcados.
El pantano de Darnius‑Boadella
El elemento que más cambia el paisaje es el pantano de Darnius‑Boadella. Desde ciertos puntos del municipio se intuye esa lámina de agua que rompe el verde oscuro de los montes cercanos.
Alrededor del embalse hay senderos y caminos que la gente utiliza para pasear o pedalear. También se ven kayaks cuando la normativa lo permite y el nivel del agua acompaña. Lo mismo con la pesca o el baño en algunos puntos señalizados.
El nivel del pantano cambia bastante según el año y las lluvias. Hay temporadas en las que el agua ocupa buena parte del valle y otras en las que deja ver más orilla de la que uno esperaría. Forma parte del paisaje de esta zona: aquí el agua siempre ha marcado el ritmo.
Caminar por la zona
Si te gusta caminar sin complicarte demasiado, los alrededores del pueblo funcionan bien. Hay caminos rurales que conectan campos, bosque y pequeñas subidas desde las que se ve el embalse o las colinas del Alt Empordà interior.
No son montañas altas ni rutas técnicas, pero algunas cuestas aprietan un poco, sobre todo en verano cuando el sol cae directo. Llevar agua y salir temprano suele ser buena idea.
También es terreno agradecido para bicicleta si te manejas bien por pistas de tierra.
Comer como se ha hecho siempre por aquí
En esta parte del Empordà manda mucho la huerta y la cocina de casa. Platos sencillos, de esos que no necesitan demasiada explicación: verduras salteadas, embutidos de la zona, guisos que aparecen cuando refresca.
Un plato bastante típico en Cataluña, los espinacs a la catalana —espinacas con pasas y piñones— aparece a menudo en mesas de la zona, sobre todo en casas o menús tradicionales. Cocina directa, sin demasiadas vueltas.
Una buena base para explorar el interior del Alt Empordà
Boadella i les Escaules también puede servir como punto tranquilo desde el que moverse por el interior de la comarca. A poca distancia están pueblos de montaña como Maçanet de Cabrenys, y en dirección contraria Figueres queda relativamente cerca si te apetece una parada más cultural.
Pero siendo honesto, este municipio no es un sitio al que vengas a “ver muchas cosas”. Es más bien ese tipo de lugar donde bajas del coche, das una vuelta sin rumbo, escuchas el silencio un rato y entiendes rápido cómo se vive lejos del ruido de la costa. Y a veces eso ya es suficiente.