Artículo completo
sobre Cabanelles
Extenso municipio rural con masías dispersas; puerta de enlace entre el llano y la montaña
Ocultar artículo Leer artículo completo
Cabanelles es un poco como esos pueblos por los que pasas en coche y piensas: “aquí no debe pasar gran cosa”. Y, en realidad, es justo eso lo que tiene. Nada de carteles gigantes ni calles preparadas para hacerse fotos; solo un municipio pequeño del Alt Empordà, con menos de 300 vecinos, rodeado de campos de cereal y olivares. Un sitio donde la vida diaria pesa más que cualquier intento de parecer bonito para el visitante.
A diferencia de otros lugares que parecen pensados para una postal, Cabanelles se muestra tal cual. Casas de piedra, tejados rojizos, caminos de tierra y algún tractor aparcado a la sombra después de trabajar. Cuando caminas por aquí notas enseguida que el ritmo es otro: silencio, algún perro que ladra desde un patio y, en invierno, ese olor a leña que sale de las chimeneas. Está entre la llanura del Empordà y las primeras ondulaciones que suben hacia el interior, así que el paisaje cambia lo justo para que el paseo no sea siempre lo mismo.
El pequeño núcleo alrededor de Sant Esteve
El centro del pueblo es sencillo y se organiza alrededor de la iglesia de Sant Esteve. El edificio tiene origen antiguo, aunque se ha ido tocando con el paso de los siglos, como suele ocurrir en estos pueblos donde las cosas se arreglan cuando hace falta y no cuando toca en un libro de historia.
Sentarte un rato por allí ayuda a entender cómo funciona el lugar: la iglesia, unas pocas calles y, enseguida, campo abierto. Alrededor aparecen masías dispersas que llevan generaciones en las mismas familias. Algunas tienen esa pinta robusta de piedra gruesa y bóvedas que recuerda a historias medievales, pero conviene no olvidar algo básico: son casas donde vive gente. Mejor quedarse en los caminos públicos y no cruzar cercas por curiosidad.
Caminar sin rumbo por el paisaje del Empordà interior
Uno de los planes más naturales en Cabanelles es simplemente andar. Muchos caminos salen del pueblo hacia huertas pequeñas, encinas y vaguadas suaves. No es un paisaje espectacular de esos que te dejan con la boca abierta, pero tiene algo agradable: espacio, silencio y la sensación de que nadie tiene prisa.
Si subes a algún punto algo más alto de los alrededores, a veces se alcanza a ver bastante lejos. En días claros incluso pueden dibujarse los Pirineos en el horizonte, muy finos, casi como una sombra azul.
Caminos rurales y rutas tranquilas
Por la zona hay rutas senderistas que enlazan con otros pueblos del entorno, como Bàscara o Sant Miquel de Fluvià, siguiendo caminos rurales bastante claros. No esperes grandes desniveles ni senderos técnicos. Son trayectos de esos que se hacen sin pensar demasiado, charlando mientras caminas.
También es terreno agradecido para la bici. Las carreteras secundarias suelen tener poco tráfico y las pistas agrícolas permiten montar recorridos largos casi siempre entre campos abiertos. Eso sí: conviene llevar agua y algo de comida, porque en esta parte del Empordà los servicios aparecen muy de vez en cuando.
Comer por la zona
En Cabanelles no vas a encontrar una calle llena de restaurantes. Es un pueblo pequeño y la vida aquí no gira alrededor del visitante. Mucha gente que pasa el día por la zona termina comiendo en localidades cercanas, donde sí hay más movimiento.
Eso no quita que el entorno tenga buena materia prima: aceite de oliva, vinos del Empordà, embutidos y verduras de huerta que siguen saliendo de explotaciones pequeñas de la comarca.
Un buen punto de partida para moverse por el Alt Empordà
Cabanelles también funciona como base tranquila para recorrer esta parte del Alt Empordà. En coche llegas relativamente rápido a lugares mucho más conocidos.
Figueres queda a poca distancia y concentra bastante movimiento cultural y comercial. Y hacia el oeste está Besalú, con su famoso puente de piedra sobre el Fluvià, que suele atraer bastante más gente. Después de pasar por esos sitios, volver a Cabanelles tiene algo curioso: de repente todo vuelve a estar en silencio.
Una fiesta mayor muy de pueblo
En agosto suele celebrarse la fiesta mayor. No es un evento enorme ni pretende serlo. Suele haber música, algún baile y actos que siguen el calendario tradicional de muchos pueblos catalanes.
Es el tipo de celebración donde se junta la gente del pueblo, vuelven familiares que viven fuera y la plaza se anima durante unos días. Nada espectacular, pero muy reconocible para cualquiera que haya pasado veranos en pueblos pequeños.