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sobre Castelló d'Empúries
Capital medieval del condado con una "catedral" gótica; incluye la marina residencial de Empuriabrava
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La luz de las nueve de la mañana entra por los rosetones de la Basílica de Santa Maria y dibuja círculos azulados sobre la piedra del suelo. Fuera, en la plaza, alguna terraza empieza a moverse despacio: cucharillas contra la taza, el rumor bajo de una conversación, el chirrido de una persiana que se levanta. El camarero cruza la plaza con la bandeja sin apurarse. En Castelló d'Empúries el día arranca así, con calma, bajo la fachada inmensa de una iglesia que parece demasiado grande para el tamaño del pueblo.
El rumor de las piedras
Caminar por Castelló es notar cómo cambia el sonido de los pasos según la calle. En el antiguo Call judío las calles se estrechan y la piedra guarda más sombra. Son tramos cortos, casi domésticos, donde las fachadas quedan muy cerca unas de otras y el eco rebota entre portales.
Durante la Edad Media aquí vivió una comunidad judía importante dentro del Empordà. Hoy quedan sobre todo las trazas urbanas: callejones torcidos, patios interiores, algún arco bajo que obliga a agachar un poco la cabeza al pasar. No hay grandes carteles explicativos; lo que queda se adivina más que se explica.
Al llegar al puente sobre la Muga el espacio se abre. El río baja tranquilo la mayor parte del año, y desde el centro del puente se ve bien la silueta de la basílica sobresaliendo por encima de los tejados. El puente actual conserva partes antiguas, aunque ha tenido reformas con el tiempo. A ciertas horas, sobre todo al atardecer, el agua refleja las fachadas claras de la orilla y el ruido del tráfico desaparece por un momento.
Cuando el viento trae el mar
En cuanto sopla la tramontana el cielo cambia. El aire se vuelve seco y transparente, y desde algunas calles altas llega un olor lejano a marismas y sal. El golfo de Roses está a pocos kilómetros y, cuando el viento empuja desde allí, el paisaje entero parece más abierto.
Castelló fue durante siglos un centro político importante dentro del Empordà medieval. Aún se nota en la escala de algunos edificios: la basílica, el antiguo palacio condal, las plazas amplias que no encajan del todo con la idea de un pueblo pequeño.
A mediodía el movimiento se concentra en torno a la plaza y a las calles cercanas. Alguna cocina deja escapar olor a sofrito y a carne a la brasa, y las conversaciones se alargan más de lo previsto. Aquí la comida todavía funciona como pausa larga del día, sobre todo fuera de los meses más turísticos.
Restos de guerras y defensas
En el extremo norte del casco urbano aparece la llamada Torre Carlina. Es una construcción del siglo XIX relacionada con las guerras carlistas, levantada como punto defensivo en una zona que entonces tenía valor estratégico. Hoy queda como una ruina irregular de piedra, con hierba creciendo entre los muros.
No es un monumento restaurado ni preparado para grandes visitas. Más bien parece un resto que el pueblo ha decidido dejar donde está, recordando un episodio de un siglo complicado.
Algo parecido ocurre con las antiguas dependencias de la prisión medieval. En las paredes aún se ven marcas y grabados hechos por presos a lo largo del tiempo. Son incisiones simples en la piedra: nombres, fechas difíciles de leer, algún dibujo torpe. Pequeñas señales de gente que pasó aquí días bastante menos tranquilos que los actuales.
Cuándo venir y cuándo tomárselo con calma
La primavera suele ser un buen momento para recorrer Castelló d'Empúries a pie. Los campos alrededor del pueblo están verdes y en las acequias corre más agua. Además, la luz de esta parte del Empordà tiene algo limpio después del invierno, sobre todo por la mañana.
En verano el ambiente cambia bastante, en parte por la proximidad de la costa y de urbanizaciones cercanas. El casco histórico sigue siendo agradable a primera hora del día o ya entrada la tarde, pero a mediodía el calor aprieta y las calles se quedan casi vacías.
A lo largo del año el pueblo celebra varias ferias y actividades culturales, algunas relacionadas con su pasado medieval. Cuando coinciden, las plazas se llenan rápido y el ambiente es mucho más ruidoso de lo habitual. Si buscas caminar con calma por el centro histórico, conviene evitar esos fines de semana.
Al caer la tarde la luz baja por la fachada de la basílica y las golondrinas empiezan a cruzar el cielo sobre el río. La plaza se va llenando poco a poco y el día termina sin ceremonias. Castelló d'Empúries funciona mejor así: sin prisa, dejando que la piedra, el viento y la luz hagan su parte.