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sobre Colera
Pueblo costero tranquilo al norte del Cap de Creus; playas de guijarros y ambiente familiar
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En el extremo más septentrional de la Costa Brava, casi rozando la frontera francesa, Colera se esconde como uno de esos secretos que los viajeros experimentados guardan con celo. Este pequeño pueblo marinero de apenas 479 habitantes ha sabido conservar su esencia auténtica, alejado del turismo masivo que caracteriza otros puntos del litoral gerundense. Con los pies en el Mediterráneo y la espalda protegida por las estribaciones de los Pirineos orientales, Colera ofrece esa combinación perfecta de mar y montaña que tanto buscan quienes desean desconectar de verdad.
Pasear por sus calles tranquilas, contemplar las barcas varadas en la playa y sentir la brisa marina mientras al fondo se recortan las siluetas del Cap de Creus, es adentrarse en una Cataluña costera que resiste con dignidad. Aquí el tiempo parece fluir a otro ritmo, marcado por las mareas y las estaciones, donde todavía es posible encontrar rincones solitarios junto al mar incluso en pleno verano.
La historia de Colera se remonta a tiempos íberos y romanos, y ese pasado milenario ha dejado huellas que hoy podemos rastrear entre calas, senderos y piedras antiguas. Es un destino para quien busca autenticidad, naturaleza sin artificios y la oportunidad de conocer el Empordà más genuino.
Qué ver en Colera
El patrimonio histórico de Colera tiene en el Castillo de Molinàs su máximo exponente. Encaramado en lo alto de una colina que domina el pueblo y la bahía, este castillo medieval del siglo XVI formaba parte del sistema defensivo de la costa. Aunque está en ruinas, la subida hasta él regala unas vistas panorámicas excepcionales del Cap de Creus y toda la bahía de Colera. El camino de acceso es sencillo y muy recomendable al atardecer.
Junto al mar, las ruinas del Antiguo Monasterio de Sant Miquel de Colera evocan el pasado medieval del pueblo. Este cenobio benedictino, del que se conservan algunos muros y la estructura de la iglesia románica, fue fundado en el siglo XI y merece una visita para entender la importancia histórica de este enclave.
Las playas y calas son, sin duda, el principal atractivo natural. La playa de Colera es la principal, de arena y grava, ideal para familias por sus aguas tranquilas. Pero los verdaderos tesoros están en las calas de los alrededores: Garbet, pequeña y resguardada, y las más salvajes hacia el norte, camino de la frontera. Todas ellas conservan ese aspecto agreste y limpio del Mediterráneo genuino.
El entorno natural del Parque Natural del Cap de Creus abraza Colera, ofreciendo paisajes de roca, matorral mediterráneo y vistas al mar que cortan la respiración. Los acantilados y calas vírgenes son accesibles a pie por diversos senderos.
Qué hacer
El senderismo es la actividad estrella. La ruta hacia el Cap Ras y los búnkeres de la Guerra Civil permite caminar por la costa rocosa mientras se descubren fortificaciones defensivas de la contienda. Es una caminata circular de dificultad media con paisajes espectaculares.
Otra opción es el Camino de Ronda que conecta Colera con Portbou, siguiendo la línea de costa entre acantilados y calas. Este antiguo sendero de vigilancia costera ofrece tramos de gran belleza, aunque algunos son exigentes por el desnivel.
Para los amantes del mar, el buceo y snorkel encuentran aquí fondos marinos bien conservados, con praderas de posidonia y vida marina abundante. Las aguas cristalinas de las calas permiten practicar estas actividades con garantías.
En cuanto a la gastronomía, Colera mantiene viva la tradición pesquera del Empordà. Los restaurantes del paseo marítimo ofrecen pescado fresco y platos marineros tradicionales como la suquets de peix o el arroz a la cazuela. Los vinos de la DO Empordà acompañan perfectamente estas propuestas culinarias.
Fiestas y tradiciones
La Fiesta Mayor se celebra a finales de julio, en honor a Sant Pere, patrón de los pescadores. Durante varios días, el pueblo se llena de actividades tradicionales, sardanas, habaneras y verbenas populares que muestran el espíritu festivo ampurdanés.
En verano, especialmente en agosto, se organizan conciertos de habaneras junto al mar, una tradición muy arraigada en esta costa que evoca el pasado marinero y los vínculos con Cuba.
La Fiesta de la Vendimia, en septiembre, celebra la tradición vinícola de la comarca, aunque en Colera tiene un carácter más discreto que en otros pueblos del interior.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Girona, la forma más cómoda es por la autopista AP-7 hasta la salida 3 (Figueres) y luego seguir por la N-260 y la GI-612 hacia Llançà y Colera. Son unos 70 kilómetros, aproximadamente una hora de trayecto. Desde Barcelona, se puede llegar en unas dos horas por la misma ruta o siguiendo la carretera de la costa, más lenta pero escénica.
Mejor época: La primavera y el otoño son ideales para disfrutar de Colera sin las aglomeraciones estivales, con temperaturas suaves perfectas para el senderismo. En verano, el ambiente es más animado, pero conviene reservar alojamiento con antelación.
Consejos: Lleva calzado cómodo para caminar, especialmente si piensas explorar los senderos costeros. El viento de tramontana puede soplar con fuerza, algo a tener en cuenta. No olvides protección solar y agua para las rutas. El pueblo es pequeño, así que si viajas en temporada alta, reserva mesa en los restaurantes.