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sobre El Port de la Selva
Pueblo pesquero blanco en el Cap de Creus; alberga el monasterio de Sant Pere de Rodes
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En el extremo más septentrional del litoral catalán, donde la Sierra de Rodes se sumerge en las aguas del Mediterráneo, se encuentra El Port de la Selva, un antiguo pueblo de pescadores que ha sabido conservar su esencia marinera. Con apenas 1045 habitantes y situado a 12 metros de altitud, este rincón privilegiado del Alt Empordà ofrece una combinación única: calas de aguas cristalinas a los pies de montañas que superan los 600 metros de altura, creando un paisaje de contrastes que cautiva a todo viquel lo visita.
El Port de la Selva mantiene viva la atmósfera de los pueblos pesqueros tradicionales, con sus embarcaciones amarradas en el puerto, las casas blancas que trepan por las laderas y el ritmo pausado que marca la vida mediterránea. Aquí, el tramontana modela el carácter de sus habitantes y el paisaje, mientras el mar proporciona todavía hoy parte del sustento de la población. Es un destino ideal para quienes buscan autenticidad, naturaleza en estado puro y una experiencia alejada del turismo masificado.
La ubicación estratégica del municipio, entre el Parque Natural del Cap de Creus y a pocos kilómetros de la frontera francesa, lo convierte en un punto de partida excepcional para explorar una de las zonas más salvajes y fascinantes del litoral catalán.
Qué ver en El Port de la Selva
La joya patrimonial de la zona es sin duda el Monasterio de Sant Pere de Rodes, situado en las estribaciones de la Sierra de Rodes, a unos 5 kilómetros del núcleo urbano. Este conjunto monástico benedictino, que data del siglo X, es uno de los ejemplos más importantes del arte románico catalán. Su ubicación espectacular, dominando toda la bahía, y su excelente estado de conservación lo convierten en visita obligada. El campanario, la iglesia y el claustro ofrecen un viaje al pasado medieval, mientras las vistas desde este privilegiado balcón natural son sencillamente inolvidables.
En el propio pueblo, la iglesia parroquial de Santa Maria de les Neus, de estilo gótico tardío, preside la plaza principal. Merece la pena pasear por el casco antiguo, con sus callejuelas estrechas que desembocan en el paseo marítimo, donde el ambiente marinero se respira en cada esquina. El puerto deportivo y pesquero sigue siendo el corazón del pueblo, especialmente al atardecer cuando regresan las barcas.
La naturaleza es protagonista indiscutible. El Parque Natural del Cap de Creus ofrece paisajes de belleza agreste, con calas escondidas como la Cala Tavallera o la Cala Jugadora, accesibles por senderos costeros. Los acantilados de pizarra negra, esculpidos por el viento y el mar durante milenios, forman figuras caprichosas que han inspirado a artistas como Salvador Dalí.
Qué hacer
El Port de la Selva es un paraíso para los amantes del senderismo. La ruta al Monasterio de Sant Pere de Rodes puede hacerse a pie desde el pueblo (unos 40 minutos de ascenso) y ofrece panorámicas espectaculares. Para los más aventureros, el GR-11 atraviesa la zona, permitiendo recorridos más largos por el Cap de Creus.
Las actividades náuticas son otra gran atracción. El buceo y el snorkel en estas aguas transparentes permiten descubrir fondos marinos de gran riqueza biológica. Varias empresas locales ofrecen salidas en kayak para explorar las calas inaccesibles por tierra. La pesca deportiva y los paseos en barco también son opciones populares.
La gastronomía local se centra en los productos del mar. El pescado fresco y los arroces marineros son protagonistas en los restaurantes del puerto, donde también se puede degustar la cocina ampurdanesa tradicional con productos de proximidad. No hay que perderse el suquet de peix, preparado según recetas transmitidas de generación en generación.
Para los aficionados a la fotografía, tanto los amaneceres desde el monasterio como los atardeceres en el puerto ofrecen luz y encuadres excepcionales.
Fiestas y tradiciones
La fiesta mayor se celebra a principios de agosto en honor a Santa Maria de les Neus, con sardanas, habaneras junto al mar y actividades para todos los públicos. Es el momento en que el pueblo recupera a sus antiguos residentes y visitantes habituales.
En junio tiene lugar la festividad de Sant Pere, patrón de los pescadores, con la tradicional procesión marinera donde las embarcaciones engalanadas acompañan la imagen del santo. La Fiesta del Pescado, generalmente a mediados de julio, celebra la tradición pesquera con degustaciones y actividades culturales.
La Noche de San Juan, el 23 de junio, se vive intensamente en la playa con hogueras y baños rituales en el mar.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Girona (66 km), se accede por la C-260 hasta Figueres y luego la GI-612 que serpentea hasta la costa. El trayecto dura aproximadamente una hora. Desde Barcelona (160 km), se toma la AP-7 hasta Figueres. No hay conexión directa en transporte público, por lo que el coche es la opción más práctica.
Mejor época: La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son ideales para disfrutar de temperaturas agradables, playas tranquilas y naturaleza en su mejor momento. El verano ofrece vida más animada, aunque el tramontana puede soplar con fuerza en cualquier época.
Consejos: Reserva con antelación en temporada alta. Lleva calzado adecuado para senderismo. Respeta los espacios naturales protegidos y no dejes rastro en las calas.