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sobre La Selva de Mar
Pueblo pintoresco cerca del Port de la Selva; torres de defensa y calles de piedra
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Enclavada en las últimas estribaciones de la sierra de Rodes, a un paso del Mediterráneo pero sin asomarse directamente a él, La Selva de Mar es uno de esos secretos bien guardados del Alt Empordà. Con apenas algo más de doscientos habitantes y situada a 48 metros de altitud, esta pequeña aldea catalana conserva intacto el espíritu de los pueblos de montaña empordaneses, esos que crecieron a la sombra de antiguos monasterios y que vivieron durante siglos del cultivo de la vid y del olivo.
El nombre del municipio ya nos da pistas sobre su carácter: una "selva" –en el sentido catalán de bosque– junto al mar, un territorio de transición donde la tramontana modela los paisajes y los caracteres. Pasear por sus calles estrechas, entre casas de piedra con portales bajos y balcones de hierro forjado, es como retroceder varias décadas en el tiempo, cuando el ritmo de vida lo marcaban las estaciones y las campanas de la iglesia.
Desde Girona, La Selva de Mar se alcanza en aproximadamente una hora y cuarto tomando la C-260 en dirección a Figueres y luego desviándose hacia la costa por la GI-612, pasando por Vilajuïga. El trayecto ya merece la pena: la carretera serpentea entre viñedos y campos de olivos con el telón de fondo del Parque Natural del Cap de Creus.
Qué ver en La Selva de Mar
El corazón patrimonial de La Selva de Mar late en torno a la iglesia parroquial de Sant Feliu, un templo que hunde sus raíces en la época medieval aunque ha sido reformado en distintas épocas. Su sobria fachada de piedra y su campanario son referencias visuales que dominan el núcleo urbano. En el interior se conservan elementos de interés artístico que hablan de siglos de devoción popular.
El verdadero encanto del pueblo reside en su conjunto urbano, un entramado de calles que ha sabido conservar su trazado original. Las masías dispersas por el término municipal constituyen otro atractivo arquitectónico: construcciones robustas de piedra que durante generaciones han sido el centro de la actividad agrícola de la zona.
Para los amantes de la naturaleza, el entorno de La Selva de Mar ofrece paisajes de montaña baja mediterránea, con formaciones rocosas típicas del extremo oriental de los Pirineos. Los campos de viñedos y olivares dibujan una estampa agrícola que se mantiene viva, especialmente hermosa al atardecer cuando la luz rasante tiñe de dorado las laderas.
Qué hacer
La Selva de Mar es punto de partida ideal para diversas rutas de senderismo que conectan con el cercano Parque Natural del Cap de Creus. Los caminos rurales que rodean el municipio permiten caminatas de dificultad baja a moderada, perfectas para descubrir la flora mediterránea y avistar aves rapaces que sobrevuelan la zona.
Los aficionados al cicloturismo encontrarán en las carreteras secundarias que atraviesan el Alt Empordà un territorio perfecto para pedalear con calma, combinando tramos llanos entre campos de cultivo con suaves ascensos que regalan vistas panorámicas hacia el mar.
La gastronomía local se centra en los productos de la tierra: el aceite de oliva de producción propia, los vinos de la DO Empordà y los embutidos artesanales. Aunque en el propio municipio la oferta de restauración es limitada debido a su reducido tamaño, los pueblos vecinos como Llançà o Port de la Selva, a pocos kilómetros, ofrecen una excelente cocina marinera y de interior.
Una visita recomendable es acercarse hasta las bodegas de la zona para realizar catas y conocer el proceso de elaboración de los vinos empordaneses, caracterizados por la influencia de la tramontana en su sabor distintivo.
Fiestas y tradiciones
La Fiesta Mayor se celebra tradicionalmente en agosto, coincidiendo con el periodo estival cuando muchos descendientes de selvatencs regresan al pueblo. Durante esos días, la pequeña plaza se convierte en escenario de actuaciones, sardanas y comidas populares que reúnen a vecinos y visitantes.
En torno a la festividad de Sant Feliu, patrón del municipio, a principios de agosto, se organizan actos religiosos y culturales que mantienen vivas las tradiciones locales. Es el momento perfecto para acercarse y vivir la autenticidad de un pueblo que conserva sus costumbres.
Como en toda Cataluña, el 23 de junio se encienden hogueras de San Juan, una noche mágica en la que el fuego y las brasas purifican el inicio del verano, con verbenas que se prolongan hasta el amanecer.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Girona, tomar la C-260 dirección Figueres y después la GI-612 hacia la costa. El trayecto es de aproximadamente 75 kilómetros. Desde Barcelona, la opción más rápida es tomar la AP-7 hasta Figueres y después seguir hacia el este por carreteras comarcales.
Mejor época para visitar: La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son ideales para disfrutar del entorno natural sin las aglomeraciones turísticas de la costa en verano. Los inviernos son suaves, aunque la tramontana puede soplar con fuerza.
Consejos útiles: La Selva de Mar es un destino para desconectar y disfrutar de la calma. No esperes encontrar servicios turísticos masivos; su encanto reside precisamente en la tranquilidad. Lleva calzado cómodo para caminar y, si visitas en verano, protección solar y agua. Los pueblos vecinos complementan perfectamente una visita a La Selva de Mar, permitiendo combinar montaña y costa en una misma jornada.