Artículo completo
sobre Lladó
Pueblo con un importante conjunto monástico agustiniano; plaza mayor pintoresca y feria del queso
Ocultar artículo Leer artículo completo
En el corazón del Alt Empordà, donde la llanura ampurdanesa comienza a ondularse en suaves colinas, se encuentra Lladó, un pueblo de 852 habitantes que conserva intacto el ritmo pausado de la Cataluña rural. A 197 metros de altitud, este municipio gerundense ofrece una experiencia auténtica, lejos de las multitudes turísticas que pueblan la Costa Brava, pero lo suficientemente cerca para combinar ambos mundos.
Lladó es uno de esos pueblos que invitan a detenerse, a caminar sin prisa por sus calles y a descubrir la esencia de un territorio donde la historia se respira en cada piedra. Su ubicación estratégica, entre la ciudad de Figueres y los Pirineos, lo convierte en un punto de partida ideal para explorar el interior ampurdanés, ese gran desconocido que esconde tesoros arquitectónicos, paisajes serenos y una gastronomía que combina mar y montaña.
El viajero que llega a Lladó encontrará un pueblo vertebrado por su patrimonio religioso y civil, rodeado de campos de cultivo y masías centenarias que hablan de un pasado agrícola todavía presente. Aquí, el turismo no es una industria sino una invitación a compartir el día a día de una comunidad que mantiene vivas sus tradiciones.
Qué ver en Lladó
El elemento patrimonial más destacado de Lladó es la iglesia parroquial de Santa María, un templo de origen medieval que ha sido reformado a lo largo de los siglos. Su estructura conserva elementos románicos en la base, aunque la mayor parte del edificio actual corresponde a ampliaciones posteriores. El campanario, visible desde varios puntos del pueblo, es una referencia constante en el paisaje urbano de Lladó.
Pasear por el núcleo antiguo permite descubrir la arquitectura tradicional ampurdanesa, con casas de piedra, portales antiguos y callejuelas que invitan a perderse. Algunas masías en los alrededores del pueblo muestran la importancia histórica de la agricultura en la zona, con construcciones que datan de los siglos XVII y XVIII.
En los alrededores de Lladó, el paisaje se caracteriza por los campos de cultivo, olivares y pequeños bosques mediterráneos que ofrecen agradables rutas a pie o en bicicleta. Desde diversos puntos elevados del término municipal se obtienen vistas panorámicas del llano ampurdanés, con el macizo del Canigó recortándose al norte en los días claros.
El entorno natural invita a practicar senderismo por caminos rurales que conectan con pueblos vecinos como Navata o Garrigàs, descubriendo un paisaje agrícola salpicado de masías y ermitas.
Qué hacer
Lladó es un destino perfecto para quienes buscan desconectar y disfrutar del turismo rural tranquilo. Las rutas de senderismo por los caminos vecinales permiten conocer el territorio a pie, recorriendo antiguos caminos que unían las masías con el núcleo urbano. Estas rutas son aptas para todos los niveles y especialmente agradables en primavera y otoño.
Los aficionados al cicloturismo encontrarán en las carreteras secundarias de la zona itinerarios con poco tráfico y un perfil suave, ideales para recorrer el Alt Empordà sobre dos ruedas. Desde Lladó se puede pedalear hacia Bàscara, visitar los pueblos medievales cercanos o incluso alcanzar Figueres.
La gastronomía local es otro de los atractivos. La cocina ampurdanesa combina productos de la tierra y el mar, destacando elaboraciones tradicionales con aceite de oliva del Empordà, embutidos artesanos y platos de caza. En las épocas de temporada, las setas y los productos de la huerta protagonizan las mesas locales.
Lladó sirve como base para explorar el Alt Empordà: desde aquí se accede fácilmente a Figueres y el Teatro-Museo Dalí, a los pueblos medievales de la comarca, al Parque Natural de los Aiguamolls de l'Empordà o a las calas de la Costa Brava, todo a menos de 30 minutos en coche.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Lladó mantiene vivas las tradiciones populares catalanas. La Fiesta Mayor se celebra a mediados de agosto, con actos que incluyen actividades para todos los públicos, bailes tradicionales, verbenas y los infaltables castellers y gegants.
Durante el año, el pueblo participa en las celebraciones típicas del calendario catalán: Sant Jordi en abril, con actividades culturales; la noche de Sant Joan en junio, con hogueras y celebraciones; y las festividades navideñas, que incluyen pesebres vivientes y conciertos de villancicos.
En otoño, como en gran parte del Empordà, se organizan jornadas gastronómicas que celebran los productos de temporada, especialmente relacionadas con la recolección de la aceituna y la producción del aceite de oliva.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Girona capital, Lladó se encuentra a unos 35 kilómetros por la carretera N-260 dirección Figueres, con un tiempo de viaje de aproximadamente 35 minutos en coche. Desde Figueres, la distancia es de apenas 10 kilómetros por la GI-503. El acceso en transporte público es limitado, por lo que se recomienda vehículo propio para disfrutar con libertad de la zona.
Mejor época para visitar: La primavera (abril-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son las estaciones ideales, con temperaturas suaves y el campo en su mejor momento. El verano puede ser caluroso, aunque la proximidad a la costa permite combinar ambos entornos. El invierno es tranquilo y perfecto para quienes buscan máxima paz.
Consejos: Lladó es un pueblo pequeño, ideal para una escapada de día o como base para explorar la comarca. Conviene planificar con antelación el alojamiento y las comidas, especialmente en temporada alta.