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sobre Navata
Pueblo con un campo de golf de renombre; núcleo antiguo bien conservado
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A media tarde, cuando el sol ya no cae vertical sobre los campos, el aire en Navata trae olor a tierra removida y a leña vieja. Algún coche pasa despacio por la calle principal. Se oye hablar en catalán junto a una fuente y el golpe metálico de una herramienta en un pequeño garaje abierto. El turismo en Navata empieza entendiendo ese ritmo: un pueblo agrícola donde lo cotidiano todavía se ve en la calle.
Navata está en el Alt Empordà, a pocos kilómetros de Figueres y lejos del bullicio de la costa, aunque el mar queda relativamente cerca. El paisaje alrededor es abierto y bajo. Campos de cereal, hileras de olivos y alguna viña dispersa. En días claros, hacia el norte, la línea de los Pirineos aparece fina y azulada.
El pueblo se reconoce en cosas pequeñas. Puertas de madera gastada por los años. Muros de piedra que conservan irregularidades antiguas. Detrás de algunas casas hay huertos donde los tomates muy rojos destacan sobre el verde áspero de las tomateras. Cuando el sol baja, las fachadas toman un tono dorado breve. Dura poco, pero cambia todo el aspecto de la calle.
El casco antiguo y la iglesia de Sant Pere
La iglesia parroquial de Sant Pere aparece sin grandes gestos arquitectónicos. Piedra clara, volumen sobrio. Parte del edificio tiene origen medieval, aunque se han hecho reformas con el tiempo. Dentro, la nave es sencilla y fresca incluso en verano. La madera del retablo oscurecida deja ver el paso de muchos años.
Alrededor quedan calles cortas con casas antiguas, algunas restauradas y otras todavía con la piedra desnuda. Los balcones suelen ser pequeños. Desde ciertas esquinas se ve el campo casi pegado al casco urbano, algo bastante habitual en pueblos del Empordà interior.
A poca distancia empiezan caminos agrícolas que conectan con masías dispersas. Muchas conservan ventanas pequeñas y muros gruesos pensados para aislar del frío y del calor. Algunas siguen ligadas al trabajo del campo.
Caminar por el paisaje del Empordà interior
El terreno alrededor de Navata es llano. Los caminos de tierra permiten caminar o ir en bicicleta sin grandes desniveles. En primavera el verde domina los márgenes y aparecen flores pequeñas entre los cultivos. En otoño la tierra se vuelve más oscura y los árboles cercanos a las rieras pierden las hojas.
Conviene evitar las horas centrales en verano. El sol del Empordà cae fuerte y hay pocos tramos de sombra fuera del núcleo urbano. A primera hora de la mañana o al final de la tarde el paisaje cambia mucho: menos viento, luz más baja y el sonido constante de insectos entre los campos.
Desde algunos puntos ligeramente elevados se ve bien la llanura ampurdanesa. Es una vista amplia, casi horizontal, con los Pirineos cerrando el horizonte.
Productos del territorio
La cocina de la zona se apoya en lo que sale del campo y del mar cercano. En las tiendas del pueblo y de los alrededores suelen encontrarse aceite de oliva de la comarca, vinos de la DO Empordà y embutidos curados en el interior. También aparecen anchoas procedentes de la costa, sobre todo de L’Escala, muy ligada a esa tradición.
No hace falta moverse mucho para notar esa mezcla entre interior agrícola y proximidad al Mediterráneo. En pocos kilómetros cambian el paisaje y también los productos.
Fiestas y vida local
A principios de septiembre suele celebrarse la Fiesta Mayor. Durante esos días la plaza y algunas calles concentran bailes, música y encuentros vecinales. Las sardanas aparecen con frecuencia, como en muchos pueblos del Empordà.
En enero se mantiene la celebración vinculada a Sant Antoni, con la bendición de animales. Es una costumbre que recuerda hasta qué punto la vida del pueblo ha estado ligada al campo y al ganado.
Durante el verano también se organizan actividades culturales al aire libre. Son actos pequeños, pensados sobre todo para la gente del pueblo y de los alrededores.
Cómo llegar
Navata está a unos diez kilómetros de Figueres. Desde Girona se tarda alrededor de tres cuartos de hora por carretera si el tráfico es normal. El coche facilita moverse por la zona, sobre todo si se quieren recorrer caminos rurales o acercarse a otros pueblos del Alt Empordà.
También se puede llegar primero a Figueres en transporte público y continuar desde allí, aunque para explorar bien el entorno resulta más práctico disponer de vehículo propio.