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sobre Pont de Molins
Pueblo atravesado por el río Muga; destaca por su puente viejo y antiguos molinos
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Pont de Molins se encuentra en el extremo norte del Alt Empordà, en plena llanura ampurdanesa, donde el río Muga atraviesa campos de cultivo antes de dirigirse hacia el golfo de Roses. El municipio ronda los seiscientos habitantes y su historia siempre ha estado ligada al agua y a la agricultura. La cercanía de Figueres y de la frontera francesa explica también su papel como lugar de paso dentro de la comarca.
El puente y los molinos del Muga
El topónimo del pueblo remite directamente a su elemento más reconocible: el puente de piedra sobre el Muga. Durante siglos fue uno de los pasos habituales en esta parte de la llanura, cuando los caminos seguían el curso de los ríos y los vados marcaban las rutas. En torno a ese punto se concentró la actividad.
Los molinos harineros que aprovecharon la fuerza del agua fueron parte importante de la economía local. Hoy quedan algunos restos y edificios transformados, a veces integrados en fincas privadas. No forman un conjunto monumental, pero ayudan a entender cómo se utilizaba el río antes de la mecanización agrícola.
La iglesia de Sant Bartomeu y el núcleo del pueblo
El núcleo urbano es pequeño y bastante llano, algo habitual en esta parte del Empordà. Las casas se agrupan en torno a la iglesia parroquial de Sant Bartomeu, cuyo origen se remonta a época medieval aunque el edificio actual refleja reformas posteriores. El campanario sobresale sobre los tejados y sirve de referencia visual desde los caminos que llegan al pueblo.
No hay un casco antiguo monumental. Más bien se trata de un pueblo agrícola del llano, con calles tranquilas y construcciones funcionales que han ido adaptándose a distintas épocas.
El paisaje del Muga
El río Muga marca el carácter del entorno. A su paso por Pont de Molins el curso es relativamente tranquilo y crea pequeños meandros con vegetación de ribera: álamos, sauces y zonas de sombra donde el agua se remansa.
Los caminos agrícolas que rodean el pueblo permiten recorrer esta parte del Alt Empordà sin grandes desniveles. En días claros, hacia el norte se adivina la línea de los Pirineos, mientras que alrededor se suceden campos de cereal, olivares o girasol según la temporada. También es habitual ver gente pescando en algunos tramos del río.
En verano hay puntos donde los vecinos suelen acercarse a mojarse los pies o refrescarse un rato. No son zonas acondicionadas como baño, pero el río ha sido siempre un lugar de encuentro cuando aprieta el calor.
Un pueblo del interior del Empordà
La vida aquí sigue el ritmo de los pueblos agrícolas de la comarca. Las celebraciones locales giran en torno a la fiesta mayor dedicada a Sant Bartomeu y a otras fechas tradicionales del calendario catalán, como la noche de Sant Joan, que suele celebrarse con hogueras y encuentros vecinales.
Pont de Molins queda muy cerca de Figueres, lo que facilita combinar la visita con otros puntos del Alt Empordà. En menos de media hora de coche se pasa del paisaje de la llanura a la costa o a los primeros relieves del interior.
Información práctica
El pueblo se recorre en poco tiempo y se entiende mejor caminando por los caminos que siguen el curso del Muga o conectan con los campos de alrededor. Aparcar no suele ser complicado en las calles cercanas al centro.
Si te interesa la arquitectura rural, fíjate en algunas masías dispersas por el término municipal: muchas conservan estructuras tradicionales ligadas al trabajo agrícola del Empordà.