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sobre Roses
Gran centro turístico con bahía espectacular; ciudadela histórica y puerto pesquero
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En el extremo nororiental de la Costa Brava, donde el mar Mediterráneo se adentra formando una amplia bahía protegida, se encuentra Roses, una villa marinera de 20.140 habitantes que combina magistralmente su pasado histórico con la vibrante vida de un destino turístico de primer nivel. A tan solo 5 metros sobre el nivel del mar, esta localidad del Alt Empordà ha sabido preservar su esencia marinera mientras acoge a visitantes de todo el mundo atraídos por sus playas, su patrimonio y una oferta gastronómica que la ha situado en el mapa culinario internacional.
Roses no es un destino cualquiera de la Costa Brava. Su ubicación privilegiada en la bahía más amplia del litoral gerundense le confiere un carácter especial, con aguas tranquilas ideales para el baño familiar y deportes náuticos, mientras que su entorno natural —entre el cabo de Creus y las marismas del Aiguamolls de l'Empordà— ofrece paisajes de gran valor ecológico. La mezcla de playas de arena dorada, calas escondidas, restos arqueológicos de más de dos milenios y la tradición pesquera que aún late en su puerto convierten a Roses en un microcosmos mediterráneo donde es fácil dejarse seducir.
Pasear por su paseo marítimo al atardecer, disfrutar de un arroz marinero recién hecho o explorar las ruinas griegas mientras el sol se refleja en el agua son experiencias que explican por qué esta villa costera enamora tanto a quienes buscan un turismo de calidad en la Costa Brava.
Qué ver en Roses
El principal emblema patrimonial de Roses es la Ciudadela, un recinto fortificado que alberga vestigios de diferentes épocas históricas. En su interior se conservan restos de la antigua colonia griega de Rhode (siglo IV a.C.), uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Cataluña, además de estructuras del monasterio medieval de Santa Maria y las fortificaciones renacentistas construidas en el siglo XVI. El recorrido por la Ciudadela es un fascinante viaje en el tiempo que permite comprender la importancia estratégica de esta bahía a lo largo de los siglos.
Frente a la entrada del puerto se alza el Castillo de la Trinitat, una fortaleza del siglo XVI con planta de estrella de cinco puntas, ejemplo de la arquitectura militar renacentista. Aunque actualmente no siempre está abierto al público, su silueta es inconfundible desde el mar y forma parte de la imagen icónica de Roses.
Para los amantes de la naturaleza, el Parque Natural del Cap de Creus se encuentra a pocos kilómetros, ofreciendo paisajes de costa salvaje y senderos que serpentean entre rocas esculpidas por la tramontana. Hacia el sur, el Parque Natural dels Aiguamolls de l'Empordà es un importante humedal mediterráneo donde se pueden observar numerosas especies de aves, especialmente durante las migraciones.
El puerto de Roses mantiene viva la tradición pesquera. Por las tardes, cuando regresan las barcas, es posible ver la subasta de pescado fresco, una estampa auténtica que conecta con el alma marinera de la villa.
Qué hacer
Roses es sinónimo de playas. La playa de Santa Margarida y la larga playa de la bahía son perfectas para familias, con aguas poco profundas y todos los servicios. Para quienes buscan calas más íntimas, las zonas de Canyelles Petites, Jòncols o Montjoi ofrecen rincones de mayor tranquilidad rodeados de pinares.
Los deportes náuticos tienen aquí un escenario ideal: vela, windsurf, paddle surf, kayak o buceo encuentran en la bahía de Roses condiciones óptimas. Varias escuelas y centros especializados ofrecen desde cursos de iniciación hasta salidas para practicantes avanzados.
El senderismo permite descubrir el entorno natural. Las rutas por el cabo de Creus regalan vistas espectaculares del Mediterráneo y la costa recortada, mientras que los caminos por los Aiguamolls invitan a paseos tranquilos entre lagunas y observatorios de aves.
La gastronomía merece capítulo aparte. Roses ha sido cuna de propuestas culinarias de vanguardia, pero también mantiene restaurantes tradicionales donde disfrutar del pescado fresco de la lonja, arroces marineros, suquets y la cocina ampurdanesa de toda la vida. El mercado local es también una visita recomendable para conocer los productos de la zona.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Roses refleja su carácter marinero y mediterráneo. A mediados de agosto se celebra la Festa Major de Roses, con actos populares, conciertos, sardanas y fuegos artificiales sobre la bahía. El ambiente festivo invade las calles durante varios días.
En julio, la Fiesta del Carmen rinde homenaje a la patrona de los pescadores con una procesión marítima de embarcaciones engalanadas, un acto emotivo que conecta con las raíces marineras del pueblo.
Durante el verano, los mercados nocturnos y las actividades culturales llenan las noches de ambiente, mientras que en temporada baja, Roses recupera su ritmo más tranquilo, ideal para quienes buscan descubrir su cara más auténtica.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Girona capital hay unos 55 kilómetros por la carretera C-260 y GI-623, un trayecto de aproximadamente 50 minutos. Desde Barcelona, se accede por la AP-7 hasta Figueres y luego por la C-260, en total unos 160 kilómetros. En verano existe conexión en autobús desde Figueres y otras localidades cercanas.
Mejor época: Roses es agradable todo el año. El verano (julio-agosto) es la época de mayor animación, ideal para disfrutar del mar y el ambiente festivo, pero también la más masificada. Junio y septiembre ofrecen buen tiempo con menos aglomeraciones. Primavera y otoño son perfectos para senderismo y visitas culturales, con un clima suave y la villa más tranquila.
Consejos: Reserva alojamiento con antelación en temporada alta. Si viajas en coche, ten en cuenta que en verano el aparcamiento puede ser complicado en las zonas más céntricas. No olvides calzado cómodo para explorar la Ciudadela y las rutas naturales, y protección solar durante todo el año, especialmente si planeas actividades al aire libre.