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sobre Castellví de la Marca
Municipio vitivinícola dominado por el Castilloot sobre una peña
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A primera hora, cuando todavía hay humedad en la tierra, los viñedos alrededor del pueblo sueltan un olor denso, entre hoja verde y polvo mojado. En ese momento empieza a entenderse el turismo en Castellví de la Marca: no ocurre en una plaza llena de gente, sino en los caminos que cruzan las viñas mientras el día se va abriendo.
Castellví de la Marca, en el Alt Penedès, ronda los 1.700 habitantes repartidos entre pequeños núcleos y masías dispersas. El paisaje manda. Filas de cepas, alguna franja de pinos y las ondulaciones suaves de la comarca. Aquí el tiempo se mide más por la poda, la floración o la vendimia que por el calendario turístico.
La luz sobre los viñedos
La primera impresión suele llegar desde la carretera local que atraviesa el término. Viñas a ambos lados, bien ordenadas, y al fondo pequeñas elevaciones cubiertas de bosque bajo.
En primavera el verde es casi brillante. A finales de verano las hojas empiezan a oscurecer y el suelo se vuelve más seco. En otoño aparecen tonos rojizos que duran poco, apenas unas semanas antes de que la viña quede desnuda.
Si vienes a caminar, mejor hacerlo temprano o al final de la tarde. En los meses de calor el sol cae con fuerza sobre los caminos abiertos y hay poca sombra.
El pequeño núcleo y la iglesia de Sant Pere
El núcleo principal es discreto. Calles cortas, casas bajas y patios donde a veces se oye a alguien trabajar con herramientas o mover cajas de vendimia.
La iglesia de Sant Pere aparece de forma sobria en el centro. Su origen es medieval, aunque ha tenido reformas con el paso de los siglos. El interior es sencillo, usado todavía por los vecinos. No es un lugar de grandes elementos artísticos; tiene más que ver con la vida diaria del pueblo.
Alrededor del municipio se reparten varias masías antiguas. Algunas conservan muros de piedra gruesa y tejados amplios. Muchas siguen vinculadas al trabajo agrícola y son propiedades privadas, así que lo habitual es verlas desde los caminos.
Caminos entre masías y viñas
Buena parte del término se recorre por pistas rurales. Son caminos de tierra compacta que conectan campos, pequeñas explotaciones y manchas de pinar.
Caminar por aquí tiene algo muy concreto: el sonido constante de los insectos en verano y el crujido de la grava bajo las botas. No hay grandes desniveles. Aun así conviene llevar agua y gorra cuando aprieta el calor.
También se ven ciclistas. Las carreteras secundarias del Alt Penedès tienen poco tráfico entre semana, aunque siempre aparece algún tractor o vehículo agrícola.
Bodegas y cultura del vino
En los alrededores de Castellví de la Marca la viña es parte del día a día. Muchas explotaciones trabajan para bodegas de la comarca, dentro de la denominación de origen Penedès.
En distintos puntos del entorno es posible visitar bodegas y entender cómo se transforman esas uvas en vino o cava. Algunas mantienen métodos tradicionales junto a maquinaria más reciente. Suelen organizar visitas, aunque conviene informarse antes porque los horarios cambian según la época del año.
Moverse en coche facilita recorrer varios pueblos del Penedès el mismo día.
Fiestas y tiempo de vendimia
El calendario del pueblo sigue teniendo momentos muy ligados al campo. La Fiesta Mayor suele celebrarse a finales de agosto, cuando el verano empieza a aflojar por la noche. Durante esos días vuelven familiares que viven fuera y la plaza recupera movimiento.
Pocas semanas después llega la vendimia. En los caminos aparecen remolques cargados de uva y el olor dulce del mosto se nota cerca de las zonas de trabajo.
También se celebran actos dedicados a San Sadurní, patrón del municipio, normalmente con celebraciones religiosas y actividades vecinales.
Cómo llegar y cuándo ir
Castellví de la Marca queda a poca distancia de Vilafranca del Penedès y a menos de una hora de Barcelona en coche, dependiendo del tráfico. El último tramo suele hacerse por carreteras comarcales entre viñedos.
Entre semana el ambiente es muy tranquilo. Los fines de semana, sobre todo en época de vendimia o durante las fiestas, se nota más movimiento en la zona.
Quien llegue con calma verá que el interés del lugar está en los detalles: el polvo claro del camino, el olor de las bodegas cercanas y la luz baja de la tarde cayendo sobre las cepas alineadas. Aquí todo ocurre despacio, como el trabajo de la viña.