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sobre Olesa de Bonesvalls
Situado en el macizo del Garraf es zona de paso y naturaleza kárstica
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Enclavado en las suaves colinas del Alt Penedès, a 265 metros de altitud, Olesa de Bonesvalls es uno de esos pueblos catalanes que parecen haberse detenido en el tiempo. Con poco más de 2.100 habitantes, este municipio combina a la perfección el encanto rural con la proximidad a Barcelona, convirtiéndose en un destino ideal para quienes buscan desconectar sin alejarse demasiado de la gran ciudad. Sus calles empedradas, sus masías centenarias y sus viñedos que se extienden hasta donde alcanza la vista dibujan un paisaje mediterráneo de interior que invita a la calma.
El pueblo se asienta en una zona de transición entre la llanura del Penedès y las primeras estribaciones del macizo del Garraf, lo que le confiere un carácter singular. Aquí, la tradición vitivinícola se respira en cada rincón, y el ritmo pausado de la vida rural contrasta con la bulliciosa actividad de las comarcas costeras vecinas. Pasear por Olesa de Bonesvalls es sumergirse en la Cataluña más auténtica, donde las tradiciones se mantienen vivas y el paisaje natural permanece prácticamente intacto.
La tranquilidad de este rincón del Penedès lo ha convertido en refugio de familias que buscan calidad de vida y de viajeros que desean explorar una Cataluña diferente, marcada por la cultura del vino, las rutas de montaña y un patrimonio histórico que merece ser descubierto con calma.
Qué ver en Olesa de Bonesvalls
El núcleo histórico de Olesa de Bonesvalls conserva el trazado medieval característico de los pueblos del interior catalán. La iglesia parroquial de Sant Pere preside el pueblo desde su posición elevada, mostrando elementos arquitectónicos que van del románico al gótico, testimonio de las sucesivas ampliaciones que ha experimentado a lo largo de los siglos.
Paseando por el casco antiguo, merece la pena detenerse ante las antiguas masías catalanas que salpican tanto el núcleo urbano como los alrededores. Estas construcciones tradicionales, muchas de ellas restauradas, son auténticos ejemplos de arquitectura rural mediterránea, con sus características piedras vistas, portales de medio punto y tejas árabes.
En los alrededores del municipio se encuentran varios vestigios de ermitas y capillas rurales que formaban parte de antiguas masías, testigos silenciosos de la vida agrícola que ha marcado esta comarca durante siglos. El paisaje está además salpicado de campos de viñedos que forman parte de la denominación de origen Penedès, creando un mosaico visual especialmente fotogénico durante el otoño, cuando las hojas de las vides adquieren tonalidades doradas.
La proximidad al Parque Natural del Garraf convierte a Olesa en un punto de partida excelente para los amantes de la naturaleza, ofreciendo vistas panorámicas hacia el macizo calcáreo y la costa mediterránea en días despejados.
Qué hacer
Las rutas de senderismo y ciclismo son sin duda una de las principales atracciones de Olesa de Bonesvalls. El municipio cuenta con varios caminos señalizados que recorren los viñedos y conectan con los senderos del Garraf, permitiendo excursiones de diferente dificultad. Una caminata especialmente recomendable es la que lleva hasta los miradores naturales desde donde se divisa toda la comarca del Penedès.
Para los aficionados al enoturismo, la zona ofrece la posibilidad de conocer la cultura del vino que impregna toda la comarca. Aunque Olesa es un pueblo pequeño, su ubicación permite visitar bodegas familiares de los alrededores donde se producen vinos de la DO Penedès, incluyendo blancos elaborados con variedades autóctonas y tintos con carácter mediterráneo.
La gastronomía local merece una atención especial. La cocina del Alt Penedès se basa en productos de temporada y platos tradicionales catalanes como la escudella, los calçots en temporada (entre enero y marzo), y postres elaborados con almendras y miel. Los domingos y festivos es costumbre en la zona disfrutar de comidas familiares donde no faltan los embutidos artesanos y el pan con tomate.
Los amantes de la fotografía rural encontrarán en los paisajes de Olesa un escenario ideal, especialmente al atardecer, cuando la luz baña los campos de viñedos y las masías centenarias proyectan largas sombras sobre el terreno ondulado.
Fiestas y tradiciones
La Festa Major se celebra a finales de agosto en honor a Sant Pere, patrón del pueblo. Durante estos días, Olesa se llena de actividad con verbenas, habaneras, actividades infantiles y los tradicionales castellers, las torres humanas típicas de Cataluña.
En invierno, como en toda Cataluña, se celebran las fiestas de Sant Antoni en enero, con la tradicional bendición de animales y hogueras, una celebración que mantiene vivo el vínculo del pueblo con sus raíces agrícolas y ganaderas.
La vendimia, aunque no es estrictamente una fiesta, marca el ritmo del otoño y algunas masías organizan actividades relacionadas con la recogida de la uva en septiembre y octubre.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Barcelona, Olesa de Bonesvalls se encuentra a unos 45 kilómetros por la C-15 (Autovía Pau Casals) y la C-243, un trayecto de aproximadamente 50 minutos en coche. También se puede acceder desde Vilafranca del Penedès, capital de la comarca, en apenas 15 minutos.
Mejor época para visitar: La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son ideales por las temperaturas suaves y los paisajes en pleno esplendor. En verano puede hacer calor, aunque las noches son agradables. El invierno es tranquilo, perfecto para quienes buscan máxima paz.
Consejos: Lleva calzado cómodo si piensas caminar por los senderos, y no olvides la cámara para capturar los paisajes de viñedos. El pueblo es pequeño, por lo que conviene combinarlo con visitas a otras localidades del Penedès como Vilafranca o Sant Sadurní d'Anoia.