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sobre Calaf
Capital de la Alta Segarra conocida por su mercado tradicional y clima riguroso en invierno
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En el corazón de la comarca de Anoia, a 680 metros de altitud, Calaf se levanta como uno de esos pueblos catalanes que invitan a desconectar del ritmo acelerado de las grandes ciudades. Con sus 3.566 habitantes, este municipio barcelonés conserva el encanto de las poblaciones del interior de Cataluña, donde la piedra antigua dialoga con el paisaje de campos de cereal y viñedos que lo rodean. Su ubicación estratégica, entre la depresión Central Catalana y las primeras estribaciones del Preirineo, lo convierte en un destino perfecto para quienes buscan autenticidad y tranquilidad.
Pasear por Calaf es recorrer siglos de historia. Sus calles empedradas, sus portales medievales y sus edificios señoriales nos hablan de un pasado próspero, vinculado al comercio y a la agricultura. Aquí el tiempo parece transcurrir de otra manera, permitiendo al viajero redescubrir los placeres sencillos: una conversación en la plaza, el aroma del pan recién horneado, la belleza de un atardecer sobre los campos dorados.
Qué ver en Calaf
El portal de Sant Jaume, del siglo XIV, da la bienvenida al casco antiguo de Calaf y es uno de los elementos más emblemáticos del municipio. Esta antigua puerta de acceso a la villa amurallada nos recuerda la importancia defensiva que tuvo el pueblo en época medieval. Al atravesarlo, el visitante entra en un entramado de calles estrechas que conservan su trazado original.
La iglesia de Santa María de Calaf, de origen románico pero reconstruida en gran parte durante el siglo XVIII, preside la plaza Mayor. Su campanario se alza como referencia visual desde cualquier punto del pueblo, y en su interior alberga retablos de interés artístico que merecen una visita pausada.
No hay que perderse el Casal de Calaf, un edificio señorial del siglo XVI que actualmente acoge dependencias municipales y que ejemplifica la arquitectura noble de la zona. Sus ventanales góticos y su fachada de piedra son testimonio de la prosperidad que vivió el pueblo en siglos pasados.
Para los amantes de la arquitectura religiosa, el santuario de la Virgen del Milagro, situado en las afueras del núcleo urbano, ofrece un agradable paseo y unas vistas panorámicas espléndidas de la comarca. Este pequeño templo es lugar de peregrinación local y punto de partida para varias rutas de senderismo.
Qué hacer
Calaf es un excelente punto de partida para explorar la comarca de Anoia a pie o en bicicleta. Varios caminos rurales recorren los campos de cultivo y permiten descubrir masías tradicionales, bosquetes de encinas y el paisaje agrícola que caracteriza esta zona de transición entre la llanura y la montaña.
Los aficionados al senderismo encontrarán rutas de dificultad baja a media que conectan Calaf con municipios vecinos como Pinós o Sant Martí Sesgueioles. El paisaje, especialmente hermoso en primavera y otoño, invita a caminatas tranquilas disfrutando de la naturaleza.
La gastronomía local merece una atención especial. La comarca de Anoia es tierra de buenos embutidos, quesos artesanos y vinos con denominación de origen Penedès. Los productos de la huerta y las legumbres han sido tradicionalmente la base de una cocina honesta y sabrosa. No hay que marcharse sin probar los platos de temporada elaborados con ingredientes de proximidad.
El mercado semanal, que se celebra los sábados por la mañana, es una excelente oportunidad para mezclarse con los lugareños, adquirir productos frescos y sentir el pulso auténtico del pueblo.
Fiestas y tradiciones
El calendario festivo de Calaf mantiene vivas tradiciones centenarias. La Festa Major se celebra a finales de agosto en honor a Santa María, con actividades para todos los públicos: conciertos, bailes tradicionales, correfocs y las típicas construcciones de castells que caracterizan las fiestas catalanas.
A mediados de enero, la población celebra Sant Antoni, con la tradicional bendición de animales y hogueras que recuerdan las raíces rurales del municipio. Es una festividad especialmente emotiva que conecta a las generaciones más jóvenes con las costumbres ancestrales.
En primavera, coincidiendo con el buen tiempo, tienen lugar diversas ferias y mercados temáticos que atraen visitantes de toda la comarca, convirtiendo Calaf en un punto de encuentro comercial y cultural.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Barcelona, Calaf se encuentra a unos 90 kilómetros por la C-25 (Eix Transversal), con un tiempo de viaje aproximado de una hora y cuarto en coche. También existe conexión en autobús regular desde la capital catalana y desde otras poblaciones de la comarca.
Mejor época para visitar: La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son ideales para disfrutar de Calaf, con temperaturas agradables y el campo en su mejor momento. El verano puede ser caluroso, pero las noches refrescan gracias a la altitud. El invierno es tranquilo y perfecto para quienes buscan el máximo sosiego.
Consejo práctico: Calaf es un destino para tomarse con calma. Dedica tiempo a pasear sin prisas, conversa con los lugareños y déjate sorprender por los pequeños detalles. La esencia de este pueblo se descubre en los rincones tranquilos, más que en grandes monumentos.