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sobre Igualada
Capital de la Anoia con gran tradición industrial textil y curtidora y el European Balloon Festival
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El olor a cuero te golpea antes de ver el canal. No es el perfume de las tiendas de lujo: es el tufo honesto de las curtidurías que han marcado Igualada durante siglos. Igualada huele a trabajo, a piel mojada, a historia que no se ha ido de vacaciones.
El agua que construyó una ciudad
El Rec d'Igualada es como ese compañero de piso que nunca se va: lleva aquí desde la Edad Media y sigue corriendo por el mismo cauce. Un canal que atraviesa el casco antiguo como si fuera la vena principal de la ciudad. La gente del lugar dice que "el Rec", con mayúsculas, es él; los demás son simplemente canales.
Caminar por la Ruta del Rec es como hojear el álbum de fotos de la ciudad. Aquí las casas se asoman al agua como las abuelas al balcón, y los antiguos tinglados de los curtidores han ido cambiando de vida con los años. Algunos siguen recordando para qué se usaban.
En una de esas antiguas curtidurías funciona hoy el Museu de la Pell. Entrar allí ayuda a entender por qué Igualada huele como huele. Explican cómo trabajaban las pieles, cuánto agua hacía falta y por qué este canal era la pieza clave de todo. Cuando sales, el paseo por el Rec ya no se mira igual.
Cuando la ciudad se disfraza de medieval
La Feria de l'Aixada es como esa fiesta de cumpleaños que se les va de las manos a los padres. Suele celebrarse en febrero y durante unos días Igualada se llena de carpinteros medievales, herreros que martillean como si fuera el año 1200 y puestos donde te venden remedios para todo, incluida la resaca.
La primera vez que fui, un tipo con túnica intentó venderme un caldero de hierro jurando que “era igual que los de las abuelas”. Le dije que la mía tenía vitrocerámica y no le hizo ninguna gracia.
Lo más curioso no es el mercado en sí, sino cómo se apunta la ciudad al juego. Mucha gente sale a la calle vestida como si hubiera retrocedido varios siglos y durante un rato Igualada cambia de ritmo. Los niños corren con capas de lana, suena música antigua y todo el mundo hace como si el móvil no existiera.
Globos sobre la comarca
Si has visto fotos aéreas de Igualada, seguramente eran de globos aerostáticos. El campo de vuelo está a las afueras y desde arriba la comarca se abre bastante: campos, polígonos, pueblos pequeños y, al fondo, el perfil inconfundible de Montserrat.
Las ascensiones suelen hacerse al amanecer, cuando el aire está más tranquilo. El globo sube tan despacio que al principio parece que no se mueve… hasta que miras abajo y ya estás por encima de media ciudad.
Después de bajar a tierra hay otra tradición menos épica pero muy real: las tiendas de fábrica y outlets que hay por la zona. Igualada lleva mucho tiempo ligada al textil y al cuero, y eso se nota en la cantidad de gente que llega desde Barcelona a rebuscar entre perchas buscando una chaqueta a mejor precio que en la capital.
La cocina que aparece cuando te quedas a comer
La gastronomía igualadina es como ese primo tímido que en las reuniones familiares acaba siendo el más interesante.
La coca de recapte aparece bastante. Es una base de masa de pan con lo que toque: escalivada, embutido, bacalao… Tradicionalmente salía cuando sobraba masa del pan y alguien decía aquello de “ya que estamos, aprovechemos”. La versión más sencilla sigue siendo la que mejor funciona: caliente, doblada y con algo de beber al lado.
Y luego están los panellets, que aquí a veces se ven con forma más alargada que los típicos redondos. Mucha almendra, poca historia decorativa y ese punto casero que hace que desaparezcan de la bandeja sin que te des cuenta.
Consejos de alguien que ya ha dado unas cuantas vueltas
Llegar en coche es sencillo porque Igualada queda bien conectada con Barcelona y el interior. El centro histórico, eso sí, tiene ese tipo de calles donde el GPS empieza a dudar. Si aparcas cerca del Rec y te mueves andando, todo se entiende mucho mejor.
El Anillo Verde rodea la ciudad por caminos y zonas naturales. Mucha gente de Igualada lo usa para correr o salir a caminar al final del día. Si te cruzas con grupos haciendo deporte, estás en el sitio correcto.
Mi plan sencillo: mañana tranquila por el centro, paseo por el Rec para entender de qué va realmente la ciudad, y comida sin prisas. Igualada no es de grandes monumentos ni de listas infinitas de cosas que tachar. Es más bien ese tipo de sitio que se explica caminando un rato y prestando atención a los detalles… y al olor a cuero, claro. Cuando vuelvas a casa y abras la mochila, seguramente seguirá ahí. Y entonces recordarás dónde has estado.