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sobre La Torre de Claramunt
Municipio con castillo medieval y varias urbanizaciones en entorno rural
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Si buscas turismo en La Torre de Claramunt, lo primero que ves es el castillo. Sale de golpe desde la carretera. Está arriba del cerro, como un diente roto. No hace falta entrar para entender qué era: la torre tiene aspilleras y una bóveda de piedra que parece húmeda incluso en fotos. Aparcas abajo, levantas la vista y ya sabes de qué va el pueblo.
Cómo llegar y dónde dejar el coche
La Torre de Claramunt está a unos 50 minutos de Barcelona por la A-2. Sales y sigues por la BV-2241 hasta el núcleo principal.
Hay un par de zonas donde suele aparcar la gente: cerca del ayuntamiento y detrás del polideportivo. En verano cuesta más, pero el resto del año no hay drama.
Si quieres subir al castillo verás una pista de tierra que llega casi hasta la entrada. Está bastante rota. Lo normal es dejar el coche en el pueblo y subir andando. Son unos quince minutos cuesta arriba.
El castillo y poco más
El Castell de Claramunt es el motivo de venir. Sin él, el pueblo pasaría bastante desapercibido.
Nació como torre de vigilancia hacia el siglo X y fue creciendo hasta ser una fortaleza seria. Pasó por manos de los Claramunt y luego de los Cardona. También se usó como cárcel durante siglos. Hoy está restaurado a medias y se puede visitar según el día.
Desde arriba se ve buena parte de la Anoia. Cuando el cielo está limpio alcanzas el Penedès. En marzo los almendros de alrededor ponen algo de color al paisaje.
La iglesia de Sant Joan Baptista queda junto al ayuntamiento. Es románica, del siglo XII. La restauraron hace años y quedó bastante limpia. Quizá demasiado.
Dos rutas para estirar las piernas
Detrás del cementerio arranca el camino que sigue el río Carme. Se conoce como la ruta de los antiguos molinos.
Son unos cuatro kilómetros fáciles. El sendero pasa junto a restos de molinos harineros. La mayoría están muy caídos, pero aún se distingue la estructura y hay paneles que explican cómo funcionaban. Si ha llovido, el barro se pega bien a las botas.
La otra caminata habitual sale hacia Vilanova d’Espoia. Es un recorrido circular entre bancales y construcciones de piedra seca. Terreno abierto, poca sombra y vistas amplias de la zona. En algo más de una hora lo tienes hecho.
Comer algo y el ambiente del pueblo
En Vilanova d’Espoia celebran cada noviembre la Festa de l’Olla de Murri. Preparan un guiso de caza con setas y vino. Plato de cazuela, contundente. Nada de presentaciones modernas.
El resto del año la cosa es sencilla. Bares de pueblo, menú del día, televisión encendida y conversación en la barra. Se come correcto y ya.
En julio y agosto llegan las fiestas de los distintos núcleos del municipio. Orquestas, cenas populares y bastante movimiento en la plaza. Fuera de esas fechas el ambiente es tranquilo tirando a silencioso.
Consejo final
No vengas pensando en pasar aquí todo el día. La Torre de Claramunt funciona mejor como parada corta.
Sube al castillo, mira el paisaje, da una vuelta por el núcleo y estira las piernas por alguno de los caminos. Después sigues ruta por la comarca. Aquí con un par de horas suele bastar.