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sobre Òdena
Municipio con un castillo en la cima y aeródromo deportivo
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El castillo de Òdena aparece por primera vez en un pergamino del año 957: Sal·la de Conflent vende “casas intra muro castrum Odena”. Mil años después, aquellas casas han desaparecido pero el cerro sigue ahí, vigilando el valle del Anoia desde unos 450 metros de altura. El pueblo actual se fue formando después, abajo, en la llanura, donde el terreno permite cultivar almendros y viñedos sin la incomodidad de las pendientes del castillo.
El cerro que eligió la historia
La geografía explica bastante bien la posición de Òdena. El castillo ocupa un promontorio calcáreo que domina el valle del Anoia y los pasos naturales que comunican esta comarca con las tierras del Penedès y la Segarra. Son rutas antiguas, utilizadas desde época muy temprana, y durante la Edad Media controlar estos corredores era esencial.
Los documentos medievales hablan de un recinto fortificado con varias torres. De todo aquello lo que mejor se reconoce hoy es la torre de homenaje, levantada hacia el siglo XII: planta rectangular, muros muy gruesos y almenas que parecen de una reforma posterior. La subida exige algo de esfuerzo, pero desde arriba se entiende bien la lógica del lugar: hacia el sur el núcleo actual se extiende por la llanura, mientras al norte las laderas se reparten en parcelas agrícolas irregulares.
La iglesia que se quemó
La parroquia de Santa Maria d’Òdena está documentada desde 986, cuando el rey Lotario confirma sus posesiones. El edificio que se ve hoy corresponde en gran parte al siglo XVIII, aunque el campanario conserva elementos románicos de una construcción anterior.
En 2016 un incendio dañó gravemente el tejado y parte del interior. Durante las obras de restauración aparecieron restos más antiguos bajo el pavimento. Entre ellos, los cimientos de una pequeña capilla medieval que probablemente corresponde al templo mencionado en la documentación del siglo X. No cambia mucho la lectura arquitectónica del edificio —barroco sencillo, propio de muchas parroquias rurales—, pero ayuda a entender que el lugar de culto se ha ido reconstruyendo varias veces sobre el mismo punto.
Sant Sebastià en el entorno rural de Òdena
A unos tres kilómetros del núcleo urbano, en una pequeña depresión entre cerros, se levanta la iglesia de Sant Sebastià. El topónimo suele relacionarse con los “gorgs”, los pozos naturales que forma el arroyo de la Llacuna en algunos tramos de su curso.
El templo se vincula habitualmente al románico rural de los siglos XI‑XII. Es una construcción sobria, con un campanario sencillo de arcos de medio punto. Lo que más llama la atención es el entorno: campos, algunas hileras de árboles junto al agua y apenas edificaciones alrededor. Este tipo de iglesias servía a los masos dispersos del territorio, cuando la población no estaba concentrada en un único núcleo.
Todavía se utiliza de forma ocasional. Fuera de esos momentos, el lugar permite hacerse una idea bastante clara de cómo se organizaba el paisaje agrario antes de la concentración parcelaria del siglo XX.
El pueblo que bajó del cerro
Caminar por Òdena actual es seguir el proceso contrario al de muchos pueblos fortificados. Con el paso de los siglos, el recinto del castillo quedó pequeño y la población fue descendiendo hacia la llanura, sobre todo a partir de los siglos XIII y XIV.
El trazado del núcleo es relativamente regular. Varias calles rectas confluyen en la plaza de la Vila, donde se encuentra el ayuntamiento, un edificio del siglo XIX con arquería en la planta baja. Las casas suelen tener planta baja y dos alturas, portal de piedra y balcones de hierro. Es arquitectura popular, funcional, que ha ido cambiando con el tiempo sin grandes gestos monumentales.
En la calle Major todavía se conservan algunos soportales antiguos que recuerdan los primeros crecimientos fuera del recinto fortificado.
Práctico
Òdena se encuentra junto a Igualada, en la comarca de l’Anoia, y se llega fácilmente por carretera desde Barcelona siguiendo el eje de la A‑2.
El castillo puede visitarse libremente; conviene tener en cuenta que el cerro es bastante expuesto y los días de viento se nota. La iglesia de Santa Maria suele abrir en torno a los oficios religiosos. Para acercarse a Sant Sebastià hay que salir del núcleo urbano y continuar por caminos rurales; el acceso final suele hacerse a pie desde las pistas agrícolas cercanas.
En marzo y abril los almendros del entorno empiezan a florecer y cambian bastante el paisaje del valle. El pueblo tiene servicios básicos y varios lugares sencillos donde parar a tomar algo antes o después de subir al castillo.