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sobre Pujalt
Pueblo con calles medievales y el memorial del Ejército Popular
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Si vienes a hacer turismo en Pujalt, lo primero: coche y paciencia. El pueblo es pequeño y está muy disperso. Se llega por carreteras comarcales y pistas rurales. Aparcar no suele ser problema porque apenas hay movimiento, pero tampoco esperes servicios alrededor. Aquí no hay tiendas ni bares abiertos de forma regular.
Pujalt está en la parte alta de la Anoia, cerca del límite con la Segarra, a unos 770 metros de altitud. Viven poco más de 200 personas repartidas entre el núcleo y varias masías. El paisaje manda: cereal, caminos agrícolas y viento casi todo el año. No hay una infraestructura pensada para visitantes, y se nota.
Las pistas de tierra salen de la carretera principal y conectan con masías aisladas y pequeños altos desde los que se ve media comarca. Conviene llevar mapa o GPS. No es difícil perder una pista y acabar en un camino privado.
Qué ver en Pujalt
El núcleo es mínimo. La iglesia de Sant Andreu queda en el centro y marca el pueblo. Ha tenido varias reformas y no es un edificio especialmente llamativo. Cumple su papel y poco más.
Alrededor hay algunas casas, corrales y patios de trabajo. Se recorre rápido. En diez minutos ya has visto lo que hay.
Fuera del núcleo empieza el Pujalt real: campos abiertos y masías repartidas por el término. Algunas siguen habitadas. Otras están medio caídas o reformadas como segunda residencia. La mayoría son propiedades privadas, así que toca mirar desde el camino.
El paisaje es el típico de la meseta interior catalana. Parcelas grandes, muros de piedra seca y manchas de encina o roble aquí y allá. En días tranquilos se ven rapaces dando vueltas sobre los campos.
Desde algunos altos el horizonte se abre bastante. Si el día está limpio, a veces aparece Montserrat hacia el este. En invierno muy claro, incluso se intuye la línea lejana del Pirineo.
Caminar o pedalear por los caminos
Lo que tiene sentido aquí es moverse por pistas agrícolas. A pie o en bici. Son caminos largos, bastante llanos y con poco tráfico.
La señalización es irregular. Algunos cruces tienen postes, otros no. Si te gusta orientarte con mapa o track descargado, mejor.
En primavera el paisaje cambia bastante con el cereal verde. En verano todo se vuelve más seco y el sol pega fuerte porque hay poca sombra. No es terreno complicado, pero conviene llevar agua.
También hay quien viene por el cielo nocturno. La zona tiene poca contaminación lumínica y las noches claras se notan.
Tradiciones del pueblo
La referencia del calendario suele ser Sant Andreu, a finales de noviembre. La fiesta mayor gira alrededor de esa fecha y suele centrarse en encuentros vecinales.
En verano a veces se organizan actividades sencillas en agosto, cuando vuelven familias con casa en el municipio. Nada grande. Más bien encuentros locales.
Cómo llegar
Lo más directo desde Barcelona es subir por la C‑25 hasta la zona de Calaf y desde allí continuar por carreteras locales. El último tramo ya es más rural.
Desde Igualada se tarda alrededor de tres cuartos de hora por carreteras comarcales. Transporte público hay poco y no sirve para moverse por el término.
Si vienes, ven con la idea clara: dar una vuelta tranquila por caminos, mirar el paisaje y seguir ruta. Para eso sí funciona. Para pasar todo el día, depende mucho de lo que te guste el campo abierto.