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sobre Arenys de Mar
Villa marinera con un importante puerto pesquero y una larga tradición comercial y turística
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Las cinco de la tarde y la lonja está a rebosar. No de turistas: de arenysins que vienen a ver qué han traído los barcos. Un viejo se queja porque hoy no hay salmonetes. Su mujer le tira del brazo: “Compramos rape y ya está”. Turismo en Arenys de Mar pasa mucho por esto. El pescado aquí no es decorado. Es rutina de puerto.
Primero lo práctico
Aparcar cerca del puerto suele ser lo más sencillo si vienes en coche. Hay zonas reguladas y calles más abiertas que en el centro. El casco antiguo es un laberinto de calles estrechas donde dos coches ya se estorban. Si encuentras hueco arriba, déjalo y baja andando.
El tren para a pocos minutos de la playa y del puerto. Mucha gente de Barcelona llega así. En verano el pueblo se llena pronto y el aparcamiento empieza a complicarse a media mañana.
El puerto y la lonja
El puerto pesquero ocupa buena parte del muelle. Las barcas llegan por la tarde y la lonja se mueve enseguida. A veces se puede ver la subasta desde fuera. Dura poco y la gente va a lo suyo. Restauradores con libretas, vecinos mirando el género, algún curioso despistado.
En Arenys se habla mucho del calamar. “Calamar d’Arenys”. Grande, de anilla gruesa. A la plancha y poco más. También sale mucho el suquet de peix, que aquí cada casa defiende a su manera. Y cuando es temporada aparecen los cargols a la llauna. No tiene misterio: parrilla, humo y conversación larga.
Subir al cementerio
El Cementiri d’Arenys está arriba del todo, en el turó. La subida tiene su cuesta. Desde arriba se ve toda la costa y el puerto pequeño abajo.
Es el cementerio que Salvador Espriu convirtió en Sinera. Aun así, aunque no te interese la literatura, el lugar merece el paseo. Hay panteones modernistas y esculturas que llaman la atención sin hacer ruido. La escalinata de la Pietat es la subida más directa. Con calor se nota.
Torres y la iglesia
Arenys conserva varias torres de vigilancia del siglo XVI. Se construyeron cuando los ataques piratas eran un problema real en esta costa. No son monumentales. Son bloques de piedra, cuadrados, pensados para vigilar.
Dos se ven fácil al pasear. La Torre d’en Llobet, camino del cementerio, y la del carrer Ample, metida en pleno centro.
La iglesia de Santa Maria queda a medio camino entre el puerto y la riera. Por fuera es bastante sobria. Piedra y volumen. Dentro guarda un retablo barroco grande, de los que obligan a levantar la cabeza un rato.
Consejo final
Arenys de Mar funciona mejor por la mañana. Pasea por la riera, baja al puerto, mira el movimiento de la lonja y luego sube al cementerio. En dos o tres horas te haces una idea clara del pueblo.
Si buscas playa tranquila hay otras en la costa. Aquí lo interesante sigue siendo el puerto y la vida que gira alrededor. Si eso no te dice mucho, pasa de largo y sigue por el Maresme. Hay muchos pueblos seguidos.