Artículo completo
sobre Balsareny
Pueblo a orillas del Llobregat dominado por un imponente castillo medieval en la cima de una colina
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hablar de turismo en Balsareny es, sobre todo, hablar de un castillo que domina el valle del Llobregat. La carretera comarcal serpentea entre campos de cultivo y la ribera del río, y el edificio aparece cuando ya estás bastante cerca: una masa de piedra rojiza levantada sobre un cerro de unos 400 metros. Desde allí controla el paso natural entre el Bages y el Berguedà, un corredor que durante siglos tuvo valor estratégico.
El valle que volvió a poblarse
La ocupación estable del lugar se relaciona con los procesos de repoblación de la Cataluña central tras las revueltas del siglo IX. Una de ellas fue la de Aissó contra el conde Sunifredo de Barcelona, que dejó parte del territorio muy debilitado demográficamente. La tradición histórica sitúa la reorganización de esta zona en tiempos de Guifré el Pilós, entre finales del siglo IX y comienzos del X.
Las primeras menciones documentales de Balsareny aparecen en textos de los siglos X y XI vinculados a la diócesis de Vic y a la iglesia de Manresa. En ese contexto surge también la familia que tomó el nombre del lugar. Uno de sus miembros, Guillem de Balsareny, llegaría a ser obispo de Vic tras Oliba, lo que da una idea del peso que podía tener esta pequeña nobleza local dentro de la red política y eclesiástica del momento.
Piedra sobre piedra
El castillo que se ve hoy no corresponde a la primera fortificación del lugar. La estructura actual responde en gran parte a una reconstrucción gótica realizada entre mediados del siglo XIV y finales de ese mismo siglo. La planta pentagonal —poco habitual en la zona— se refuerza con torres cilíndricas en los ángulos. La torre del homenaje sobresale claramente sobre el resto del conjunto.
A finales del siglo XIII la familia Balsareny vendió la propiedad a Ramon de Peguera. Con el tiempo pasaría por distintas manos nobles. Durante el siglo XIX el edificio sufrió daños en el contexto de las guerras carlistas y posteriormente fue restaurado durante décadas, ya entre finales del XIX y mediados del XX. A diferencia de muchos castillos medievales de la región, este siguió habitado hasta tiempos relativamente recientes.
En el núcleo del pueblo se encuentra la iglesia de Santa María. Su origen es románico (siglo XIII), aunque las reformas posteriores —sobre todo de época moderna— modificaron bastante el conjunto. Aun así, el ábside y parte de la portada conservan rasgos de la fábrica medieval.
Muy cerca, en una colina próxima al castillo, está la ermita de la Mare de Déu del Castell, también de tradición románica. Su posición refuerza la sensación de que todo el entorno del cerro funcionaba como un pequeño sistema defensivo y religioso a la vez.
El puente que cambió el pueblo
Durante siglos el Llobregat fue más una barrera que un eje de conexión para Balsareny. A finales del siglo XVIII se construyó el puente de piedra que hoy sigue marcando el paso hacia el casco antiguo. La iniciativa suele vincularse al rector Roc Garcia de la Enzina.
Con ese paso estable sobre el río, el pueblo quedó conectado con el antiguo camino que subía desde Manresa hacia el norte. El cambio se nota en la disposición urbana: alrededor de ese eje aparecen casas de mayor tamaño levantadas entre los siglos XVIII y XIX, mientras que las calles más estrechas del núcleo antiguo conservan viviendas más modestas y compactas.
Entre ambos espacios queda el edificio del ayuntamiento, levantado en el siglo XVI y reconocido por su torre del reloj.
Cuando los arrieros marcaban los caminos
El domingo anterior al Carnaval se celebra en Balsareny la Festa dels Traginers. La fiesta recuerda a los arrieros que durante siglos transportaron mercancías por los caminos del valle del Llobregat antes de la llegada del transporte moderno.
La celebración empezó en la década de 1980 como una recuperación de esa memoria del oficio. Suele incluir desfiles de carros y animales de carga, además de recreaciones y mercado tradicional en el centro del pueblo. Con el tiempo se ha convertido en una de las citas festivas más conocidas de la comarca.
El Fort del Maurici
A unos tres kilómetros del núcleo urbano, en una elevación cubierta de pinar, se encuentran los restos del Fort del Maurici. La fortificación se levantó en el siglo XIX en el contexto de las guerras carlistas, cuando controlar los pasos del valle era clave.
Hoy quedan sobre todo muros bajos y la explanada del antiguo recinto, pero el lugar ayuda a entender la lógica militar del paisaje. Desde esa altura se domina buena parte del corredor del Llobregat hacia el Berguedà.
El acceso se hace por sendero, entre bosque mediterráneo y claros desde los que se abre la vista del valle.
Cómo llegar y qué esperar
Balsareny se sitúa al norte de Manresa, en el eje de la C‑16 que conecta Barcelona con el Pirineo. El trayecto desde la capital ronda la hora en condiciones normales.
El castillo queda a poca distancia del centro y se llega caminando en unos minutos desde la plaza principal. El núcleo histórico es pequeño y se recorre sin prisa en menos de una hora.
El entorno del río Llobregat conserva huertas y caminos de ribera. En primavera el contraste entre la vegetación de la ribera y la piedra rojiza del castillo explica bastante bien por qué este cerro se eligió como punto de control del valle. Balsareny sigue siendo, ante todo, un pueblo vivido por sus vecinos y por quienes regresan los fines de semana. El visitante pasa, mira alrededor y entiende rápido la lógica del lugar.