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sobre Callús
Antiguo núcleo textil a orillas del río Cardener con patrimonio industrial
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Deja el coche en la entrada o en alguna calle ancha. No hay zonas reguladas. Desde ahí, todo se hace andando.
Lo primero que ves es un campo de trigo. Así empieza Callús.
Las ruinas del cerro
Sube por la carretera de Sant Mateu hasta donde indica el cartel. Son restos de piedra en lo alto, sin paneles ni recinto preparado. El lugar fue una fortificación medieval, pero hoy cuesta imaginarla.
Se sube por las vistas. Desde arriba se ve buena parte del Bages: campos de cereal, alguna viña y los pueblos del valle del Cardener.
Luego bajas y lo normal es cruzarte con un tractor.
Dos núcleos distintos
Callús creció en dos tiempos. Arriba está la parte antigua, con la iglesia de Sant Sadurní y calles cortas donde las casas se aprietan.
Abajo está el pueblo que mira al río. Se desarrolló con la industria textil. Muchos de aquellos edificios siguen en pie, aunque ya no son talleres.
Si el viento viene de según qué lado, se nota el olor de las granjas porcinas. Aquí forma parte del paisaje.
El río y sus caminos
El Cardener pasa tranquilo por el lado del pueblo. Hay caminos que siguen su curso hacia Súria o que se meten entre campos hacia Sant Mateu de Bageś. No son rutas turísticas; son caminos de paso.
En primavera el agua va más llena y la tierra está húmeda. En verano todo se seca y levanta polvo con el aire.
Un pueblo normal
Aquí no hay tiendas para turistas ni calles pensadas para paseantes. Los bares son bares de pueblo: café y conversación.
Las fiestas mayores suelen ser en otoño, cuando baja el calor. Son fiestas del pueblo.
Callús se ve en una tarde: subes a las ruinas, paseas por lo antiguo y te acercas al río. No todos los pueblos tienen que montar un espectáculo.
Ven con luz suave, a primera hora o al atardecer. El paisaje gana cuando baja el sol. Y muévete andando; es más sencillo