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sobre Rajadell
Pueblo pintoresco con un castillo gótico y calles empedradas
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A primera hora, cuando el sol todavía no ha levantado del todo la niebla del Bages, Rajadell aparece entre campos de cereal y hileras de olivos. El aire suele oler a tierra húmeda si ha llovido durante la noche, y el canto de los pájaros se mezcla con el ruido lejano de algún tractor que ya está en marcha. Este pequeño municipio del Bages, a unos 12 kilómetros de Manresa y a unos 350 metros de altitud, mantiene un ritmo muy ligado al campo.
Rajadell no ha cambiado demasiado su perfil en las últimas décadas. El núcleo es pequeño y las casas se agrupan alrededor de calles estrechas, algunas con tramos de piedra gastada por el paso de los años. Los muros son gruesos, las ventanas más bien pequeñas y en muchos patios todavía aparecen aperos de trabajo apoyados contra la pared o bajo algún cobertizo.
El núcleo antiguo y la iglesia de Sant Pere
En el centro del pueblo se levanta la iglesia parroquial de Sant Pere. La base del edificio suele situarse en época románica —siglo XII, según la documentación más citada— aunque ha tenido reformas posteriores. Es una iglesia sobria, de piedra clara, con un campanario que sobresale lo justo por encima de los tejados.
Dentro se conservan elementos añadidos con el paso de los siglos. Tradicionalmente se menciona un retablo de época moderna y restos de pintura mural que han ido apareciendo bajo capas de cal. No es un interior monumental; más bien transmite la sensación de iglesia de pueblo que ha ido adaptándose a lo que cada época necesitaba.
Alrededor, las calles forman un pequeño entramado que se recorre en pocos minutos. A media tarde, cuando el sol baja por el oeste, la luz entra rasante entre las fachadas y deja sombras largas sobre el pavimento.
Masías y paisaje agrícola
Gran parte del término municipal está ocupado por masías dispersas. Algunas siguen habitadas y otras continúan ligadas a explotaciones agrícolas. Desde la carretera o los caminos rurales se ven patios cerrados, tejados de teja y antiguas eras que todavía conservan la forma circular.
No es raro pasar junto a muros de piedra seca que delimitan campos o pequeños huertos. En otoño aparecen almendros y encinas mezclados con los cultivos, y en verano el cereal ya segado deja el terreno de un color pajizo que contrasta con el verde oscuro de los olivares.
Si el día está claro, desde algunos puntos elevados del término se intuye la silueta de Montserrat hacia el sur.
Caminos tranquilos para andar o pedalear
El entorno de Rajadell se presta a caminar o salir con la bicicleta por carreteras secundarias. Son vías estrechas, con poco tráfico la mayor parte del tiempo, que enlazan masías y campos abiertos.
Los caminos de tierra permiten hacer recorridos sencillos sin grandes desniveles. Aun así, en verano conviene salir pronto: hay tramos largos sin sombra y el sol del mediodía cae con fuerza sobre los campos abiertos. Llevar agua parece obvio, pero aquí se nota enseguida si falta.
En bicicleta de carretera también hay recorridos suaves hacia pueblos cercanos del Bages, con subidas cortas y pendientes moderadas. Es habitual cruzarse con maquinaria agrícola, así que conviene circular con calma.
Comidas y fiestas del pueblo
La cocina de la zona sigue muy ligada a lo que se produce alrededor: embutidos, legumbres y verduras de temporada. En celebraciones populares suelen aparecer platos de olla o guisos largos, de los que se comen mejor cuando el día se alarga en la plaza y el aire empieza a refrescar.
La fiesta vinculada a Sant Pere, a finales de junio, suele concentrar buena parte de la actividad del año. Se organizan actos tradicionales y comidas colectivas donde el pueblo se reúne. En verano también se celebran otros encuentros más pequeños, muchas veces ligados al calendario agrícola o a reuniones vecinales.
Un alto en el camino por el Bages
Rajadell queda cerca de Manresa, lo que permite combinar la visita con otros lugares de la comarca. En poco tiempo se llega también a pueblos como Castellfollit del Boix o a zonas rurales del Bages donde el paisaje mantiene ese mismo mosaico de campos, encinas y masías aisladas.
Si se quiere ver el pueblo con calma, lo mejor es evitar las horas centrales de los días más calurosos. A primera hora de la mañana o al caer la tarde el silencio vuelve a las calles, y entonces Rajadell se parece mucho más a cómo lo viven quienes están aquí todo el año.