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sobre Santpedor
Pueblo natal de Pep Guardiola con un casco antiguo medieval bien conservado
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Santpedor es como ese tío del pueblo que nunca se fue de casa: no presume de nada, pero cuando hablas con él te cuenta que su casa es del siglo XIV, que por su calle mayor pasó San Francisco de Asís y que un vecino suyo tocó el tambor que echó a los franceses en el Bruc. Todo sin inmutarse.
El turismo en Santpedor tiene algo de eso. Está en el Bages, muy cerca de Manresa y a poco más de una hora de Barcelona en coche. El pueblo no es grande —ronda los 7.700 habitantes— pero tiene esa sensación de sitio que lleva siglos aquí, haciendo su vida sin preocuparse demasiado por llamar la atención.
El pueblo que fue villa y ahora es pueblo
El casco viejo se agarra a una pequeña colina. Calles estrechas, casas de piedra y portales que parecen haber visto pasar media historia de Catalunya. La Plaza Gran funciona como sala de estar del pueblo: siempre hay alguien cruzando la plaza, alguien saludando, alguien parándose a charlar.
Desde aquí suele empezar la llamada Ruta del Timbaler. Cuenta la historia de Isidre Lluçà, el Timbaler del Bruc, que según la tradición nació en Santpedor. La escena tiene algo de leyenda: un chaval con un tambor haciendo ruido en la montaña y los soldados napoleónicos pensando que se les venía encima un ejército entero. La casa donde se sitúa su nacimiento está señalizada, así que la historia forma parte del paseo.
La iglesia de Sant Pere d'Or guarda una portalada románica que muchos sitúan en el siglo XII. No es una iglesia monumental, pero cuando te acercas a la piedra entiendes rápido que ese portal lleva mucho tiempo viendo entrar y salir gente. El pueblo pasó por epidemias, guerras y épocas mejores, y el edificio sigue ahí.
Cuando el ruido es agua
A unos diez minutos caminando desde el centro está l'Aiguamoll de la Bòbila. Hace años aquí se sacaba arcilla; hoy el hueco se ha llenado de agua y se ha convertido en un pequeño humedal.
Primero lo oyes y luego lo ves: patos discutiendo, alguna garza quieta como una estatua y pájaros moviéndose entre los carrizos. Hay un mirador de madera y un par de bancos. Nada espectacular, pero sí un buen sitio para parar un rato y dejar que pase el tiempo.
Si tienes prismáticos, tráelos. Y si no, tampoco pasa nada: ver a una garza pasar la tarde pescando ya justifica el paseo.
Una cena donde todo el mundo cambia de papel
A finales de octubre suele celebrarse una de esas tradiciones que solo se entienden bien cuando las ves en persona: el Sopar de bigotis i faldilles. Los hombres aparecen con falda y las mujeres con bigote postizo.
La plaza se llena de mesas largas, risas y fotos que luego circulan por los grupos de WhatsApp del pueblo durante semanas. No está muy claro de dónde salió la idea, pero a estas alturas ya forma parte del calendario local.
En junio llega la Fiesta Mayor, con el ambiente típico de los pueblos del interior: música en la plaza, sardanas, fuegos artificiales y vecinos que se conocen de toda la vida. Y en septiembre suele montarse la Fira de Sant Miquel, más de mercado y comida que de espectáculo.
Consejo de amigo
Si vienes en coche, lo más práctico es aparcar cerca del centro y recorrer el casco antiguo andando. En un par de horas puedes ver la plaza, la iglesia y perderte un rato por las calles que suben y bajan alrededor.
Si te gusta caminar o ir en bici, el Pla de Bages que rodea Santpedor tiene caminos agrícolas bastante agradecidos: campos abiertos, masías dispersas y Montserrat asomando a lo lejos cuando el día está claro.
Aquí no vengas buscando grandes monumentos ni una lista interminable de cosas que tachar. Santpedor funciona más como esos pueblos donde das un paseo, te sientas un rato en una terraza y miras pasar la vida del lugar.
Y al final te queda esa sensación sencilla: aquí se vive tranquilo. Y eso, hoy en día, no es poca cosa.