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sobre Alforja
Pueblo situado en un valle al pie de la sierra homónima que sirve de paso natural hacia el Priorat
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El turismo en Alforja se entiende mejor mirando primero el terreno. El pueblo se asienta a media ladera, a unos 374 metros de altitud, en la transición entre la sierra de la Mussara y las llanuras agrícolas del Baix Camp. Desde varios puntos del casco urbano el paisaje cae en terrazas de olivos y avellanos hacia el sur. No es un núcleo escondido: su posición permite dominar visualmente buena parte del valle.
Un pueblo ligado a la conquista de Siurana
A mediados del siglo XII, tras la caída de Siurana, estos valles pasaron a manos cristianas. Las crónicas sitúan la entrega del territorio en tiempos de Ramon Berenguer IV, dentro del proceso de organización feudal de la zona. La ubicación de Alforja tenía sentido estratégico: controlaba uno de los pasos naturales entre la costa y las sierras del interior.
El trazado del casco antiguo todavía conserva rasgos de ese origen medieval. Hay calles estrechas y curvas que se adaptan a la pendiente, pasajes cubiertos y algunos arcos de piedra integrados en viviendas posteriores. La plaza del Mercadal funciona como centro del pueblo desde hace siglos y sigue siendo el lugar donde se concentra la vida diaria.
La iglesia de Sant Miquel, levantada en el siglo XVII sobre un edificio anterior, ocupa el punto más alto del núcleo antiguo. No es un templo monumental, pero su posición explica su importancia. Desde el entorno de la iglesia se abre la vista hacia la sierra de la Mussara y, cuando el aire está limpio, hacia el Mediterráneo.
Caminos hacia la Mussara y el valle de Cortiella
El término municipal es amplio y muy usado por senderistas de la comarca. Desde el pueblo salen varios itinerarios señalizados que conectan con antiguas sendas de herradura, ermitas y collados de la sierra.
Uno de los recorridos más habituales se dirige hacia las ermitas de Sant Antoni y Puigcerver. El camino avanza entre bancales y zonas de pinar antes de ganar altura hacia la sierra. Otros senderos suben hacia las partes altas del término, desde donde el paisaje se abre hacia el Priorat por un lado y hacia la Costa Daurada por el otro.
En el valle de Cortiella, por donde pasa el GR‑7, circula una historia repetida en el pueblo: la de Antoni Mestre, relacionado con los últimos episodios del carlismo en la zona. Según la tradición local, pasó un tiempo escondido en estas montañas, protegido por gente que conocía bien los caminos. El valle hoy es tranquilo, cubierto de encinas y matorral bajo, y cuesta imaginar aquel contexto.
Cocina de interior con producto del Baix Camp
La cocina local está muy ligada a lo que se cultiva alrededor: aceite de oliva, avellanas y huerta de temporada. Uno de los platos que más se asocia al pueblo es el pataco, un guiso sencillo de patatas con atún y verduras que todavía se prepara en muchas casas.
La cooperativa agrícola mantiene la producción de aceite y avellana, dos cultivos tradicionales del Baix Camp. Las avellanas suelen consumirse tostadas, a menudo acompañando comidas informales o vermuts.
En verano se celebra una feria dedicada al pataco. Durante esos días el pueblo gira alrededor de las cazuelas y cada familia suele defender su manera de hacerlo. La receta más extendida usa atún en conserva, aunque algunos vecinos recuerdan versiones antiguas en las que el pescado llegaba desde la costa mediante intercambios con los pueblos del interior.
El Mercadal y las casas históricas
La plaza del Mercadal sigue siendo el centro natural de Alforja. Allí se instalan periódicamente puestos ambulantes y es el punto donde confluyen la mayoría de calles del casco antiguo.
En uno de sus lados se encuentra el edificio que hoy funciona como Casa de Cultura, instalado en lo que fue un hospital del siglo XVIII. Las arcadas de piedra de la planta baja recuerdan ese uso antiguo.
No muy lejos aparece Cal Batlle, una casa vinculada al antiguo poder señorial y al arzobispado. Conserva en la fachada un escudo de piedra y una estructura que delata su origen bajomedieval. Actualmente es vivienda privada, pero ayuda a entender cómo se organizaba la autoridad en la zona durante siglos.
Cómo llegar y cómo recorrerlo
Desde Tarragona lo habitual es pasar por Reus y continuar por la carretera que sube hacia la sierra. El acceso es directo y el pueblo dispone de zonas donde dejar el coche en la entrada.
El casco antiguo se recorre caminando sin dificultad. En poco tiempo se llega a la iglesia, a la plaza del Mercadal y a los caminos que salen hacia la montaña. Si se quiere explorar el entorno con calma, conviene reservar algo más de tiempo para las rutas de la sierra y el valle de Cortiella.